Corrupción estructural (Editorial)

- FIESTAS PATRONALES

Corrupción estructural (Editorial)
Corrupción estructural (Editorial)

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La corrupción en la Argentina desde sus orígenes, es un fenómeno histórico que hasta podríamos definir como una epidemia. Bernardino Rivadavia llegó a ser al mismo tiempo, presidente de las Provincias Unidas y director de la compañía minera River Plate Mining Association, de capital mixto inglés-porteño. Y en el año 1824, ya como Ministro de Gobierno de la provincia de Buenos Aires, autorizó a pedir un préstamo de 1.000.000 de Libras esterlinas a la Financiera inglesa Baring Brothers, del cual sólo llegó al país un poco más de la mitad. El resto quedó en Inglaterra como pago por adelantado de intereses, y otro tanto en manos del mismo Rivadavia y su socio, como gastos de comisión y representación, una canallada total.

La corrupción en nuestro país fue tomando fuerza, y con el correr de la historia fue acrecentándose, pasando por personajes mal llamados próceres, hasta sufrir casos insalvables y harto perjudiciales como por ejemplo Martinez de Hoz, la Junta Militar de la última dictadura, y después, llegar a institucionalizarse durante la década Menemista. No obstante ello,  luego fue reforzada con mayor dureza en el seno del matrimonio Kirchner, permanente detractor del riojano, pero a la vez, hábil dúo ilícito que formó una red nacional compuesta por gobernadores, intendentes, legisladores y funcionarios afines, tanto o más corruptos que la organización anterior.
Sociólogos de vasta trayectoria afirman que, la corrupción abiertamente de quienes gobiernan, genera desconfianza por parte del pueblo y aumenta la posibilidad de que otros imiten actos corruptos. Pero si existiese real castigo a estos delincuentes, y si se impusiera cárcel, un ciudadano propenso a corromperse, lo pensaría varias veces antes de asumir el riesgo.
Por otro lado, sería bueno desmentir que la pobreza en la Argentina sea estructural, y asumir en cambio, que lo estructural es la Corrupción, y la pobreza es sólo una resultante de ese mal porque, nobleza obliga, la corrupción se manifiesta en todos los ámbitos de la vida misma, y nuestros gobernantes son verdaderos representantes de nosotros como sociedad.
Para iniciar un período reparador y renovador de nuestra dirigencia política, es necesario comenzar desde la enseñanza en nuestros propios hogares, y para ello es indispensable la lealtad a valores fundamentales como la honestidad y responsabilidad ciudadana y moral. Sólo de esa manera podremos arrojar la primera piedra, sin tener luego que ocultar nuestro rostro debido a la vergüenza.

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