Antes de partir

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Antes de partir
Antes de partir

Me voy. No queda mucho tiempo más para mi inevitable ausencia. Ni siquiera conseguiré acomodar mi ropa, y mucho menos otras cosas que quisiera llevar en mi partida.

En los pocos minutos que me quedan, miro la casa, recorro el fondo y acaricio las hojas de mis plantas. Hago un pormenorizado recuento de los besos, abrazos, caricias e insultos que habré dado y recibido a la vez. Descubro que la balanza se inclina a mi favor en todo, y me sonrío indulgente conmigo mismo.

El día que no esperaba, pero que sabía que llegaría, finalmente llegó. Ya nada de lo que creía de mi propiedad me pertenecerá a partir de hoy. Momento en el que emprendo el viaje hacia mi nuevo destino.

Tengo la certeza de que antes de partir, vendrán a despedirse los seres que más amo, y que han estado cerca en esta fase paradójica y a la vez vertiginosa de mi vida. La ansiedad me invade. Ya están por llegar y el tiempo se acorta presuroso.

Me baño ligero, pero mientras lo hago, también rápidamente me doy una afeitada aprovechando que el agua tibia debilitó la dureza de mi barba de dos días. Escojo una camisa, un calzoncillo y un par de medias. No soy de usar medias a menudo, pero intuyo que en este viaje no deberían faltarme. Sé que casi todos los que hacen este viaje, lo hacen con las medias puestas, y no veo porque yo no habría de hacerlo. Después, descuelgo de la pecha el único ambo que tengo y que uso solo en ocasiones especiales. Luego humedezco mi cuello y el pecho con una colonia de fragancia excelsa. Corresponde un preparativo de excelencia para este abrazo final con los amores de toda la vida. 

Revisando el pasado, deduzco con certeza que amado pocas veces. Pero las veces que he amado han sido con una intensidad devastadora. Hasta a veces, con una pasión incontrolable y egoísta tal vez. Por eso estoy seguro, que con ese abrazo final de aquellos amores inmortales que me siguen, disipare definitivamente la duda y concretaré mi marcha irreversible.

Quizás el temor a no reconocer que este momento llegaría, me llevó a transitar el tiempo, sin tan siquiera medirlo un poco. Sin embargo, siento en mi interior desvanecido ese temor y desconfianza, que siempre acompañaron mi camino. Y es otra sensación la que se adueña lentamente de mí. La intriga me llama y habita ese vacío. Después, placentera
 intangibilidad .

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