Partería en México: desinformación, estigmas y el registro oficial de parteras

2026-05-08 10:20:46 - MUNDO


En México, a pesar del intento histórico de desaparecer la partería, 15,400 parteras atienden casi 90,000 partos al año; de ellas, 70% corresponde a mujeres indígenas, de acuerdo con el Gobierno de México. Entre prejuicios y poco reconocimiento, la partería sigue abriéndose espacio en el debate público en el país.

Tan solo en abril de este año, parteras tradicionales interpusieron amparos contra la Norma Oficial Mexicana NOM-020-SSA-2025, la cual les exige una certificación y que toda unidad de parto bajo riesgo, maternidad o casa de partería debe contar con un responsable sanitario —un profesional de la salud con título y cédula profesional en profesiones como partería, enfermería obstétrica y especialista en enfermería perinatal—. Pero ellas se niegan a subordinarse ante el sistema de salud, pues su conocimiento proviene de un saber ancestral entre sus comunidades, aseguran.

Toda unidad de parto de bajo riesgo, maternidad o casa de partería debe tener aviso de funcionamiento y contar con un responsable sanitario, quien debe ser un profesional de la salud con título y cédula profesional, incluyendo cualquiera de las siguientes profesiones: partería, enfermería obstétrica y especialista en enfermería perinatal, de acuerdo con los requisitos vigentes.

Actualmente, la partería vuelve a tomar relevancia en las conversaciones sobre derechos humanos y atención digna como una alternativa en la atención de la salud reproductiva; además de que quienes la ejercen asumen un rol activo en la erradicación de la violencia obstétrica — un tipo de maltrato que sufre una mujer embarazada al ser juzgada, atemorizada, humillada o lastimada física y psicológicamente—, escribió GIRE el 4 de mayo en Opinión y Análisis para Grupo Animal

El ejercicio de la partería engloba acompañamiento, confianza y saberes que han pasado de generación en generación. Sin embargo, muchas personas aún desconocen qué hace una partera, cuál es su papel dentro de los sistemas de salud y cómo puede transformar la experiencia del embarazo, el parto y el posparto.

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En los últimos días de abril de este año, un centenar de parteras interpuso amparos contra la Norma Oficial Mexicana NOM-020-SSA-2025 que entró en vigor en septiembre pasado, ya que dicen fueron ignoradas para emitir la norma y ahora deben certificarse y registrarse ante las autoridades sanitarias, reportó Nmás.

La NOM-020-SSA-2025 reconoce formalmente a la partería —tradicional y profesional— en la atención materna, otorgándoles la facultad de prescribir medicamentos esenciales para el proceso e integrarse formalmente en hospitales. Además, busca garantizar el derecho de las mujeres a estar acompañadas, elegir su posición durante el parto, recibir un trato respetuoso, entre otras acciones. Incumplir esta normativa conlleva sanciones establecidas en la Ley General de Salud como amonestaciones para el personal, clausura —temporal o definitiva— de los establecimientos, arrestos administrativos, multas de acuerdo con la gravedad de la falta y la suspensión o revocación de licencias. 

María Guadalupe Hernández Ramírez, enfermera especialista perinatal y presidenta de la Asociación de Parteras Profesionales, considera que es un avance que la partería sea visibilizada y un tema de discusión, pero reconoce que esta norma debió diferenciar a la partería profesional de la tradicional, pues mientras para la primera esto es un avance, para la segunda es un impedimento. 

Para las parteras profesionales, la regulación puede representar un avance hacia mayor reconocimiento institucional; sin embargo, para muchas parteras tradicionales, los requisitos de certificación y registro podrían convertirse en barreras que dificulten continuar ejerciendo su labor en las comunidades donde históricamente han brindado atención.

“La norma tiene muchas debilidades, pero también fortalezas, sí tiene que haber un cambio, tendríamos que analizarlo en conversatorios con personas especializadas en estos temas”, explica. 

Incluso, como afirma GIRE, la partería es una alternativa ante la violencia obstétrica que viven las mujeres en los servicios de salud públicos y privados. Entre los elementos que configuran la violencia obstétrica se encuentra la sobremedicalización durante el parto, así como el uso de procedimientos de rutina sin el consentimiento de las mujeres, como las cesáreas —que con frecuencia se practican sin que existan indicaciones clínicas que la justifiquen. 

“En la partería, no vemos a las mujeres como un número, un diagnóstico o una paciente enferma, sino como lo que son: humanas; el resultado es mejor cuando la acompañas, la validas, la evalúas y le informas sobre su proceso correctamente. Vivir violencia durante el nacimiento de un hijo o una hija es algo que marca de por vida, pero si existe tranquilidad y satisfacción te das cuenta de lo poderoso que es tu cuerpo para poder parir”, dice María Guadalupe. 

“Sigue habiendo esa resistencia, ese desconocimiento y esa falta de aceptación porque no quieren ver que las mujeres están siendo violentadas en los sistemas de salud”, asegura. 

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En la actualidad, “la partería sigue siendo fundamental para la salud materna porque cada vez más mujeres reconocen y ejercen sus derechos sexuales y reproductivos, retomando la autonomía sobre sus cuerpos y sus decisiones”, explica María Guadalupe. 

Esto implica decidir de manera autónoma si desean embarazarse, cuándo hacerlo, cómo vivir el proceso y en qué condiciones quieren parir. “La partería acompaña justamente ese reconocimiento de la sabiduría del cuerpo y de la capacidad de las mujeres para participar activamente en sus procesos reproductivos”, añade.

Pero, ¿cuál es la diferencia entre la partería tradicional y la profesional? Mientras las parteras tradicionales trabajan —en su mayoría— con mujeres en comunidades rurales con base en sus usos y costumbres, las parteras profesionales se educan en la universidad, “pero el uso del rebozo, la herbolaria durante el parto y la terapia de sumersión en el agua son algunas de las acciones que enseñan las parteras tradicionales y, a nosotras como profesionales, nos corresponde sustentarlas científicamente”, asegura María Guadalupe. 

Y agrega que “la partería tradicional nunca va a desaparecer porque las mujeres que siempre están en las comunidades y que ayudan a las mujeres son las parteras, las más cercanas y las más sabias. No solamente conocen sobre el embarazo y el labor de parto, también educan sobre la crianza, la prevención de embarazos, incluso los abortos. Y de su conocimiento se nutren las parteras profesionales”.

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La partería también suele estar rodeada de ideas preconcebidas que mezclan desinformación, estereotipos y desconocimiento que minimizan este trabajo o lo presentan como una práctica “anticuada”. Para combatir esta problemática, en entrevista con El Sabueso, la presidenta de la Asociación de Parteras Profesionales desmiente algunas de estas frases: 

“Las parteras solo atienden partos en casa”. Esto es falso, “muchas parteras también trabajan en clínicas, hospitales y centros de salud, además de acompañar embarazos, pospartos y consultas sobre salud sexual y reproductiva”, afirma Maria Guadalupe. 

También se dice que “la partería no es segura porque no tiene respaldo profesional”, aunque existen parteras tradicionales y profesionales con formación especializada. “Esto habla de un desconocimiento profundo de la población. Por ejemplo, cuando se habla de partería, se cree que es una práctica que solo se realiza en comunidades rurales o que las personas gestantes deciden dar a luz de esta forma para ahorrar dinero, pero esto es desinformación”, explica. 

Sobre el mito “las parteras son cosa del pasado”, María Guadalupe dice que “es completamente falso, la partería es una práctica vigente y reconocida en distintos sistemas de salud del mundo por su enfoque de atención cercana, comunitaria y respetuosa”.

Por ejemplo, en la Ciudad de México, ONU México documentó cuando la partera Hannah asistió el embarazo y el parto de María José, madre de Damián, un bebé que pesaba cuatro kilos antes de nacer y tenía doble vuelta de cordón en el cuello; y en Chimalhuacán, municipio del Estado de México, otro grupo de parteras continúa realizando esta labor en una Posada de Nacimiento que retrató el fotógrafo Fermín Guzmán. 

Estos mitos y desinformaciones conforman una agresión directa contra las parteras, afirma María Guadalupe. “Aunque existe evidencia científica de que nuestra labor es profesional, tenemos que volver a explicar cómo se hace y por qué es seguro gracias a estas frases erróneas que la población cree”.

“Tiene que cambiar, debemos impulsar campañas de difusión, reconocimientos legales y, principalmente, trabajar con las mujeres —que han parido de esta manera— para que cuenten su experiencia y más personas se informen correctamente sobre esta labor”, concluye María Guadalupe.

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Fuente: whatsapp.com