
El hecho delictivo trascendió en los medios salteños, y Diario El Tribuno dispuso un amplio espacio para relatar en detalle lo sucedido.
Los efectivos de la Brigada de Investigaciones Nº 5 pusieron fin al accionar de una banda de empleados de la estancia sojera La Nueva Esperanza, de Piquete Cabado, ubicada a 25 kilómetros al este de Joaquín V. González, cuyos cuatro integrantes venían robando un promedio estimado en 400 litros diarios de gasoil a la empresa y que comercializaban a razón de $2 por litro, un valor muy por debajo del mercado donde el combustible se cotiza en $3,80.
Los detectives de la fuerza especial, alertados por informantes en el sentido de que alguien estaría vendiendo combustibles para camionetas y maquinaria a un precio irrisorio, comenzaron a realizar las pesquisas y obtuvieron el número del celular de un tal Rubén Ángel Altamiranda (32), negociador del hidrocarburo barato.
Con ese dato, un oficial, haciéndose pasar por un finquero de la zona, se comunicó con el sujeto, quien se identificó como Quique y le informó que estaba dispuesto a hacer el negocio pero que el trato era que debía llevarse en ese mismo día el total que necesitaba: 340 litros dispuestos en 17 bidones, que luego él retiraría desde el establecimiento donde supuestamente sería llevado el combustible.
Inmediatamente, un equipo de detectives alquiló un remise y se trasladó hasta el puesto San José, de la estancia La Nueva Esperanza. Allí los recibió Altamiranda, quien les indicó que tenía todo listo, pero al ver que los compradores no tenían en qué transportarlos, les indicó que cargaría los bidones en su camioneta.Carguen los tachos, changos, ordenó a sus socios, quienes comenzaron a realizar la tarea.
Sin embargo, justo en ese momento, el sujeto se puso nervioso al divisar un polvaderal que anunciaba el desplazamiento de un vehículo hasta el lugar.
Debe ser mi patrón, indicó asustado, mientras sus tres ayudantes, que habían comenzado a sacar los envases cargados desde un rancho, iniciaron una frenética reculada para esconderlos nuevamente.
No digan nada, sino estamos en el horno, porque el gasoil se lo choriamos (sic) a la empresa, les dijo a los detectives Altamiranda.
A los segundos, arribó el encargado del establecimiento sojero. Y apenas se bajó de su 4x4, los detectives echaron mano a sus identificaciones y se las exhibieron al cuarteto.
Ya tá, nos agarraron, suspiró Altamiranda, mientras era esposado junto a sus coequipers: Andrés Policarpo López (32), Bernardo Aguado (45) y Juan Alberto Ruiz (42).
Los cuatro empleados infieles, todos oriundos de Las Lajitas con excepción de Aguado, que es de Piquete Cabado, fueron detenidos allí mismo.

DETENIDOS