El día del amigo es una cáscara vacía

El lunes 20 de julio celebramos un nuevo "Día del Amigo", y la maquinaria comercial ya está en marcha. Sin embargo, detrás del cotillón y los saludos automatizados, la fecha nos obliga a una pausa incómoda. Cuando la amistad genuina se cultiva en el día a día, en los detalles silenciosos y en estar cuando las cosas se ponen difíciles, obligar a la "celebración" un día específico del año puede sentirse artificial y superficial.
2026-07-19 23:57:23 EDITORIAL


Para muchos, la conmemoración se siente exactamente así: una fecha empaquetada por el calendario comercial para ofrecer promociones, abarrotar los negocios que venden chucherías, y llenar WhatsApp de stickers genéricos y mensajes en cadena que se envían por compromiso.

Hoy asistimos a la faz más cínica de la cultura actual, donde los lazos afectivos se han vuelto utilitarios y "líquidos". Intercambiamos aprobación digital, pero escasean los abrazos. 

Celebrar este día debería ser un acto de rebeldía contra el cinismo reinante. No se trata de un trámite de consumo, sino de un llamado a rescatar el valor de mirar a los ojos, de preferir el ser sobre el tener, y de cuidar a esos pocos "imprescindibles" que nos eligen por lo que somos y nos sostienen cuando todo lo demás es apariencia.

En tiempos de inmediatez, la amistad ha dejado de ser ese bien preciado que se cocinaba a fuego lento, basado en la lealtad, el silencio compartido y la presencia incondicional. Se busca al otro por conveniencia, por estatus o para llenar un vacío superficial, reduciendo los encuentros a una simple foto para simular felicidad en el mundo digital. Cuando alguien ya no resulta "útil" o exige un esfuerzo, simplemente se lo descarta.

A esta crisis del afecto se suma un mal de época destructivo: la alarmante tendencia de la sociedad a valorizar a la gente por lo que tiene y no por lo que es en realidad. El éxito se mide en posesiones, apariencias y bienes materiales, desplazando a un segundo plano la riqueza del alma, la honestidad y la bondad de las personas. En ese trueque materialista, la amistad pierde su pureza.

Este Día del Amigo no debería ser un trámite de consumo ni un ejercicio de cinismo. Debería ser una oportunidad para rebelarnos contra la corriente.

Un llamado a rescatar el valor de mirar a los ojos, de valorar el ser sobre el tener, y de devolverle la dignidad a una palabra tan sagrada como "amigo".

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