Entrevista al Dr. José Ricardo Gutiérrez

- SALUD

Entrevista al Dr. José Ricardo Gutiérrez
Entrevista al Dr. José Ricardo Gutiérrez

“La medicina se tiene que realizar con valores, y teniendo como prioridad preservar la vida de las personas, de lo contrario no se puede hacer”

Así lo manifestó el Dr. Ricardo Gutiérrez, que actualmente es en la Provincia de Santa Cruz, Coordinador Provincial de Sangre y Director del Centro Regional de Hemoterapia de Río Gallegos.

Pero antes de ingresar en aspectos relacionados con su profesión y su vida actual, es ineludible recordar su paso por Joaquín V. González desde septiembre de 1.971. Este fue un tiempo que se extendió desde sus 6 años de vida, hasta la finalización de sus estudios secundarios cuando contaba con 17 años. En el 2016 la vida quiso que los caminos de Ricardo Gutiérrez y Natacha Grané se fundiesen con amor en un vínculo marital y persistente. Natacha tuvo la particular coincidencia de haber vivido en Joaquín V. González por esas épocas, aunque nació en San José de Metán. Su padre, don Oscar Ruperto Grané Solana, era Tesorero y posteriormente Auditor del Directorio del entonces Banco Provincia de Salta en la sucursal de Joaquín V. González. Su mamá, Margarita Sanahuja de Grané, supo ser maestra en la escuela Martín Fierro.

Así es como Natacha recuerda ese periodo: “un  7 de enero de 1.969, cuando tenía cuatro años de edad, llegué por primera vez junto a mí familia a Joaquín V. González. A los ocho años conocí a ‘Ricky’, tal como le decían sus padres, y todos quienes  fuimos sus amigos y compañeros de estudios. Compartimos la escuela primaria y primer año de la secundaria.  Hicimos juntos la Confirmación en la Iglesia Santo Domingo de Guzmán. Nuestros guías espirituales fueron el Padre Navarro Selva, las  Hermanas Sebastiana y Teresa, y la Madre Marta, con quienes disfrutábamos los encuentros en Mallín. Ricardo era mi amigo querido, mi cómplice y mi compañero de estudios. Era con quién confeccionábamos los mapas, hacíamos los deberes o jugábamos al mercadito. Con él iba a jugar a la plaza media hora antes de entrar a Catecismo, para luego cruzar corriendo la avenida a fin de llegar a tiempo a las aulas que estaban a la par de la Iglesia. Cuando mi familia y yo nos retiramos del pueblo con otro destino, Ricardo (quien por entonces tenía 14 años), fue quien estuvo parado allí  despidiéndome, mientras nuestro auto se alejaba hasta perdernos de vista. La última vez que conversamos fue cuando ambos teníamos 18 años, y si bien en algunas oportunidades transitamos los mismos pasillos de la UNT (Universidad Nacional de Tucumán), la vida se encargó de que no nos encontráramos sino hasta hace cuatro años atrás. Un 7 de Enero de 2016 recibí un mensaje por medio de las redes sociales y el 16 de Julio del mismo año nos dimos el ‘Sí’ (nos casamos), y desde entonces aquí estoy, por amor, residiendo en el extremo sur donde termina el continente".

También sobre esa época, ‘Richard’ decía: “viví una infancia y adolescencia maravillosa en Joaquín V. González. Me acuerdo tener de compañeros a David Villa, Juan José Juárez, ‘Pepe’ Sánchez, ‘Nito’ Pérez, Daniel Sosa, Osvaldo Fuentes, ‘Lucho’ Bravo, Jorge ‘el sapito’ Escalante, Sergio Vargas, Edgardo Paz y su hermano Daniel, por citar a algunos. Todos éramos compañeros de colegio y de juegos. Por supuesto, también está indeleble en mi memoria, el Padre Navarro Selva, que nos brindaba a cada uno su entrañable amistad. Recuerdo de niño, que él siempre estaba cerca para aconsejarnos y cuidarnos bien”.

El médico también se refirió a los profesionales de la salud que tanta admiración y respeto le generaban: “en ese momento estaba como director el Dr. Munir Dantur, también trabajaba el Dr. Miguel Sorayre, y el Dr. ‘Milo’ Polzella, quien atendía a los ferroviarios. Había llegado no hacía mucho, el esposo de Blanqui Omar (Dr. Isidoro Ludueña), que montó una clínica sobre la avenida Güemes. El Dr. Mario Laporta, que es un rubio de ojos celestes y 1.90 de estatura (risas), fue la principal persona por la cual yo seguí medicina. Cuando yo le manifesté mi obsesión por esta profesión, él me habló muy bien sobre lo que era la carrera, las dificultades, las cosas buenas y no tan buenas que tiene la medicina. También sobre lo que era estudiar, y los tiempos que se le dedican al estudio. Me entusiasmó sobremanera su forma de mirar la medicina”, comentó Gutiérrez.

En otro momento de la charla, y refiriéndose a su carrera, el médico manifestó: “Yo tengo dos especialidades médicas, y ahora voy por la  tercera. Mi título es de médico cirujano de la Universidad Nacional de Córdoba. Tengo más de 20 años de experiencia como médico. La primera especialidad mía es la de médico general y familiar, médico de familia y médico rural. Estuve en la línea sur de la Patagonia, lo que serían las tierras mapuches. Estuve en Córdoba, en San Francisco, áreas rurales también. Estuve para las inundaciones del Salado en Santa Fe. Fui médico de la policía de la provincia de Córdoba, y posteriormente me vine al sur, a la Patagonia. Viví mucho tiempo en General Roca, ahí estuve a cargo de un puesto rural, que se llama Paso Córdoba, donde tenía contacto con los lugareños y aprendí mucho de esas tierras donde todavía se conservan ciertas costumbres y ciertas leyendas de aquellos Mapuches de la época. Después tuve una propuesta laboral interesante y me vine a Santa Cruz e hice mi segunda especialidad: Hemoterapia e inmunohematología. Actualmente soy Coordinador Provincial de Sangre, Director del Centro Regional de Hemoterapia de Río Gallegos y estoy haciendo una tercera especialidad en la UBA. Mi primera especialidad la hice en la Universidad Nacional de Córdoba, y la segunda la hice en la Asociación  Argentina de Hemoterapia e Inmunohematología y me recibí en el Hospital Garrahan de la ciudad de Buenos Aires.

Creo que pude condensar en la vida lo que me enseñó mi padre y mi madre, y un poco las cosas que fui aprendiendo a prueba y error, como hace toda persona. Toda la vida fui un médico de salud pública. No estoy ni estuve en el medio privado, porque ante todas las cosas, lo principal es el respeto a la vida y saber que un paciente no es un número. En salud pública, el paciente es paciente, no es el hígado de la cama 4, no es la cirrosis de la cama 2. Es en verdad un paciente, una persona, un ser humano que tiene familia. 

Esos son los valores del Padre Navarro, un hombre aristócrata. Otro con la grandeza que tenía el Padre Navarro, jamás se hubiera dignado a ir a un pueblo que no tenía nada, y haber hecho las cosas que hizo, y tener la vida intachable que tuvo. Si no fuera porque él pensaba exactamente que el ser humano era esto, era un ser humano. Un ser humano y sus circunstancias, no un molde vacío. Entonces evidentemente hemos mamado eso desde chicos con el Padre Navarro o como profesionales como tu padre, Munir. Yo nunca me olvido que una mañana mi madre estaba desesperada porque mi papá no podía respirar, y tu padre fue a mi casa a ver a mi viejo que estaba enfermo, y que tuvo una crisis hipertensiva. Lo trato en mi casa y estuvo con nosotros, y volvió a la tarde y volvió al otro día. Cuando yo tuve hepatitis, Munir también me fue a ver a casa y nunca  nos cobró un centavo. Sin embargo, esos valores se tenían y se deben preservar, principalmente la humanidad. La medicina tiene que hacerse con valores. Debe luchar por preservar la vida de las personas, sino no se puede hacer. Debemos tratar que la medicina se humanice, solo eso. Los médicos somos trabajadores y como tal, nosotros tenemos que ganar nuestro sueldo de lo que vivimos, de lo que sabemos. Pero eso no significa, ni se tiene que contradecir con el derecho universal a la salud que tiene que tener todo ser humano. Nosotros tenemos que procurar eso. Por eso yo soy médico público, no soy millonario. Soy un trabajador, y si vos me preguntas a mí, lo que menos quiero es jubilarme. Yo lo que quiero es trabajar.

Es por eso Omar que creo, que es en Joaquín V. González donde radican mis bases iniciales de una carrera que ya tiene más de treinta y pico de años, y que me ha dado muchas satisfacciones. Y te aseguro amigo que si me dieran a elegir, con certeza te digo que volvería a elegir ser médico”, finalizó Ricardo.

Este artículo está optimizado para dispositivos móviles.
Leer Versión Completa