A la edad de 15 (en 1.963) empezó, lo que con el paso del tiempo se constituyó una tradición especial en su vida: marchar en procesión cargando en sus hombros la imagen de Santo Domingo de Guzmán. En este 2013 se cumplen 50 años que este humilde servidor y ferviente devoto, carga en andas a nuestro Santo Patrono.
Es importante resaltar que Juan Carlos, participa de los oficios religiosos de nuestra parroquia, sin faltar a misa desde que fue un niño y quedó atrapado en la fe a Dios. El mismo nos relata: &ldquonunca falté a misa aún bajo inclemencias del tiempo. Llueva, tuene o caiga piedras, siempre estoy aunque no haya mucha gente. Cuando termina cada misa, pasó al altar y tocó las imágenes de nuestro Señor Jesucristo, también la de la Virgen María, y por supuesto, la de Santo Domingo de Guzmán. Cada vez que repito este momento, siento que una profunda emoción embarga mi alma. En ese minuto aprovecho para pedirle bendiciones para mi salud y la de todos, por trabajo y paz&rdquo.
Nuestro vecino también recuerda a personas creyentes como él, que fueron acompañando en algunas procesiones a Santo Domingo, a través del tiempo tal es el caso de: Orlando Silva, el agente Anaquín,  Don Comán, María Ovejero, Paulino Veleizán y el agente Agüero. Después de los 80&rsquo, Ramón Garay, Eduardo Ruiz, Domingo Pérez, Pedro Herrera, &ldquoel gringo&rdquo Veleizán, Ramón Ceballos, Marcelino González, Mario Omar Navarro, Hugo &ldquoel cabezón&rdquo Rojas y Daniel Torres, entre otros.
Este reconocimiento que le hacemos a Juan Carlos Figueroa, vaya también especialmente Eduardo Ruíz, y a tantos otros que como ellos, supieron con su ejemplo de fe y perseverancia, sostener viva la llama de nuestra tradición religiosa. 
A Santo Domingo lo llevamos en el corazón, y el 8 de Agosto representa el día de nuestra hermandad. Cada 8 de Agosto los gonzaleños somos uno solo, sin distinción de razas ni de escalas sociales, porque nuestro Santo es del pueblo, y el concepto de pueblo va más allá de los Individualismos mundanos. 
Por eso amigos, vivamos esta fiesta colectiva y multitudinaria, con alegría y humildad en paz y solidaridad, teniendo siempre presente los principios de nuestro Papa Francisco. Para finalizar, comparto con ustedes dos de sus más sabias reflexiones. La primera expresa: &ldquoUn poco de misericordia cambia el mundo, lo hace menos frío y más justo". Y la otra: "¡Cómo me gustaría una Iglesia pobre y para los pobres!".