
Los padres sin consuelo, familiares y amigos todos unidos en un mismo pesar, expresando lamentos desgarradores que quemaban el pecho, nos punzaban el alma y nos llenaban de lágrimas los ojos la garganta áspera y el sabor más amargo que uno pueda sentir.
Un rato antes, a las 16.30, nos sacudimos al ver los rostros inertes de los tres pequeños cuando eran velados en la casa de un vecino a pocas cuadras de la morada (ahora ruinas) donde habitaba la familia. Un momento absolutamente desgarrador.
Dios lleve consuelo a Juan María y Analía, y proteja a esos tres angelitos en su gloria.