
Cuando el dolor es profundo, la memoria juguetea con él y lo cuela en pesadillas, aunque la conciencia se esfuerce en esconderlo y la hipocresía en camuflarlo. Pero la verdad es como un revolucionario, puedes amedrentarlo, obligarlo a la fuga, torturarlo, asfixiarlo y hasta pretender desaparecerlo, nunca desiste, ni olvida... la verdad revoluciona. Cuando el dolor es profundo la verdad grita sin cansancio, aun cuando su envase se rompa o se desintegre, aun asfixiándola o estrangulándola. La verdad grita porque es auténtica y valiente y con esa fuerza brilla... Incluso desde las entrañas del dolor, de la angustia, de la perversión. La verdad enterrada es como la tierra en erupción, tarde o temprano libera su fuego y arrasa... La verdad siempre saldrá a la luz.
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