AGOSTO

- FIESTAS PATRONALES

AGOSTO
AGOSTO

Para sus habitantes, entre los que orgullosamente me cuento, y para quienes hayan vivido alguna vez en nuestro querido Joaquín V. González, agosto no es un mes cualquiera.

Para algunos es, según asevera solemnemente la Iglesia, la “renovación del pacto de fe con nuestro Patrono, Santo Domingo de Guzmán”.

Para otros es el reencuentro con el pueblo y la familia que los vio partir en busca de nuevos horizontes y que los recibe con el afecto de siempre. 

Sin olvidar al criollo que sale del monte al pueblo y aprovecha para agasajarse en las carpas, rutina anual que, además, incluye en algunos casos guitarreadas, carreras cuadreras, tabeadas, riñas de gallos, bailes populares, y -frutilla del postre festivo patronal- el acostumbrado desfile a caballo por la Avda. Güemes, frente a la imagen del santo y a todo un pueblo que se da cita.

Es así que vivimos todos revolucionados. Habrá quien deba subir a un escenario, habrá quien tenga algún hijo que cante o baile, habrá quien desfile, habrá quien deba exponer sus artesanías, habrá quien espere a un familiar o amigo que vendrá a visitarle aprovechando el acontecimiento, habrá quien elabore choripanes, locro, empanadas, u otras exquisiteces y los pondrá en venta, habrá quien deba cumplir una promesa, hacer bautizar o confirmar. En definitiva, agosto, de una u otra forma, nos altera el calendario. Y la vida. 

No se siente que hayan pasado los años desde aquel 1963 cuando viví por primera vez la fiesta patronal. Por aquellos tiempos, se festejaba el 4 de agosto, y las carpas se ubicaban en la intersección de 1º de Mayo y 9 de Julio. Época en la que se imponían en las  preferencias musicales “Cúlpale a la bossa nova”, por Eydie Gormé, “La montaña de Imittos” por Los 5 Latinos y  “Río rebelde”, por Cholo Aguirre, entre otros. Quien las haya visitado, debe aún recordar los acordes del bandoneón de don Alberto Garzón, acompañado en guitarra por un jovencísimo Negrito Navarro. Pero no solamente se recuerda con el oído el gusto tuvo su festín con las chancacas, los copitos de azúcar, los alfeñiques el olfato con el olorcito de las especias y con el de los copitos que eran la gran novedad por entonces. 

A fines de la década del '60 se trasladaron las carpas a Lavalle y Mariano Moreno. De esos años recuerdo particularmente a un animador muy divertido, Arturo Viggiani, de la ciudad de Salta, que solía agradecer “a las familias…….., ……… y……. (y mencionaba los apellidos más resonantes de la comunidad de entonces) que fueron en caravana hasta Olleros para recibirme”. Era obvio que la agradecida caravana jamás sucedió.

¿A dónde habrá llevado la vida a este recordado personaje que conocíamos como “Frangollito”? 

1972 fue el primer año en que la Fiesta Patronal tuvo lugar el 8 de agosto. Y de paso, el viernes 4 sirvió para dar inicio hasta el lunes 7 a la 1ª edición del Festival del Quebracho en la cancha de básquet de la escuela 704, que, luego trasladado a octubre o noviembre, habría de reunir a la flor y nata del folklore argentino. Claro que ya en el Anfiteatro del Club Dr. Joaquín V. González, entidad organizadora, inaugurado el viernes 3 de noviembre de 1978. El último festival de la primera etapa (que en estos últimos años se reanudó, con el éxito acostumbrado, para alegría de los seguidores del foklore) fue en 1998.

Valga la nota de color. Ya por aquellos primeros años de los '70, venía  un joven acompañando a su padre, en la dura y azarosa tarea de la venta ambulante. Años después, se estableció en el pueblo y hoy es un comerciante que da ejemplo de esfuerzo, perseverancia, sacrificio y, por qué no, visión de futuro: René Gerardo Suyo.

Pero eso ya es otra historia.

Las digresiones son bienvenidas, siempre y cuando enriquezcan el relato principal.

Y así, las carpas continuaron con su peregrinar laico por el pueblo a lo largo del tiempo.

Estuvieron en las inmediaciones del Hospital, al que con los años, se le instituyó el nombre de “Dr. Oscar H. Costas”. Nunca tan bien merecido. 

También, en zona de la Cruz Blanca, cuando estaba en Avda. Güemes y Pedro S. Palermo. La Cruz sufrió después, por imperio del crecimiento poblacional, otros desplazamientos -siempre hacia el NE- por Avda. Güemes, hasta que su deterioro impuso la remoción para su resguardo.

La hoy inexistente Pista de Aterrizaje (también llamada familiarmente Cancha de Aviación), que ocupaba una franja de calle Salta, desde Avda. San Martín, hacia el NE, y que hoy quedaría detrás de la estación de servicios ubicada en la salida a la Laguna Blanca, también acogió a las carpas, en los años '90.

También por aquellos tiempos, terrenos al norte de nuestro pueblo supieron de polvaredas confundidas con el humo, músicas diversas, sitios de comida, de ventas varias y del paseo de curiosos ávidos de encontrar el recuerdo que testimonie su paso por uno de los íconos de la tradición lugareña.

ESCRITO POR ELVA ZURITA

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