El profe “Orly” era un “tipazo” querido por todos los que lo conocimos. El mejor profesional en lo que hacía, pero fundamente, una persona que este mundo desalmado no pudo contaminar. Por lo tanto, a pesar de su pronta partida, permanecerá en nuestra memoria como un hombre íntegro, sereno y virtuoso.
Alguna vez un amigo me dijo que “una persona con integridad es aquella que hace que concuerden sus acciones con sus palabras, que tiene la capacidad de mantener sus principios aún en situaciones de duda, que hace lo correcto para el beneficio de todos a su alrededor y no lo que le conviene para su propio bien, que no se deja influenciar fácilmente por las apariencias, sino que siempre va en busca de la verdad”.
Sin lugar a dudas Orlando reunía esas cualidades, y pienso que sería maravilloso que todos nosotros desplegáramos esos atributos para crear un mundo mejor.