Cuando dialogamos con Patricia la notamos tranquila pero algo desilusionada con la policía, que (de acuerdo a sus expresiones), no hace su trabajo como es debido. Sobre este punto, Albaizeta dijo: En El Quebrachal no estamos teniendo colaboración de la policía, estamos solos en el pueblo, no hay autoridad porque la policía se dedica a sacar beneficios propios en los eventos públicos de la comunidad. Pero cuando uno necesita colaboración en los problemas que tenemos a diario, no aparecen. Ese día sabía que venían los de la barra brava, cuando vieron que estaban en mi negocio, pasaron de largo y se ubicaron cerca de una panadería dejándome a mí sola.
Después vino un comisario o un suboficial y me dijo: disculpe no sabíamos que usted estaba atendiendo a los de la barra brava. No entiendo, si está viendo que ingresan cuatro colectivos que son ajenos al pueblo, llenos de tipos, se supone que son los de la barra brava y sin embargo no se acercaron. El colectivo en donde venía toda esa mala gente fue el que paró en mi negocio, los otros siguieron de largo, expresó la damnificada.
Otros problemas con la policía
Además, Patricia Albaizeta nos contó. Hace dos semanas me escribieron todas las paredes (recién pintadas) del negocio, pero ellos no vieron nada, siendo que están a menos de 30 metros del maxi quiosco. Anteriormente me habían entrado unos chicos por el fondo de mi casa y tampoco pude contar con la colaboración policial. En otra ocasión, hace como un año, sufrí un robo cuando entraron un grupo de malhechores que utilizaron una especie de aerosol que nos indujo a un sueño profundo. Sin embargo, una de mis hijas logró levantarse y pudo identificar a los sujetos. Al gritar mi hija, nos levantamos todos, corrimos a los ladrones, los alcanzamos, dimos sus nombres y sus apellidos a la justicia pero jamás no llamaron a declarar. En aquella oportunidad hicimos la denuncia correspondiente pero ahora, ya ni ganas tengo de seguir confiando. La verdad que yo no sé en dónde estará la falla en todo esto, concluyó la mujer.