Cuando se produzco el hallazgo, el cuerpo estaba en total estado de descomposición a unos 70 centímetros de profundidad y en medio de malezas. La autopsia confirmó que murió de un tiro en la espalda. La Policía recuperó casi todo el dinero robado.
la crónica de aquellos días expresaba: Luego de una búsqueda que se extendió por espacio de 18 horas y que no cesó durante la noche, el propio jefe de la Policía de la Provincia, Humberto Argañaraz, halló el lugar en el que se encontraba enterrado el cadáver del pequeño productor Guillermo Arenas Solís, de 51 años, quien falleció luego de recibir un disparo en la espalda por parte del cabo Celso Cruz (26), quien lo atacó (por pedido del padre de su novia) el sargento Francisco Díaz para apoderarse de los $48.000 que el hombre tenía en su poder y repartirse el botín entre junto a otros efectivos de la subcomisaria de Apolinario Saravia. La víctima había desaparecido misteriosamente la noche del 25 de noviembre pasado, luego de haber permanecido detenido en la dependencia "El Dorado" de la localidad.

El occiso se encontraba en estado de ebriedad cuando fue detenido por pedido de su esposa, Cervanda Matorras (43), quien había pedido ayuda a los uniformados ya que Arenas Solís estaba violento a causa del alcohol. La víctima había cobrado 8.000 dólares y 20.000 pesos por la venta de una cosecha de sandías y tenía los valores en sus bolsillos cuando fue trasladado hasta la sede de la subcomisaría por los agentes Sergio Ocampo y Luis Santana. Esa noche el sargento Francisco Díaz se encontraba como jefe de guardia y el oficial de servicio, Rodolfo Rodríguez estaba a cargo de la cuestionada seccional. Los cuatro efectivos fueron detenidos tres días después por disposición del juez que investiga los sucesos, Mario Teseyra, debido a que descubrió que los policías no registraron en el Libro de Guardia el ingreso ni la salida de Arenas Solís. Por ello se transformaron en los principales sospechosos pese a que negaron las acusaciones.
Sin embargo, los detectives de la Brigada de Investigaciones de Joaquín V. González los tuvieron siempre en la mira. Y no se equivocaron. Por otra parte, informaciones confidenciales y un llamado anónimo, permitieron el jueves pasado a los pesquisas lograr la detención del cabo Celso Cruz, quien reside en Mollinedo, quien no sólo trabajaba en la seccional sino que estaba a cargo del Cuerpo de Policía Infantil de la misma. Cruz confesó haber sido el autor material del asesinato a sangre fría, pero dio dos versiones sobre lo ocurrido. Primero sostuvo que había cometido el hecho junto a sus colegas de la dependencia e incluso reveló ante el jefe de la Unidad Regional 5, Mario Cabral, que había ido a enterrar el cuerpo en un automóvil VW Gol negro de un amigo, junto a Díaz y Santana, pero cuando buscaban afanosamente el cadáver del infortunado productor, se desdijo y aseguró que los había implicado porque se vio acorralado y no sabía qué argumentar.

El cabo indicó que el cuerpo había sido enterrado a un costado de la ruta provincial 5, a 14 kilómetros de Las Lajitas y fue conducido hasta allí esposado, ante la presencia del juez de Instrucción Mario Teseyra. Cruz recorrió varias veces el sector, pero dijo no recordar con exactitud el lugar. Luego, mientras caminaba por el monte juró que él había ido a enterrar solo el cadáver, lo que es poco probable, debido a que el cuerpo se encontraba detrás de un alambrado y a unos 50 metros del lugar en el que dejó el automóvil, en la banquina, por lo que es difícil que haya podido trasladarlo sin ayuda y mucho menos, enterrarlo a 70 centímetros de profundidad. Cuando cambió su versión, sostuvo que esa noche no estaba trabajando, pero fue a la dependencia a retirar una encomienda y vio a sus compañeros y a Arenas Solís tomando gaseosas. Puntualizó que uno de ellos le dijo: "El Boliviano tiene mucha guita" y luego fue a pedirle prestado el automóvil a su amigo José Calmejanes, quien también fue detenido. Agregó que había esperado a Arenas Solís a la salida de la dependencia y le propuso que fueran a tomar, a lo que el productor habría accedido. Tras ello, siempre al tenor de su última confesión, se dirigieron hacia Mollinedo por una ruta vieja y poco transitada. Antes de llegar, Arenas Solís se enfureció y le habría preguntado a dónde lo llevaba.
Cruz aseveró que en ese momento paró el vehículo y que la víctima se bajó e intentó escapar, circunstancias en que extrajo su arma reglamentaria de 9 milímetros y le efectuó un disparo que le impactó en la espalda, cuestión que sí quedó confirmada debido a que al mediodía de ayer el juez Teseyra, junto a los investigadores policiales se dirigieron a ese lugar y hallaron la vaina del proyectil percutado, con lo que se identificó la escena del crimen.
Hermano implicado
En ese punto de su relato, el cabo involucró a su hermano Cirilo Cruz, de 35 años, quien también fue detenido. Dijo que lo fue a buscar a Mollinedo y le pidió que lo ayudara a deshacerse de un cuerpo y para que accediera le mintió diciéndole que a sus colegas "se les fue la mano" con un detenido. Luego dijo que juntos buscaron una pala, que volvieron al lugar, envolvieron el cadáver con una sábana y una bolsa y lo cargaron en el baúl. Sostuvo que posteriormente fueron a ver en la zona a un tal "Gauchito" Figueroa, que luego fue aprehendido, al que le ofreció 6.000 pesos para que lo ayudara a enterrar el cadáver, pero éste se negó y que después se fue con su hermano en el automóvil pero que el trayecto Cirilo se puso a llorar y se bajó en Mollinedo, de modo que continuó solo a enterrarlo.
El botín
El pueblo de Apolinario Saravia vivió una noche de furia. Una gran cantidad de vecinos indignados ante la versión de que los policías que se encontraban de guardia la noche de la desaparición del productor fueron los autores del homicidio, quemaron gomas frente a la Subcomisaría y la apedrearon. Lo insólito es que intentaron quemar una motocicleta de 125 centímetros cúbicos que estaba en la seccional y le pertenece a Celso Cruz, de la que luego secuestraron, debajo del asiento, 8.000 dólares y 5.100 pesos. De la casa de la suegra de Cirilo Cruz, en Río del Valle, incautaron otros 6.000 pesos que le habría dado su hermano, el cabo Celso, para que lo ayudara a deshacerse del cuerpo y porque le debía dinero. "El policía Cruz es un ludópata que tenía muchas deudas de juego", dijo uno de los investigadores. Le secuestraron de su vivienda el arma reglamentaria 9 milímetros que utilizó en el asesinato y hallaron el pantalón ensangrentado que llevaba puesto la noche del asesinato, en el acceso a Ceibalito. El cabo tenía además en su billetera otros 2.000 pesos y habría gastado otros 3.000 pagando deudas en la ciudad de Salta.

El hallazgo del cadáver
Cruz al parecer no quiso indicar con precisión el lugar en el que enterraron el cuerpo, a la vera de la ruta provincial 5. Recorrió el sector varias veces y como la búsqueda se tornaba errática a raíz de la oscuridad, el secretario de seguridad, Aldo Saravia el juez Mario Teseyra el jefe de Policía, Humberto Argañaraz el fiscal metanense, Sergio Castellano y el fiscal de Causas Policiales, Gustavo Vilar Rey, decidieron esperar al amanecer para ingresar con el cabo nuevamente al monte y pasaron la noche en el lugar. Los rastrillajes se reiniciaron con la salida del sol y con el apoyo de Gitana, una perra dálmata pero no pudieron dar con el cuerpo, hasta que Argañaraz en una de sus incursiones descubrió el lugar, oculto entre malezas y árboles, de difícil acceso. Luego los bomberos lo desenterraron. Estaba en total estado de descomposición. Lo trasladaron al cementerio de Las Lajitas, donde el médico forense del Poder Judicial de Metán, Alberto Herrando le practicó una autopsia junto al Jefe del Servicio Médico Forense del Ministerio Público, Cristóbal Darío Heredia. Extraoficialmente se supo que Herrando confirmó que la víctima presentaba una herida de bala en la espalda y que no se le observaban otros tipos de lesiones.
Fotos: diario El Tribuno