El pastor Adolfo Aramayo fue atropellado por un automóvil a 3 cuadras de la plaza central de Joaquín V. González. Por la colisión su cuerpo fue impulsado por el aire, y terminó cayendo pesadamente al suelo. Fue derivado a Güemes para ser intervenido quirúrgicamente de la fractura de tibia y peroné que había sufrido. El panorama futuro se divisaba sombrío y a la vez complicado.