Y esto es absolutamente cierto, ya que de todo se aprende. Este es un mantra que los investigadores y los emprendedores conocen muy bien, porque son los que más suelen encontrarse con el error y la derrota. A ellos, un día malo no les roba el timón.
Álex Rovira:
¿Cuántas veces crees que falló Ferran Adrià con un plato antes de conseguir un éxito? ¿Cuántas veces crees que la NASA ensayó y fracasó antes de enviar el hombre a la luna? ¿Cuántas editoriales rechazaron el primer libro de J. K. Rowling sobre Harry Potter?
“Perder forma parte del juego. No siempre podemos evitarlo”, recordaba recientemente el escritor y experto en crecimiento personal Álex Rovira. Lo hacía no para desmotivar o quitar importancia sobre el golpe moral que puede provocar un fracaso, sino para adiestrarnos sobre cómo hemos de enfrentarnos a ese fracaso y asimilarlo.
Fíjate que todos los ejemplos que te he expuesto son historias de éxito ¿Qué habría pasado si Adrià, Rowling o los investigadores de la NASA se hubieran dado por vencidos?
No lo hicieron porque creían en su idea pero, sobre todo, no lo hicieron porque tenían un tipo de mentalidad que es la que Rovira nos ha traído a colación: “No es cierto que en la vida unas veces se gana y otras se pierde, en realidad unas veces se gana y otras veces se aprende”.
Aprender de los errores
Quédate con este dato: de todo se puede aprender. De todo, incluso de cosas que te parezca que son una derrota totalmente inútil. La clave está en cómo te tomas ese fracaso y cómo lo analizas.
“Hay situaciones, circunstancias y acontecimientos que escapan a nuestro control. Y aceptar esto no es resignarse, sino comprender cómo funciona la vida”, nos razona Rovira. Lo que hay que hacer es sacar conclusiones de todo eso que no hemos podido controlar y de ver cómo nos ha afectado y cómo podemos hacer para que la próxima vez no nos pase lo mismo.
Todos los grandes innovadores han coincidido al explicar que el éxito no les ha enseñado casi nada. Es de los fracasos de los que se aprenden. Es allí donde se consiguen las informaciones más valiosas. Cuando todo te va bien, no te esfuerzas de la misma manera. “Caerse no es un fracaso, el fracaso llega cuando te quedas donde has caído”, decía Sócrates.
Por consiguiente, aprender no es maquillar la realidad. Si te dejan, duele. “La clave no está en negar la pérdida, sino en qué hacemos con ella”, puntualiza Rovira. Hemos de instalarnos en un lugar de aceptación superadora. No dejarnos llevar, sino ser conscientes. Cuando lo consigues “empieza a ocurrir algo importante: recuperamos el poder”, añade.
No te quedes anclado por miedo
Uno de los libros clásicos de la autoayuda, ¿Quién se a llevado mi queso?, de Spencer Johnson, ya era todo un alegato contra esa actitud inmovilista cuando nos fallan las circunstancias, por miedo a que todavía vayan a peor.
Si nos quedamos quietos es probable que no pase nada, por eso los que quieren moverse saben que no hay que temer a los errores. “La suerte premia a los audaces”, señala un conocido proverbio romano. Y la experiencia neurocientífica le da la razón. Son los optimistas emprendedores, los que no se quedan petrificados, quienes tienen más opción de oportunidades y por tanto de tener éxitos.
También tienen mayores opciones de fracaso, dirás. Y tienes razón. Pero lo que está claro es que si no lo has intentado nunca vas a triunfar. Lo que te has de plantear es cuál es la alternativa y sopesarla. La experiencia muestra que no hacer nada ya es un fracaso mayor.
No te gusta tu trabajo, no crees que esté bien pagado y sin embargo allí sigues por miedo a emprender y fracasar. Bueno, analízalo. ¿El fracaso es peor solución que seguir siendo infeliz o malviviendo? Si tu respuesta es que sí, está bien. No te critiques. Eres así, si es lo que de verdad crees. Pero no te autoengañes o intentes justificarte.
Cuál ha de ser la actitud ante el fracaso
“No podemos elegir todo lo que nos ocurre, pero sí podemos elegir la manera en que lo atravesamos -dice Rovira-. No tenemos el poder de cambiar el pasado, sino el poder de decidir cómo responder a ello”.
Este autor recuerda la enseñanza vital que nos ha dejado Viktor Frankl, este psiquiatra superviviente de Auschwitz supo ver sentido a su vida incluso en las peores circunstancias. “Elegir aprender en lugar de amargarnos, elegir dignidad en lugar de resentimiento, elegir conciencia en lugar de reacción automática”, recuerda Rovira.
No personalices el fracaso. No eres un fracasado, has tenido un fracaso hoy. Saber cómo nos decimos las cosas también es importante para saber reponernos y avanzar. “Si percibes el fracaso como algo fundamental sobre quién eres como persona, te dará mucho más miedo que si lo ves como otra oportunidad para aprender”, nos recordaba la doctora Julie Smith hace poco en CuerpoMente.
Aquí entra una pieza psicológica que suele olvidarse: para aprender de verdad de una caída, hace falta un mínimo de amabilidad contigo. La doctora Kristin Neff y otros investigadores han estudiado la autocompasión (no confundir con autocomplacencia) y llegan a esta conclusión: trátate con la misma humanidad con la que tratarías a un amigo cuando falla.