Premio ZONA SUR
Fiel a tu perfil bajo, te negaste sistemáticamente a recibir un reconocimiento de nuestro diario ZONA SUR. Sin embargo, me alegré enormemente cuando a fines de noviembre de 2016 y luego de mis ruegos insistentes, aceptaste la distinción. A última hora no te animaste a subir para recibir el reconocimiento, aunque igual (entendiendo tu personalidad), al día siguiente te lo hice llegar sin ningún rencor por la “pera”.
La noche de los Premios había preparado para Beto una breve reseña, porque quería que él completara el resto con alguna de sus anécdotas desopilantes. Había puesto para presentarlo: “él es en sí mismo una leyenda viviente. Amante del cine, siendo muy jovencito emprendió el desafío de ser el primer gonzaleño que se animó junto al negro Acevedo, a comprar un proyector y pasar películas en todo el departamento de Anta. Además, es el primer corresponsal de diario el Tribuno con el cual sigue vinculado hasta la actualidad”.
Miles de historias hemos compartido. Para mí, Beto fue una de las personas que más he querido en este paso por la vida, y creo que este sentimiento es compartido con mucha otra gente de mi pueblo, de Anta, Salta y de otras provincias también.
¡Aguante el millo!Conocí a Beto en la década del 70, cuando yo solo contaba con un par de años, y acompañaba a mi padre hasta su agencia para que juegue al Prode (Pronósticos Deportivos), que era furor en esa época, ya que recién había sido implementado. Además, allí siempre había gente dispuesta a contar historias, anécdotas o bien, el parte diario de lo que acontecía en el pueblo.  
Mi papá era un fanático hincha de Boca, por lo que siempre discutía con Beto sobre fútbol, ya que este adoraba a los de la banda roja, y era tanta su pasión que hasta se tornaba algo irreverente con los “panzas amarillas”. En cada visita nuestra, Beto apelaba a cualquier artilugio para convencerme de que tenía que hacerme fana de River Plate. Así fue que me sembró en el corazón los colores blanco y rojo para siempre. Mi papá, de regreso a casa, intentaba por todos los medios disuadirme de esa idea, pero  para mí el tema ya no tenía vuelta atrás. Hasta dejó de ir por un tiempo a la agencia con la esperanza  de que su pequeño primogénito se olvidara del asunto, y aceptara usar una camiseta del xeneise que él le había comprado. Pero no hubo caso, todo fue inútil, y me hice de River nomas. ¡Aguante el millo! Esa fue una elección que hasta hoy me llena de orgullo, y por la que siempre le estaré eternamente agradecido. 
Hasta pronto, mi querido capitán Beto.