A veces la piel no olvida

Hay besos que no se entregan, se estrellan. Nacen con la fuerza del naufragio, con la premura de quien sabe que está bebiendo un veneno dulce.
2026-08-10 23:47:13 LITERARIAS

Los besos no siempre son refugio a veces son el impacto. Hay besos que se dan con la urgencia de quien sabe que está diciendo adiós, besos que arrastran una carga invisible de nostalgia, culpa o deseo no resuelto. No necesitan fuerza física para doler basta con que vengan cargados de la certeza de lo que no podrá ser.

Son esa clase de besos que no se quedan en los labios, sino que se filtran bajo la piel. Se convierten en una marca invisible, un eco que regresa en el silencio de la noche para recordar que hay cicatrices que no sangran, pero queman. Quedan impresos en la memoria como un tatuaje indeleble, testimonio de una pasión que, aun destruyendo, se sintió demasiado viva como para lamentarla.

Son besos que duelen porque saben a despedida antes de tiempo, a todo lo que quisimos ser y nos dolió no sostener. No necesitan dientes para morder les basta la certeza de la ausencia para desgarrar por dentro.

No buscan la superficie de la piel: se filtran hasta la memoria, se alojan bajo la carne como astillas encendidas.

Pasan las horas, se apagan los días, pero el labio conserva su quemadura. Porque hay cicatrices que no sangran, pero laten cada vez que alguien vuelve a nombrar tu boca.

Por Omar Dantur

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