La crisis política entre Brasil y Argentina empezó como un tango y sigue como una samba

2026-07-31 19:04:29 - ARGENTINA

El Estadio Pacaembú, en Sao Paulo, ha sido escenario de algunos de los partidos más duros entre equipos brasileños y argentinos, sobre todo en definiciones de la Copa Libertadores de América. Lo que aquel tradicional campo de fútbol, hoy llamado Mercado Livre Arena Pacaembu, nunca había visto era un discurso político capaz de abrir una crisis diplomática entre los mayores países de Sudamérica.

El detonante fue la participación del presidente de Argentina, Javier Milei, en la convención nacional del Partido Liberal (PL) que confirmó la candidatura de Flávio Bolsonaro. Tras la andanada de insultos contra el actual presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva (del Partido de los Trabajadores o PT), y contra el ministro del Supremo Tribunal Federal (STF) Alexandre de Moraes, responsable del proceso que llevó a la condena del expresidente Jair Bolsonaro (PL), hubo reacciones en serie de autoridades, dirigentes políticos y especialistas en política exterior.

Casi una semana después, ya es posible depurar lo que el episodio revela sobre la relación bilateral, sobre las formas de hacer política en la actualidad y sobre lo que todavía puede repercutir hasta las elecciones del 4 de octubre en Brasil.

Javier Milei acompaña a Flávio Bolsonaro durante el lanzamiento de su candidatura presidencial en São Paulo. - NELSON ALMEIDA/AFP/Getty Images

Fue un discurso y una performance con la intensidad de un tango, aunque marcado por ataques virulentos contra Lula y Moraes que no combinarían con la voz de Carlos Gardel. Milei usó palabras como "presidiario" y "ladrón" para referirse al líder del PT, y "basura calva" al mencionar al ministro del STF. Más que el apoyo a Flávio Bolsonaro, considerado un gol por la campaña del brasileño, lo que quedó en la memoria del acto en el Pacaembú fueron los insultos del argentino.

La respuesta llegó de las formas más variadas, como una nota institucional del presidente del STF, Edson Fachin, de repudio a los dichos de Milei contra Moraes. En los días siguientes, ministros del gobierno de Lula estuvieron a punto de caer en la provocación verbal, como el ministro de Hacienda, Dario Durigan, que se refirió al presidente argentino como un "payaso".

El propio Lula, que en una primera declaración pública recurrió a la ironía al ser consultado sobre Milei y devolvió un "¿Quién es ese tipo?", no se contuvo días más tarde. También en una convención partidaria —la del Partido Socialista Brasileño del vicepresidente y candidato a la reelección, Geraldo Alckmin—, el presidente brasileño dijo que el discurso del argentino había sido una "patacoada", jerga equivalente a disparate o tontería, y que, como jefe de Estado, "no voy a estar intercambiando cosas así".

El presidente de Brasil, Lula da Silva, habla durante una reunión ministerial en Brasilia, el 3 de junio. - Adriano Machado/Reuters

Desde el sábado comenzaron también las reacciones típicas de la diplomacia. Itamaraty, sede de la cancillería brasileña, siguió el manual de las relaciones exteriores: llamó a consultas al embajador en Buenos Aires, Julio Bitelli, que regresó a Brasilia.

En el lenguaje diplomático, se trata del gesto de protesta más fuerte que un Estado adopta frente a la actitud de otro país, antes de rebajar formalmente las relaciones bilaterales. El canciller Mauro Vieira también convocó al embajador argentino, Guillermo Daniel Raimondi, y habló de una "provocación sin precedentes". Por ahora no hay una fecha prevista para el regreso de Bitelli a Argentina: ocurrirá, pero todavía no se definió cuándo.

Es un paso ejecutado con la precisión de un vals, muy distinto y mucho menos grave que lo que Itamaraty hizo con Israel, en medio de las críticas de Lula a la campaña militar israelí tras el ataque terrorista de Hamas en 2023. El embajador brasileño fue llamado a consultas y nunca regresó. Y hasta hoy el gobierno de Benjamin Netanyahu —que envió un video de apoyo a la convención de Flávio Bolsonaro— considera a Lula persona non grata en el país.

Los gestos del primer ministro israelí y del presidente argentino hacia el candidato del PL explicitan cómo la familia Bolsonaro se alió a una red de líderes mundiales de la derecha que tienen en común la cercanía con el gobierno de Donald Trump en cuestiones internas. Lo contrario de Lula, que ha reforzado, cada vez que puede, el discurso de la soberanía nacional como lema de su campaña por la reelección.

El senador brasileño y aspirante a la presidencia, Flávio Bolsonaro, interviene durante el evento "La industria en la agenda de los candidatos presidenciales", organizado por la Confederación Nacional de la Industria en Brasilia, el 22 de junio de 2026. - SERGIO LIMA/AFP/AFP vía Getty Images

Nada como el paso de un día tras otro para que el ritmo gane una nueva cadencia. Pasada la retórica más intensa del comienzo de la semana, el propio canciller argentino, Pablo Quirno, afirmó que "no hay ninguna chance de que de nuestro lado las relaciones se rompan", aunque dejó entrever que veía exageraciones en los gestos del lado brasileño frente a las diferencias político-ideológicas. "No llevamos esto al plano institucional", dijo.

Antes, el jefe de Gabinete de la Casa Rosada, Diego Santilli, ya había lanzado un "que no se rasguen las vestiduras" sobre las acciones del gobierno brasileño tras el discurso de Milei.

A pesar del alto volumen y de la temperatura de la retórica, el grupo que prefiere apagar el incendio en lugar de echar más leña al fuego empieza a ganar espacio en los dos lados de la contienda, y el desenlace del episodio se inclina más hacia una rueda de samba que hacia una pareja que se separa al final del baile.

El pragmatismo y un comercio bilateral relevante para ambos lados ayudan a entender por qué prevalece este camino de conciliación o, mejor dicho, dejan en claro que la ruptura no estuvo ni cerca de convertirse en un riesgo.

Brasil es el mayor socio comercial de Argentina, tanto como destino de sus exportaciones (14,7 % del total, por delante de China, con 11,3 %; la Unión Europea, con 9,7 %; y Estados Unidos, con 9,6 %) como origen de sus importaciones (24,3 %, frente al 23,7 % de los productos chinos), según datos de la cancillería argentina referidos a 2025.

Del lado brasileño, Argentina es el tercer socio comercial, solo por detrás de China y de Estados Unidos, con unos US$ 31.000 millones. Sin contar que los dos mayores países de Sudamérica en territorio y PIB están juntos en el Mercosur, que hace poco firmó un acuerdo comercial con la Unión Europea y negocia con otros países, como Canadá y Japón.

Queda como lección del episodio la constatación de que, en las elecciones brasileñas, es aún más necesario separar el ruido de la señal. Y de que la retórica política contemporánea a veces es más dura que las viejas disputas entre futbolistas de clubes brasileños y argentinos.

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Fuente: cnn.com