El bidet encontró en Argentina un lugar propio

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El bidet encontró en Argentina un lugar propio
El bidet encontró en Argentina un lugar propio

Cómo el bidet pasó de ser un lujo francés a un infaltable del baño argentino

Pese a lo que suele suponerse, en muchos países ni siquiera existe: Estados Unidos, Canadá, Reino Unido o Alemania son algunos ejemplos. Su presencia o ausencia no tiene que ver con una cuestión de confort o tecnología, sino a hábitos culturales profundamente arraigados.

Aunque su uso está extendido en varios países del mundo, en muchos otros es prácticamente inexistente. La presencia o no del bidet responde en gran medida, a costumbres culturales y tradiciones. Mientras que en países como Estados Unidos, Canadá o el Reino Unido el bidet es prácticamente desconocido y se reemplaza por otros hábitos de higiene, en Argentina su uso sigue vigente y arraigado, incluso en viviendas nuevas y proyectos de renovación. Lo mismo sucede en Italia (donde se exige por ley su instalación en el hogar), Uruguay, España, Portugal, Brasil (según la región) y Japón (en versiones tecnológicas de inodoros con bidet incorporado).

¿Dónde se creó?

Fue inventado en Francia alrededor de 1.710 y se le atribuye al ebanista Christophe Des Rosiers, quien lo diseñó inicialmente como un mueble independiente para la higiene íntima, era similar a una bañera pequeña baja y originalmente se ubicaba en los dormitorios y no en el baño como sucede en la actualidad. El artefacto fue adoptado inicialmente por la nobleza francesa, incluido el entorno de la corte de Versalles, y con el tiempo se difundió a otros países de Europa. 

Su uso en Argentina

En Argentina, el bidet se incorporó por la influencia europea, especialmente francesa e italiana, y se afianzó como parte del modelo de higiene y confort del hogar. Con el tiempo dejó de ser un lujo para convertirse en un elemento habitual del baño, asociado a una idea de limpieza más completa y sostenido por costumbres culturales transmitidas de generación en generación.

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