
No se necesitan muchos estudios para ver la gran cantidad de árboles muertos, secos, inclinados y peligrosos que hay en toda la ciudad. Lo más lógico es que una administración responsable empiece por eliminar y retirar estos árboles. Las autoridades actuales arguyen que no es conveniente políticamente, que si lo hacen entonces la ciudadanía se les va encima por estar atentando contra la estabilidad ecológica. No es cierto, si se explica, no van a haber mayores objeciones. La realidad es que existe una total descoordinación entre las diferentes instancias encargadas y el problema ha crecido.

Lamentablemente el resultado es que la gente ahora tiene mucho temor y sin más razonamientos prefiere desmochar o derribar árboles que no ameritaban estos tratamientos. Un árbol puede caer o derrumbarse por muchas razones, todas son explicadas por la Arboricultura. Podríamos clasificar estas causas en directas e indirectas. Las directas son las que vemos y evidentemente han causado que el árbol caiga. Son los argumentos que utilizan las autoridades para explicar a la opinión pública la razón del fracaso: que el árbol tenía sus raíces descompuestas, que son especies de madera quebradiza y de raíces someras, que el suelo está reblandecido por las lluvias, que el árbol estaba muerto, inclinado, en un talud, etc., etc. En pocas palabras: los culpables son los árboles pero la naturaleza no los plantó allí. Las causas indirectas son las que están atrás y explican realmente por qué caen los árboles.
