Las Fiestas J. V. González

- FIESTAS PATRONALES

Las Fiestas J. V. González
Las Fiestas J. V. González

Tiempo de Dios y Tradición, de recuerdos y esperanzas, así podríamos definir esos días de la primera semana de Agosto en Joaquín V. González. Así en estos días, los anteños atizonan sus sueños de ancestrales plegarias mezcladas con clima de fiesta, templados inviernos y acostumbradas carpas folclóricas.

Es tiempo de Dios y de Santo Domingo de Guzmán, de esperadas primeras comuniones y confirmaciones de aquellos que anteriormente habían recibido a Jesús sacramentado. Recuerdo aquellos tiempos de la década del 70, con un incansable Padre Navarro, con la Hermanas salesianas y unos catequistas preocupados para que todo llegue a buen término. 

Y en las afueras del pueblo, clima de fiesta, de carpas, de quermes, de exposiciones y ventas. Todo servía en esos días para darle a Agosto ese sabor tan propio que debía durar luego, todo un año.

Recuerdo la procesión, con cientos de pañuelos alzados al viento para saludar al Santo y pedir aquel milagro que tanto necesitaban los parroquianos. Caras ansiosas y expectantes, curtidas por las nostalgias del tiempo con siestas melancólicas y solariegas. Las fotos de mi mente son aquellas que con singular destreza, capturaba casi artesanalmente la cámara de Don Capellán. Porque él era el fotógrafo del pueblo y conocía a cada uno de los parroquianos, de verlos todos los días y de ser vecinos desde siempre. 

Agosto en Joaquín V. González es más que un tiempo de religión y de pueblo, es tiempo de reconciliación, de renovación espiritual y de esperanzas fortificadas en nueve días de rezo cristiano. Es época de regresar a las raíces más profundas de la argentinidad y en esa mixtura sensible de Dios, Patria y Tradición, aflora venturosa la cristiandad gaucha, la “madre-tierra” y los hijos de Anta.

En este mes se exacerban los valores culturales e históricos de la que he dado en llamar “La Perla del Chaco Salteño” si pareciera que regresan en esos días el alma de sus hijos que alguna vez caminaron sus calles y compartieron su sueño. 

Viene a mi memoria, aquellos sabores de empanadas anteñas, de locros y asados de sabor carpero, con baile de zamba y alguna taba traviesa que en su vuelo se quedaba con algunos sueños y pesos de gauchos de alma y sangre en las venas.

Todo culmina el 8 de Agosto, ese día entre rezos y procesión, cada hijo de Anta teje sus sueños y después todo queda en calma, todas las luces se apagan al crepúsculo del día. 

Y al día siguiente…, regresa  la rutina Gonazaleña, todo retorna a su cauce.

Por el Dr. José R. Gutiérrez (Dedicado a mi Anta querida).

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