Colombia elige presidente bajo la sombra de la polarización y la violencia armada

2026-05-31 11:08:42 - MUNDO


Colombia celebra elecciones presidenciales este domingo con la disyuntiva entre darle continuidad al primer gobierno de izquierda de su historia moderna o cambiar el rumbo a la derecha, en una votación polarizada que tiene a la violencia armada y la situación económica como principales ejes de campaña.

Con 11 candidatos en la contienda tras el retiro de tres fórmulas, la principal duda pasa por saber quién acompañaría a segunda vuelta al senador oficialista Iván Cepeda, quien lidera desde hace meses los sondeos con su plataforma de “revolución democrática”, pero sin los votos suficientes para ganar directamente la presidencia.

La senadora Paloma Valencia, candidata del uribismo (Centro Democrático), principal fuerza de derecha en las últimas elecciones, quedó algo rezagada ante el avance del abogado ultraderechista Abelardo de la Espriella, el autodenominado “Tigre” que compite con un discurso de mano dura contra la delincuencia y la guerrilla similar al del presidente salvadoreño Nayib Bukele.

Más que polarización, Colombia presenta “un ensanchamiento del panorama político”, según analizó la politóloga Sandra Borda, docente de la Universidad de los Andes. “El proceso de paz (con la guerrilla de las FARC, firmado en 2016) le abrió mucho camino a la izquierda. En esa medida, inevitablemente también se abre a la derecha”, comentó a CNN la investigadora, que en 2022 fue candidata a senadora por el Nuevo Liberalismo.

Para la analista, el de 2026 es un escenario “más difícil para la izquierda”, ya que esta vez no pueden presentarse como una alternativa de cambio que no había tenido la oportunidad de gobernar ni de “contaminarse con el ejercicio tradicional” de la política. “Ya no pueden decir eso, no estuvieron inmunes” señaló.

La elección también se presenta como un plebiscito sobre la gestión del presidente Gustavo Petro, quien todavía goza de considerables niveles de popularidad, pero consiguió solo una parte de las reformas prometidas. Además, la oposición critica especialmente su política de “paz total”, una ambiciosa estrategia de negociar con múltiples grupos criminales y grupos guerrilleros que conlleva ceses al fuego que no siempre cumplen con mecanismos de verificación.

La campaña electoral, que comenzó marcada a fuego con el asesinato de un precandidato, continuó con varias amenazas y ataques, incluido el peor atentado en varios años en el país, cuestiones que amenazan las garantías democráticas.

“La seguridad es uno de los clivajes más claros de la campaña”, dijo Borda. “La oposición señala que el deterioro de la situación de seguridad es responsabilidad del Gobierno, que ha permitido el empoderamiento y la expansión de actores ilegales, en la medida que dicen que es un esfuerzo de paz desarticulado, desorganizado”, repasó. Además, indicó que De la Espriella “en versión Bukele, busca resolver el tema a punta de mano dura, con un discurso que está muy en el borde de una ruptura institucional”.

Sin embargo, el debate sobre la violencia no atraviesa de la misma manera a todo el electorado, que también busca mejores prestaciones de servicios, especialmente en salud. “Es muy difícil establecer una jerarquización que sea exactamente correspondiente con la realidad. Las demandas son muy diversas, cambian”, dijo a CNN el politólogo Alejo Vargas, docente de la Universidad Nacional de Colombia.

“No es lo mismo un grupo de votantes potenciales que están viviendo en una zona donde la violencia y el conflicto armado siguen siendo muy fuertes. Para unos, el tema de la violencia es fundamental. Para otros, es un tema muy de segundo nivel. Para la clase media, que son la mayoría, el tema de empleo no es tan relevantes como sí lo es para determinadas regiones donde predominan ciudadanos de condiciones económicas más difíciles”, agregó.

Con tantas dimensiones y una diferencia muy marcada entre el voto urbano y rural, las campañas deben encarar varios frentes buscando el voto a nivel nacional.

“Colombia es un país con regiones muy distintas, pero a pesar de la naturaleza regional, por la institucionalidad centralista, pareciera que lo único que importa es Bogotá y otras ciudades principales, se tiende a olvidar que hay mucho en juego en las regiones”, dijo a CNN Felipe Botero, director del departamento de Ciencia Política y Estudios Globales de la Universidad de los Andes. “La victoria de Petro (en 2022) fue una demostración clarísima de la importancia de las regiones, demostró que las elecciones no se ganan en Bogotá. Ahora, como hace cuatro años, están tratando de ponerle más atención a eso”, subrayó.

Entre los mensajes que buscan vender un proyecto de país a electorados tan diversos, Botero explicó que mientras la izquierda “apuesta más a la inclusión social, con temas de paz y derechos humanos, en la derecha la unificación viene más por el lado de la seguridad, enfrentar el problema grande que tenemos de crisis, asociada a economías ilícitas”.

La política exterior, que no suele ser un tema de debate electoral, asomaba como especialmente relevante ante la tensa relación entre Petro y el presidente de EE.UU., Donald Trump, luego de décadas en las que Colombia fue un estrecho aliado de Washington. Sin embargo, los mandatarios no se enviaron nuevas acusaciones en redes sociales en las últimas semanas, tras reunirse en febrero y limar asperezas.

Petro mostró cierto pragmatismo para bajar el tono ideológico con miras a la votación. “En el momento en que llegó la coyuntura (electoral), no solo bajó el volumen a los insultos en redes sociales, logró que lo recibieran en la Casa Blanca, con un proceso de normalización rapidísimo, a cambio de concesiones enormes relacionadas a la lucha contra el narcotráfico y las organizaciones criminales”, repasó Borda.

En paralelo, el Centro Democrático ha intentado exhibir sus vínculos más cercanos con la Casa Blanca, pero perdió relevancia sin la confrontación entre los gobiernos.

Trump, que intervino abiertamente en otros procesos electorales de la región, no se ha pronunciado sobre la campaña. El más vocal ha sido el representante republicano Bernie Moreno, con advertencias de consecuencias en caso de un triunfo de la izquierda, pero sus declaraciones no tuvieron eco en Trump ni en el secretario de Estado, Marco Rubio. Para Borda, la decisión de la Casa Blanca de no declarar pasa por el riesgo de producir un efecto contrario en el electorado, pero también por comprobar que han podido negociar con Petro y esperan lo mismo de Cepeda. “Cualquier intervención produciría circunstancias favorables para la llegada de otro gobierno de izquierda. Pero han visto que a pesar de que se trata de una fuerza de izquierda, le pueden torcer el brazo”, comentó.

Además de la sombra de EE.UU., Vargas dijo que la crisis en Venezuela, aún tras la captura del presidente Nicolás Maduro, continúa siendo tema de debate en la elección y un fantasma azuzado por la derecha. “Para muchos colombianos, hay un temor por (la experiencia) del vecino venezolano y lo que queda” del chavismo, comentó. Petro fue uno de los pocos líderes que se ha reunido con la presidenta encargada Delcy Rodríguez, un acto rechazado por la oposición. “Hay un sector que teme que con un segundo gobierno de izquierda vaya en esa dirección”, consideró.

Vargas también consideró que Trump “ha sido muy importante” en lo que llamó “una oleada de gobiernos de derecha” en la región, y advirtió que si gana Cepeda, y en Brasil pierde el presidente Lula da Silva en las elecciones de octubre, Colombia sería “una excepcionalidad” que no ve positiva. “Quedaría como uno de los gobiernos aislados de la región, eso evidentemente para muchos no es bueno”, agregó.

Si bien el oficialismo consiguió aprobar leyes importantes, incluyendo una reforma tributaria y una laboral, quedó corto con sus promesas de un rediseño del sistema de salud, de justicia, y reformas política y agraria.

“Logró más bien pocas”, dijo Borda, quien explicó que eso se debe tanto a la ineficiencia del Gobierno como a un “bloqueo impuesto por la clase política tradicional”, pero sostuvo que el costo electoral no sería tan grande. “Mucha gente encuentra creíble la narrativa de que la culpa es de la política y de las instituciones del Estado, y no tanto de su propia responsabilidad”, dijo la analista. Además, para muchos seguidores de Petro, haber puesto esos temas en agenda ya es un avance social.

De todos modos, la encrucijada está atravesada por variables económicas poco favorables, con un déficit fiscal en aumento y un lento crecimiento económico.

Con todos esos factores a considerar, la campaña ha estado más marcada por el miedo que por la esperanza y más críticas que propuestas.

En el caso de Cepeda, “constantemente está presentando la elección como decisiva para continuar con intentos reformistas, y el miedo que imprime al discurso es a las clases dominantes”, dijo Borda. “Del otro lado, el discurso de las derechas es que las políticas de subsidios y asistencialismo van a llevar al traste la economía y las instituciones. También hay un miedo grande a una (asamblea) constituyente que Petro ha propuesto y Cepeda ha adoptado”, agregó.

Con esta polarización, el centro político no encontró ninguna ranura para que alguno de los candidatos moderados crezca en las encuestas.

“La representación política está en problemas”, dijo Botero, que señaló que no es un problema exclusivo de Colombia. “Son pocos los países donde los partidos siguen siendo articuladores de los intereses. Hay una desconfianza generalizada tanto en la política como en partidos. Eso abre espacio para que lleguen líderes outsiders, populistas, y que otros líderes se desmarquen de los partidos como pasó con dos candidatos del centro, Claudia López y Sergio Fajardo, que hicieron agua en esta campaña”, apuntó.

Vargas apuntó que “los partidos de centro, como el Partido Liberal, fueron progresivamente debilitándose” y perdiendo popularidad. “Hoy no hay un partido de centro que tenga una cierta solidez. Los candidatos que se lanzan en esa franja son más aventuras personales”, consideró. Sin embargo, dijo que el aparato continúa siendo importante aún para outsiders como De la Espriella. “Ha sido muy hábil en la utilización de medios, pero también ha tenido apoyos políticos y otros que reemplazan al aparato partidario”, dijo.

Sobre el candidato ultraderechista, Botero destacó que se cuenta con “poca información histórica”, lo que impide proyectar cómo actuaría en el poder. “Nunca ha sido político, no podemos saber cómo se comportará. Los otros dos principales candidatos tienen un respaldo partidista más claro, sabeos qué esperar, lo que hicieron como congresistas”, sostuvo. Esa inexperiencia puede también ser un activo para muchos desencantados.

La votación, además de poner a prueba el legado de Petro y la capacidad de la derecha para recuperar el poder, reflejará también las tensiones de una democracia donde las estructuras partidarias tradicionales parecen agotadas y ganan terreno las campañas más emocionales y centradas en liderazgos individuales. El resultado permitirá una aproximación sobre qué proyecto de país es más convocante, pero dejará abierta la duda sobre cómo se reacomodarán los votantes pragmáticos ante una segunda vuelta.

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Fuente: trib.al