Empezamos el 2026 entre la promesa de la estabilidad y el desaliento de la gente

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Empezamos el 2026 entre la promesa de la estabilidad y el desaliento de la gente
Empezamos el 2026 entre la promesa de la estabilidad y el desaliento de la gente

El inicio del año 2026 en Argentina se caracterizó por una economía marcada por la crisis económica. A pesar de las expectativas de estabilidad y crecimiento, el país enfrentó desafíos significativos, incluyendo una caída del valor nominal del dólar, una suba de la inflación y una recesión económica.

​La situación se complicó por la depreciación del peso, que abarata las importaciones y complica las exportaciones, y por la aceleración inflacionaria. La economía se enfrenta a una recesión profunda, especialmente en los sectores manufactureros y del comercio que atienden el consumo interno.

El Gobierno impulsa una caída del valor nominal de la divisa como ancla para retomar un proceso de desinflación, pero los precios en las primeras semanas de enero siguieron aumentando. Ingresos y dólar atrasados agravan anticipan más recesión. Solo los sectores primarios muestran dinamismo.

El precio del dólar cayó 2,1% desde que arrancó el año, en una estrategia forzada por la administración de Javier Milei para volver a colocar a la divisa como principal ancla para forzar un proceso de desinflación que no vine dando resultados, según las primeras mediciones de consultoras privadas que detectaron una aceleración en la suba del precio de los alimentos y estimaron un índice general de 2,3% para el mes.

Un informe de C-P Consultores advirtió que la apuesta del Gobierno libertario es a un cambio estructural de la dinámica de la economía, que por su característica es lento e implica una tendencia al estancamiento, con pérdida de puestos de trabajo formales y la creación de empleos de baja productividad e ingresos bajos.

La combinación de apreciación del peso, que abarata las importaciones y complica las exportaciones, con la aceleración inflacionaria, en un contexto de caída de ingresos del conjunto de la sociedad, especialmente de los salarios registrados tanto del sector público como del sector privado, anticipan una profundización de la recesión económica con especial impacto en los sectores manufactureros y del comercio que atienden el consumo interno.

La situación de los sectores productivos se complejiza por la nueva disparada de la tasa de interés en el mercado doméstico impulsada por la falta de liquidez del Tesoro nacional que encarece el crédito, especialmente el giro en descubierto sobre las cuentas corrientes que las empresas utilizan para la operatoria diaria.

La suba de interés también golpea a los consumidores, especialmente por el incremento de la tasa sobre los saldos impagos de los resúmenes de las tarjetas de crédito y de los préstamos personales, tanto dentro del sistema financiero tradicional como el que se opera a través de las billeteras digitales.

La depreciación del dólar viene impulsada por la liquidación de las divisas proveniente del endeudamiento del sector privado, que alcanzó un nivel récord el año pasado y que en enero ya supera los 1.000 millones de dólares, con la última colocación del Banco Macro por 400 millones que se sumó a los 600 millones de Telecom, los 80 millones de John Deere Credit, los 40 millones de Scania y los 10 millones del banco de inversión BTS.

Además de la colocación de deuda en el mercado de capitales, el stock de créditos en dólares al sector privado se incrementó en las primeras dos semanas en 592 millones de dólares y alcanzó el récord de 18.305 millones de dólares) cifras corregidas por tipo de cambio) que también son liquidados en el mercado oficial alimentando la oferta de divisas en reemplazo de las originadas por la actividad productiva.

Esa disponibilidad de divisas le permitió al BCRA comprar este viernes 125 millones de dólares y acumular 469 millones en la semana y 678 millones a lo largo del mes, que financió con los pesos que obtuvo por la venta de bonos indexados por el valor del dólar oficial, lo que viene actuando como una especie de seguro de cambio permitiendo una ganancia al sector privado de 1% a 2% en cada operación.

El mercado esperaba que la compra de divisas se realice con emisión de pesos, lo que permitiría una mayor monetización de la economía, recuperando la liquidez para bajar la tasa de interés que impulse el crédito al sector privado para reactivar el nivel de actividad por una mayor demanda del consumo.

“El cambio de esquema no vino acompañado de una mayor laxitud monetaria, como muchos anticipaban”, advirtió el informe del banco de inversión CMF y especuló que “quizás, para avanzar hacia una remonetización más genuina, el equipo económico necesite primero consolidar algunos buenos datos de inflación, luego de la aceleración observada en la medición mensual durante el último semestre”.

En cambio, el informe de C-P Consultores pareció acertar mejor sobre lo que se debe esperar para los próximos meses vinculados a la política monetaria y cambiaria de Milei y el ministro de Economía, Luis Caputo, en un informe que denominó “Cambio estructural y estancamiento”.

La consultora resaltó que el “cambio estructural, primarización y estancamiento emergen en el horizonte como los rasgos más sobresalientes” de “las consecuencias del modelo económico libertario sobre la demanda agregada, la oferta y el mercado de trabajo”.

El programa económico apuesta a que la inversión y las exportaciones reemplacen al consumo privado y público como “motores” del crecimiento pero ese “cambio estructural de la dinámica de la economía es lento e implica una tendencia al estancamiento, en tanto estos componentes pesan poco en el PBI”, destacó la consultora de Pablo Moldovan y Federico Pastrana.

El cambio estructural vía oferta es intenso y se expresa en que los sectores vinculados a los recursos naturales crecen y los vinculados al mercado interno caen. En el informe señalan que “la heterogeneidad sectorial se explica por el esquema macro, la mayor apertura y el achicamiento del sector público. Sobreviven aquellos sectores que construyen su competitividad sobre ventajas naturales. Se expresa también una tendencia al estancamiento, en tanto los sectores primarios continúan representando un porcentaje menor del PBI en comparación con los perdedores (industria, construcción y comercio)”.

El cambio estructural y la heterogeneidad sectorial consolidan el deterioro del mercado de trabajo y como los sectores ganadores son pocos y no son intensivos en mano de obra, se destruye empleo privado formal y se retroalimenta el empleo informal vía cuentapropismo y empleo no registrado. Esa dinámica consolida un mercado de trabajo con empleos de baja productividad e ingresos bajos.

“La apuesta del gobierno es arriesgada, en tanto los sectores primarios tan solo representan un 14,5% del PBI, mientras que los grandes perdedores continúan siendo muy relevantes en la estructura productiva (27% del PBI). Así, el proceso de cambio estructural tiene implícita una tendencia al estancamiento en el corto plazo”, considera el informe.

C-P Consultores concluye que, “aun siendo optimistas y proyectando a partir de las tasas de crecimiento de los últimos 4 trimestres, el PBI per cápita de 2015 recién se alcanzaría en 2031”, lo que resta saber es si el consenso social está dispuesto a esa espera y los sacrificios que implican la transición.

Los ingresos aún no recuperan su poder adquisitivo

La Encuesta Nacional de Centros de Compras registró una caída interanual del 4,7% en los volúmenes de ventas, lo que indica que los hogares están ajustando cantidades frente a ingresos que aún no recuperan poder adquisitivo.

La deuda y la inflación se consolidan como dos de los principales focos de vulnerabilidad económica a nivel global. Los altos niveles de endeudamiento público y privado, acumulados tras años de estímulos fiscales y monetarios, reducen el margen de maniobra de los gobiernos frente a nuevos choques económicos. Una inflación más persistente de lo previsto, alimentada por tensiones geopolíticas, disrupciones en las cadenas de suministro y políticas industriales más proteccionistas, obliga a mantener tasas de interés elevadas por más tiempo, lo cual incrementa el riesgo de ajustes fiscales.

Tras las elecciones legislativas de octubre, el oficialismo no solo logró imponerse, sino que salió políticamente fortalecido. El resultado habilitó algunos cambios en el gabinete y dejó entrever una señal de mayor pragmatismo en el programa económico.

El dato resulta llamativo si se lo observa en contexto: la campaña estuvo atravesada por episodios que, en otros momentos, hubieran tenido un costo electoral significativo. Sin embargo, el resultado pareció indicar que una parte relevante del electorado optó por priorizar otras variables.

Así, Argentina llega a 2026 atravesada por una paradoja: mientras la promesa de estabilidad económica se perfila como un horizonte posible tras años de desorden, el desgaste social se vuelve cada vez más visible.

Más allá del ruido político, una parte de la sociedad parece valorar, al menos por ahora, la promesa de estabilidad. Una inflación que ronda el 2% mensual, aunque con una leve tendencia al alza en los últimos tres meses, cierta calma cambiaria y la expectativa de que lo peor ya quedó atrás configuran ese clima.

En ese marco, el apoyo electoral no se presenta como un respaldo incondicional, sino como una apuesta sostenida a que el orden macroeconómico, constituye una condición necesaria para dejar atrás la inestabilidad crónica.

Actividad económica, heterogénea
Los últimos datos de actividad confirman esa ambigüedad. En octubre de 2025, el Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) registró un crecimiento interanual del 3,2%, pero mostró una caída del 0,4% respecto del mes previo.

El contraste entre ambas variaciones sugiere una economía que avanza, aunque sin un impulso claro ni una trayectoria sostenida. A su vez, al desagregar los datos, el patrón de crecimiento continúa siendo marcadamente desequilibrado. La intermediación financiera fue el sector de mayor incidencia positiva, con un salto interanual del 22,8%, explicando una porción sustantiva del aumento del EMAE. En contraste, la industria manufacturera volvió a mostrar una contracción del 2,7% interanual.

La foto que emerge es la de una actividad que mejora en los márgenes financieros y en algunos servicios, pero que permanece débil en los sectores más intensivos en empleo y en la producción de bienes, precisamente aquellos que traccionan el consumo masivo y sostienen la recaudación fiscal que en octubre de 2025 cayó alrededor de 3 puntos en términos reales.

Cautela en el consumo
En línea con esto, el consumo masivo continúa operando como un freno al tan esperado crecimiento. Las ventas en supermercados, afectadas desde hace meses, no logran recomponerse en términos reales y reflejan hogares que ajustan cantidades frente a ingresos que aún no recuperan poder adquisitivo respecto de noviembre de 2023. Incluso con una inflación más baja que en años previos, la cautela sigue dominando las decisiones de gasto.

La Encuesta Nacional de Centros de Compras registró una caída interanual del 4,7% en los volúmenes de ventas, mientras que la Cámara Argentina de Comercio informó una contracción del consumo del 2,8% interanual.

No obstante, la Encuesta de Supermercados relevó un aumento interanual real del 2,7% en los volúmenes vendidos, una señal que, más que marcar una recuperación generalizada, da cuenta de un consumo aún fragmentado y selectivo.

Por otro lado, el mercado laboral refuerza esta lectura. Según el último informe del EDIL IIEP-UBA, en el tercer trimestre de 2025 el 43,3% de los trabajadores se encontraba en la informalidad, lo que representa un aumento de 0,7 puntos porcentuales en la comparación interanual. Entre los asalariados, la informalidad alcanzó al 36,7%, un nivel persistentemente elevado que prácticamente no se ha modificado en las últimas dos décadas.

En el segundo trimestre del año, el 38% de los trabajadores informales se encontraba por debajo de la línea de pobreza, frente a apenas el 5% entre los trabajadores formales. Tener trabajo, en este contexto, dejó de ser una garantía de dignidad. Este fenómeno se vuelve aún más crítico entre los jóvenes, uno de los segmentos que traccionó el triunfo de Milei en noviembre de 2023.

Para el segundo trimestre de 2025, la informalidad juvenil alcanzaba el 67%. De persistir esta dinámica, el impacto no será solo social, sino también estructural, profundizando a futuro la crisis del sistema previsional si no se adoptan medidas con celeridad.

El inicio de 2026 encuentra así a la economía en un delicado equilibrio. La estabilidad macro aparece más ordenada que en meses previos, pero su traducción en crecimiento sostenido, empleo de calidad y mejora del consumo continúa siendo limitada. En ese marco, la aprobación del Presupuesto fortaleció al Poder Ejecutivo. El desafío para la política económica será acortar esa brecha: transformar la promesa de estabilidad en una experiencia concreta para una sociedad que, pese al espaldarazo electoral de octubre, muestra señales claras de cansancio.




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