Hace pocos días, de manera casual me enganché con una narración que hacía un hombre por televisión (que después supe que se llamaba Dante Gebel), en la que hablaba que la diferencia entre los sueños que alguna vez concebimos y nuestra vida diaria, puede causarnos una frustración tan grande que nos lleve a negar nuestra realidad, a que la ignoremos, o a que nos demos por vencidos y dejemos de luchar por nuestros sueños, por nuestro matrimonio, por nuestros hijos, o por un mejor futuro.