Dentro de pocos meses se cumplirán 17 años de la muerte del Dr. René Favaloro, médico ejemplar que en vida desnudara la corrupción reinante en la Argentina, y consecuentemente dentro del sistema de salud de nuestro país. Por supuesto, y a vista de todos está, que ni siquiera su suicidio, ni el documento revelador que escribió antes de morir, pararon este mal insaciable de la corrupción, que se devora todo a su paso hasta la actualidad.
René Favaloro: «Quizá el pecado capital que he cometido, aquí en mi país, fue expresar siempre en voz alta mis sentimientos, mis críticas (...) todo esto no se perdona, por el contrario se castiga. Me consuela el haber atendido a mis pacientes sin distinción de ninguna naturaleza. Mis colaboradores saben de mi inclinación por los pobres, que viene de mis lejanos años en Jacinto Arauz».
TEXTO COMPLETO DE LA CARTA
Del Dr.
René Favaloro
Julio 29-2000 - 14:30 hs.
«Si se lee mi carta de renuncia a la Cleveland Clinic, está claro que mi
regreso a la Argentina (después de haber alcanzado un lugar destacado en la
cirugía cardiovascular) se debió a mi eterno compromiso con mi patria. Nunca
perdí mis raíces. Volví para trabajar en docencia, investigación y asistencia
médica. La primera etapa en el Sanatorio Güemes, demostró que inmediatamente
organizamos la residencia en cardiología y cirugía cardiovascular, además de
cursos de post grado a todos los niveles. Le dimos importancia también a la
investigación clínica en donde participaron la mayoría de los miembros de
nuestro grupo. En lo asistencial exigimos de entrada un número de camas para
los indigentes. Así, cientos de pacientes fueron operados sin cargo alguno».
«La mayoría de nuestros pacientes provenían de las obras sociales. El sanatorio
tenía contrato con las más importantes de aquel entonces. La relación con el
sanatorio fue muy clara: los honorarios, provinieran de donde provinieran, eran
de nosotros; la internación, del sanatorio (sin duda la mayor tajada). Nosotros
con los honorarios pagamos las residencias y las secretarias y nuestras
entradas se distribuían entre los médicos proporcionalmente. Nunca permití que
se tocara un solo peso de los que no nos correspondía. A pesar de que los
directores aseguraban que no había retornos, yo conocía que sí los había. De
vez en cuando, a pedido de su director, saludaba a los sindicalistas de turno,
que agradecían nuestro trabajo. Este era nuestro único contacto.
A mediados de la década del 70, comenzamos a organizar la Fundación. Primero
con la ayuda de la Sedra, creamos el departamento de investigación básica que
tanta satisfacción nos ha dado y luego la construcción del Instituto de
Cardiología y cirugía cardiovascular.
Cuando entró en funciones, redacté los 10 mandamientos que debían sostenerse a
rajatabla, basados en el lineamiento ético que siempre me ha acompañado. La
calidad de nuestro trabajo, basado en la tecnología incorporada más la tarea de
los profesionales seleccionados hizo que no nos faltara trabajo, pero debimos
luchar continuamente con la corrupción imperante en la medicina (parte de la
tremenda corrupción que ha contaminado a nuestro país en todos los niveles sin
límites de ninguna naturaleza). Nos hemos negado sistemáticamente a quebrar los
lineamientos éticos, como consecuencia, jamás dimos un solo peso de retorno.
Así, obras sociales de envergadura no mandaron ni mandan sus pacientes al
Instituto.
¡Lo que tendría que narrar de las innumerables entrevistas con los
sindicalistas de turno!
Manga de corruptos que viven a costa de los obreros y coimean fundamentalmente
con el dinero de las obras sociales que corresponde a la atención médica.
Lo mismo ocurre con el PAMI. Esto lo pueden certificar los médicos de mi país
que para sobrevivir deben aceptar participar del sistema implementado a lo
largo y ancho de todo el país. Valga un solo ejemplo: el PAMI tiene una vieja
deuda con nosotros, (creo desde el año 94 o 95) de 1.900.000 pesos; la
hubiéramos cobrado en 48 horas si hubiéramos aceptado los retornos que se nos
pedían (como es lógico no a mí directamente).
Si hubiéramos aceptado las condiciones imperantes por la corrupción del sistema
(que se ha ido incrementando en estos últimos años) deberíamos tener 100 camas
más.. No daríamos abasto para atender toda la demanda.
El que quiera negar que todo esto es cierto, que acepte que rija en la Argentina
el principio fundamental de la libre elección del médico, que terminaría con
los acomodados de turno.
Lo mismo ocurre con los pacientes privados (incluyendo los de la medicina
prepaga) el médico que envía a estos pacientes por el famoso ana-ana , sabe,
espera, recibir una jugosa participación del cirujano.
Hace muchísimos años debo escuchar aquello de que Favaloro no opera más! ¿De
dónde proviene este infundio? Muy simple: el paciente es estudiado. Conclusión,
su cardiólogo le dice que debe ser operado. El paciente acepta y expresa sus
deseos de que yo lo opere. ‘Pero cómo, usted no sabe que Favaloro no opera hace
tiempo?’. ‘Yo le voy a recomendar un cirujano de real valor, no se preocupe’.
El cirujano ‘de real valor’ además de su capacidad profesional retornará al
cardiólogo mandante un 50% de los honorarios!
Varios de esos pacientes han venido a mi consulta no obstante las
‘indicaciones’ de su cardiólogo. ‘¿Doctor, usted sigue operando?’ y una vez más
debo explicar que sí, que lo sigo haciendo con el mismo entusiasmo y
responsabilidad de siempre. Muchos de estos cardiólogos, son de prestigio
nacional e internacional. Concurren a los Congresos del American College o de
la American Heart y entonces sí, allí me brindan toda clase de felicitaciones y
abrazos cada vez que debo exponer alguna ‘lecture’ de significación. Así
ocurrió cuando la de Paul D. White lecture en Dallas, decenas de cardiólogos
argentinos me abrazaron, algunos con lágrimas en los ojos. Pero aquí, vuelven a
insertarse en el ‘sistema’ y el dinero es lo que más les interesa.
La
corrupción ha alcanzado niveles que nunca pensé presenciar. Instituciones de
prestigio como el Instituto Cardiovascular Buenos Aires, con excelentes
profesionales médicos, envían empleados bien entrenados que visitan a los
médicos cardiólogos en sus consultorios. Allí les explican en detalles los
mecanismos del retorno y los porcentajes que recibirán no solamente por la
cirugía, los métodos de diagnóstico no invasivo (Holter echo, cámara y etc.,
etc.) los cateterismos, las angioplastias, etc. etc., están incluidos.
No es la única institución. Médicos de la Fundación me han mostrado las hojas
que les dejan con todo muy bien explicado. Llegado el caso, una vez el paciente
operado, el mismo personal entrenado, visitará nuevamente al cardiólogo,
explicará en detalle ‘la operación económica’ y entregará el sobre
correspondiente!
La situación actual de la Fundación es desesperante, millones de pesos a cobrar
de tarea realizada, incluyendo pacientes de alto riesgo que no podemos
rechazar. Es fácil decir ‘no hay camas disponibles’. Nuestro juramento médico
lo impide.
Estos pacientes demandan un alto costo raramente reconocido por las obras
sociales. A ello se agregan deudas por todos lados, las que corresponden a la
construcción y equipamiento del ICYCC, los proveedores, la DGI, los bancos, los
médicos con atrasos de varios meses.. Todos nuestros proyectos tambalean y cada
vez más todo se complica.
En Estados Unidos, las grandes instituciones médicas, pueden realizar su tarea
asistencial, la docencia y la investigación por las donaciones que reciben. Las
cinco facultades médicas más trascendentes reciben más de 100 millones de
dólares cada una! Aquí, ni soñando.
Realicé gestiones en el BID que nos ayudó en la etapa inicial y luego publicitó en varias de sus publicaciones a nuestro instituto como uno de sus logros!. Envié cuatro cartas a Enrique Iglesias, solicitando ayuda (¡tiran tanto dinero por la borda en esta Latinoamérica!) todavía estoy esperando alguna respuesta. Maneja miles de millones de dólares, pero para una institución que ha entrenado centenares de médicos desparramados por nuestro país y toda Latinoamérica, no hay respuesta. ¿Cómo se mide el valor social de nuestra tarea docente?
Es indudable que ser honesto, en esta sociedad corrupta tiene su precio. A la
corta o a la larga te lo hacen pagar.
La mayoría del tiempo me siento solo. En aquella carta de renuncia a la C.
Clinic, le decía al Dr. Effen que sabía de antemano que iba a tener que luchar
y le recordaba que Don Quijote era español! Sin duda la lucha ha sido muy
desigual.
El proyecto de la Fundación tambalea y empieza a resquebrajarse.
Hemos tenido varias reuniones, mis colaboradores más cercanos, algunos de ellos
compañeros de lucha desde nuestro recordado Colegio Nacional de La Plata, me aconsejan
que para salvar a la Fundación debemos incorporarnos al ‘sistema’.
Sí al retorno, sí al ana-ana.
‘Pondremos gente a organizar todo’. Hay ‘especialistas’ que saben cómo hacerlo.
‘Debés dar un paso al costado. Aclararemos que vos no sabés nada, que no estás
enterado’. ‘Debés comprenderlo si querés salvar a la Fundación’ ¡Quién va a
creer que yo no estoy enterado!
En este momento y a esta edad terminar con los principios éticos que recibí de
mis padres, mis maestros y profesores me resulta extremadamente difícil.
No puedo cambiar, prefiero desaparecer.
Joaquín V. González, escribió la lección de optimismo que se nos entregaba al
recibirnos: ‘a mí no me ha derrotado nadie’. Yo no puedo decir lo mismo. A mí
me ha derrotado esta sociedad corrupta que todo lo controla.
Estoy cansado de recibir homenajes y elogios al nivel internacional. Hace pocos
días fui incluido en el grupo selecto de las leyendas del milenio en cirugía
cardiovascular. El año pasado debí participar en varios países desde Suecia a
la India escuchando siempre lo mismo. ‘¡La leyenda, la leyenda!’
Quizá el pecado capital que he cometido, aquí en mi país, fue expresar siempre
en voz alta mis sentimientos, mis críticas, insisto, en esta sociedad del
privilegio, donde unos pocos gozan hasta el hartazgo, mientras la mayoría vive
en la miseria y la desesperación. Todo esto no se perdona, por el contrario se
castiga. Me consuela el haber atendido a mis pacientes sin distinción de
ninguna naturaleza. Mis colaboradores saben de mi inclinación por los pobres,
que viene de mis lejanos años en Jacinto Arauz.
Estoy cansado de luchar y luchar, galopando contra el viento como decía Don
Ata. No puedo cambiar.
No ha sido una decisión fácil pero sí meditada. No se hable
de debilidad o valentía. El cirujano vive con la muerte, es su compañera
inseparable. El cirujano vive con la muerte, es su compañera inseparable, con
ella me voy de la mano. Sólo espero no se haga de este acto una comedia. Al
periodismo le pido que tenga un poco de piedad.
Estoy tranquilo. Alguna vez en un acto académico en USA se me presentó como a
un hombre bueno que sigue siendo un médico rural. Perdónenme, pero creo, es
cierto. Espero que me recuerden así.
En estos días he mandado cartas desesperadas a entidades nacionales,
provinciales, empresarios, sin recibir respuesta.
En la Fundación ha comenzado a actuar un comité de crisis con asesoramiento
externo. Ayer empezaron a producirse las primeras cesantías. Algunos, pocos,
han sido colaboradores fieles y dedicados. El lunes no podría dar la cara.
A mi familia en particular a mis queridos sobrinos, a mis colaboradores, a mis
amigos, recuerden que llegué a los 77 años. No aflojen, tienen la obligación de
seguir luchando por lo menos hasta alcanzar la misma edad, que no es poco.
Una vez más reitero la obligación de cremarme inmediatamente sin perder tiempo
y tirar mis cenizas en los montes cercanos a Jacinto Arauz, allá en La Pampa.
Queda terminantemente prohibido realizar ceremonias religiosas o civiles.
Un abrazo a todos. René Favaloro»
Powered by TURADIOINFO.COM