Opción minimalista: la felicidad está ligada al ser más que al tener

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Opción minimalista: la felicidad está ligada al ser más que al tener
Opción minimalista: la felicidad está ligada al ser más que al tener

Un estilo de vida minimalista implica deshacerse de todas aquellas cosas que no son imprescindibles. La idea es muy sencilla: menos es más.

Por ejemplo, en nuestra vida diaria significa reducir al máximo el uso y consumo de bienes materiales. Esta forma de estar en el mundo tiene efectos positivos sobre el medio ambiente e iniciativas ecologistas recientes.
En mi caso, yo no tengo nada de aquello por lo que la gente invierte gran parte de su vida: superabundancia de bienes materiales. Y aunque nadie lo crea, soy inmensamente feliz. Vivimos en una sociedad en donde reina la ausencia de propuestas constructivas y proyectos sociales consistentes.

Sin embargo, no tener en mi vida abundancia de cosas que el dinero puede comprar, genera en mí efectos positivos. Y eso me obliga a pensar más y a sentir más. Por lo que todo esto me obliga preguntarme: ¿cómo puedo vivir y convivir mejor?

De acuerdo con varias corrientes filosóficas la felicidad está ligada al ser más que al tener y el concepto no se desliga de lo humano y la experiencia de vivir. Aristóteles, quien fue uno de los pensadores griegos más destacados, dijo que la felicidad es un fin universal del ser humano.

Hoy presto mucha atención prioritaria a las necesidades básicas, y a los fines y valores de verdad. Y esto es una gran oportunidad para dar una vuela más de tuerca, y analizar las cosas de otro modo.

Y soy feliz aunque les cueste creerlo. Soy feliz porque cuando camino por la calle y recibo un abrazo o un apretón de manos, estoy seguro que esa persona me aprecia de verdad. Considera lo que soy como persona, porque en definitiva, es lo único que tengo.

Con el transcurrir de los años para sentirme pleno, he sabido capitalizar con gran esmero mis carencias materiales. Dicho esto, es innegable que siempre supe que debía renunciar a algo. Y es ahí cuando tuve que evaluar que lastimaba más.

En mi certeza concluyente entendí que era necesario renunciar a la superabundancia, a la tercera casa, al segundo coche, incluso quizá al coche de por sí, pero no a la movilidad. La necesidad básica que hace felices a los seres humanos es la movilidad, no es el coche, y la movilidad consiste en poder acceder con el mínimo esfuerzo a nuestros “destinos” necesarios, que son normalmente tres: trabajo, comida y amigos. Cuanto menor es el esfuerzo para llegar a estos “destinos”, más felices somos.

Y también ganaremos en felicidad, porque en este contexto el foco de nuestra atención no estará tanto en los recursos o en los bienes materiales. Desde Aristóteles ya se entendía que los bienes materiales no nos hacen felices, por mucho que nos encaprichemos y queramos acumularlos. La ciencia dice que esto no nos hace felices, al contrario: una menor superabundancia nos brindará la oportunidad de ser más felices en nuestras experiencias interiores, nos permitirá tener relaciones más floridas, más estables y más fiables en una comunidad donde no se trate de agarrar, tener más que el otro y compararse, sino que esté basada en cooperar y disfrutar de las hermosuras de la vida. La renuncia será de otro tipo, pero mucho menos dolorosa.

LA SOCIEDAD ES UN GRAN TEATRO

Hace un par de años atrás leí algo escrito por el periodista Borja Vilaseca. En ese texto expresó: “No sos tu nombre ni el lugar donde naciste. No sos lo que haces ni lo que tienes. No sos tu trabajo, tu ropa, tu auto, tu casa o tus posesiones. Tampoco sos lo que los demás piensan de vos. Estás tan acostumbrado a ser quien se supone que has de ser, que no tienes ni la más remota idea de cuál es tu verdadera identidad. Y para disimularlo, te pasas el día detrás de una máscara, relacionándote con otras caretas que esconden seres humanos que tampoco se conocen a sí mismos. Por eso la sociedad es un gran teatro. Y no lo digo metafóricamente. Cada uno de nosotros se ha convertido en un actor que interpreta un guion de vida escrito por otros y orientado a cumplir las expectativas de los demás. Tu malestar es proporcional a tu confusión. Y ésta se refleja por el disfuncionamiento de tu mente. Aunque te cueste comprenderlo, no sos lo que piensas acerca de vos mismo. De hecho, no te pareces en nada a la persona que crees que sos. Sin embargo, te identificas con todo tipo de pensamientos, algunos de los cuales están locos de atar ¿Cómo vas a ser tu mente si tenés la capacidad de observarla? ¿Cómo podes ser tus pensamientos si podes modificarlos? No sos la charla que oyes en tu cabeza. Sos el ser que escucha esa charla”, finalizó diciendo.

En lo personal creo que si se puede construir un porvenir beneficioso para todos. Ahora bien, debemos siempre asumir con claridad que ese germen prometedor debe cimentarse ineludiblemente con entereza, humanidad, virtud, modestia y esperanza.

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