El vinito se cobró el enfieste con puñaladas y sangre

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El vinito se cobró el enfieste con puñaladas y sangre
El vinito se cobró el enfieste con puñaladas y sangre

La historia que les voy a narrar es absolutamente real, y se remonta a más de 4 décadas, cuando yo todavía era un niño que cursaba los últimos años de primaria. Lo que presencié fue un episodio totalmente traumático, tanto, que hasta el día de hoy lo recuerdo claramente.


La imagen de esa huella de sangre, el cuerpo agonizando de un hombre al que no conocía y a quien le habían asestado en el pecho dos puñaladas profundas. Supe que él aún estaba con vida porque al intentar respirar, el aire se filtraba a través de esas heridas creando un tétrico silbido.

EL PRINCIPIO

A comienzos de 2011 le compré al señor Jorge Palermo, un lote ubicado en avenida Arenales a 12 metros de calle Sargento Cabral. Para mediados de ese mismo año (aunque todavía tenía mi vivienda terminada en un 80%), yo ya vivía allí. En la actualidad aún sigo habitando en el mismo lugar.

VIVENCIA SOBRENATURAL

Desde los primeros días, siempre sentí ruidos nítidos en distintas partes de mi nueva casa. A veces hasta varias por día, y sobre todo por la noche que es cuando los sonidos se perciben con mayor nitidez: movimiento de silla, platos, vasos, cubiertos y hasta una voz suave que pronunciaba mi nombre.

Pregunté a mi mujer y los chicos, y solo mi hijo menor de 10 años, coincidía con lo que yo les contaba. Los demás no estaban seguros que fuera para tanto.

Por un momento pensé que el hecho de tener divisorios de madera y durlock en el interior de la casa, podría facilitar esa nitidez de sonido de un ambiente a otro, pero… ¿qué o quién los generaba?

EN DUDA MI ESCEPTICISMO

Jamás había sido proclive a creer en apariciones o manifestaciones de espíritus. Digamos que para ciertas cuestiones aún seguía siendo nihilista. Pero los caminos de la vida pueden llevarnos hacia escenarios inesperados.

De tanto en tanto, cuando me reencontraba con mis silencios, solía agrupar vivencias. De paso tomaba nota de hacia dónde me dirigía esta bitácora delirante de sueños, inyectada en mi propia existencia. De pronto, con un destello de sorprendente fluidez, recordé el sangriento hecho que marcó mi infancia.

Descubrí con sorpresa que el sitio donde encontré 40 años atrás a ese hombre a punto de morir apuñalado, estaba exactamente ubicado dentro del lote que yo había comprado. La pelea se habría suscitado entre tres o 4 hombres que estaban bebiendo desde hacía un par de días, en una casa ubicada sobre Sargento Cabral entre Arenales y Sarmiento.

Cuando los primeros rayos de luz empezaban a hacerse notar, los embriagados ‘se desconocieron’ y en medio de una tensa discusión, apuñalaron al invitado.

Cuando me topé con ese infortunado sujeto, intenté con desesperación pedir ayuda urgente para salvarle la vida. Por ese entonces mi padre se desempeñaba como médico forense y director del hospital Dr. Oscar H. Costas, por lo tanto fue al primero a quien recurrí.

Con el tiempo mi padre me dijo que fui yo quien le salvó la vida a ese hombre. Hasta se inventó una carta de agradecimiento para mí, basada en ese sentimiento humanitario que yo había demostrado. Sin embargo, siempre supe en mi interior que ese hombre no había podido superar las heridas, y que ya estaba muerto. Tal vez sea su alma la que permanece aquí. Tal vez sea una alma buena.
Dicen que un alma noble nunca muere, y que más allá de su eternidad brillarán sus huellas.

Escrito por Omar Dantur

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