De Ushuaia a Alaska: las mejores —y peores— anécdotas del argentino que recorrió América en moto durante cinco años

2026-05-11 16:40:46 - ARGENTINA


Empezó su viaje en 2021, en plena pandemia, con un sueño: recorrer las Américas en su moto Pantera. Lo cumplió tras cinco años y dos meses recorriendo el continente de punta a punta. Se fue desde Ushuaia, la ciudad más austral del mundo, hasta las auroras boreales de Alaska, y regresó desde el frío polar hasta el mayor emblema de Buenos Aires: el Obelisco, donde llegó el 1 de mayo ante una multitud de fanáticos, amigos y familiares.

Sebastián Villanueva es porteño, oriundo de Barracas, y tiene 33 años. Desde chico siempre le gustó la adrenalina. A los dos o tres años ya andaba en bicicleta. Su amor por las motocicletas llegó un poco más tarde, a los 13 años. “Empecé con un tío mío, mi tío Quique, que era un gran referente para mí y que falleció en 2013. Él me enseñó a andar en moto cuando mis piernas aún no llegaban al piso. Y así arranqué, haciendo equilibrio”, contó Villanueva.

Desde 2015, venía planeando el viaje de su vida aunque por cuestiones familiares y laborales recién pudo darle forma para el 21 de marzo de 2020. Sin embargo, la pandemia de Covid-19 obligó a cancelar la salida. El 20 de marzo, un día antes de su salida, el presidente de la Nación, Alberto Fernández, decretó la cuarentena en todo el territorio nacional.

En ese contexto el joven argentino tuvo que reinventarse. “Yo trabajaba de marketing, todo lo que era social y eventos, había muerto”, explicó. Fue ahí que decidió comprarse un scooter para empezar a repartir pedidos. “Empecé a generar una red de contactos y a repartir, y la verdad es que me fue muy bien”, recordó.

A su vez, utilizó el scooter para practicar de cara a su futuro viaje. “Lo voy a usar, más allá de un trabajo, como un entrenamiento para estar todo el tiempo arriba de una moto. Esa fue mi mentalidad. Me ponía la radio, arrancaba y empezaba a repartir los pedidos. Tenía 30 o 40 pedidos por día. En un momento, dije: ‘Bueno, ya está, me voy a poner una fecha de salida’”, explicó.

Fue así como el 5 de marzo de 2021 Villanueva decidió poner en marcha su travesía. Casualmente e irónicamente, lo hizo el Día del Motociclista Argentino sin saberlo. Partió desde Ushuaia rumbo a Alaska. En el camino argentino recorrió la Ruta 40 y distintos trayectos cercanos.

Después continuó por Bolivia y Brasil hasta llegar al Amazonas. “Navegué tres días por el río Amazonas desde Santarém hasta Manaos. Después, estuve unos días ahí y agarré la BR-319, la famosa ruta fantasma que atraviesa el Amazonas desde Manaus hasta Porto Velho”, explicó.

Y sumó: “Son unos 350 kilómetros de pura selva y tierra. En temporada de lluvia se forma un barrial imposible, pero yo la hice en época seca. Atravesás todo el pulmón del Amazonas, donde te podés encontrar con todo tipo de animales. Llegué a Porto Velho y desde ahí me desvié hacia Perú. Entré por Puerto Maldonado, que está muy cerca de Cusco”.

Después siguió por Ecuador y Colombia. “Cuando estaba en Colombia abrieron nuevamente el paso hacia Venezuela después de no sé cuántos años, entonces decidí ir para allá. Hice cuatro meses en Venezuela, volví a Colombia y crucé a Panamá, Costa Rica, Nicaragua, Honduras y El Salvador”.

Luego continuó por Guatemala, México, Estados Unidos, Canadá y Alaska, hasta llegar a Prudhoe Bay, marcando el punto más septentrional de las Américas.

“Después recorrí Alaska y crucé nuevamente a Canadá, llegando otra vez al círculo polar ártico canadiense, que es mucho más extremo en cuanto a condiciones porque es más inhóspito. También llegué al mar Ártico, donde acampé y me bañé. Era muy frío”, explicó Sebastián.

Comenzó el regreso en noviembre de 2025, con temperaturas de hasta 25 grados bajo cero. En ese tramo atravesó tormentas de nieve, rutas completamente congeladas y situaciones que recuerda como muy difíciles. En el pueblo de Teslin, situado en el territorio de Yukon, en Canadá, un día no le permitieron guardar la moto bajo techo y pasó toda la noche a 17 grados bajo cero. Al día siguiente, el vehículo no arrancó.

“Estuve intentando calentarla durante todo el día. Hasta que la gente del lugar donde me hospedaba entendió que, si la moto no entraba en algún cuarto o espacio cerrado para calentarse, no iba a arrancar. Entonces, desde las dos de la tarde hasta las diez de la noche, la metimos en un cuartito de herramientas, muy pequeño, donde guardaban maquinaria. Recién a las 11 de la noche arrancó”, contó.

Al día siguiente, vivió el peor día del viaje. Recorrió 260 kilómetros con temperaturas de 25 grados bajo cero. “Fue una de las cosas más extremas que hice en mi vida, con mucho riesgo también. Estuve siete u ocho horas manejando, me agarró un principio de hipotermia, casi me muero. Me quemé una mano por el frío y se me deformaron las córneas de los ojos. Estoy vivo de milagro“, dijo a LA NACION.

Y sumó: “No encontré ningún lugar para refugiarme. Fueron 260 kilómetros sobre hielo, en condiciones extremas. Arriba de la moto, con la velocidad, la sensación térmica llegaba a 40 o 45 grados bajo cero. Fue el peor momento del viaje”.

Desde Canadá siguió para los Estados Unidos. “Fui para Chicago, hice Nueva York, Miami y desde ahí envié la moto a Bogotá. Después volví a entrar a Venezuela por Brasil y finalmente regresé a la Argentina hasta Buenos Aires”, explicó.

Llegó el 1 de mayo de 2026 a la capital argentina, tras cinco años, dos meses y cuatro días del inicio de la aventura de su vida. Una multitud de amigos, conocidos, fanáticos y seguidores lo esperaba en Buenos Aires.

Fue emoción pura. Saber que, dentro de todo, hice las cosas bien. Vino gente de todas partes: venezolanos, personas de otras provincias. Fue un momento inolvidable. Quedó grabado en las redes y próximamente va a salir en YouTube, pero también quedó grabado en mi retina para toda la vida”, contó el joven porteño.

En estos cinco años, Sebastián recorrió más de 125.000 km, pero ese viaje no solo se cuenta por números, desafíos cumplidos o kilómetros recorridos, sino también por encuentros, vivencias obtenidas, innumerables historias contadas y los rostros de quienes compartieron ese tramo.

En 2021 el joven porteño conoció a César y Yolanda, una pareja de adultos mayores del norte neuquino, entre Chos Malal y Barrancas, en un camino de montaña muy inhóspito. “Ahí no te cruzás con nadie. Me encontré a César andando a caballo, un hombre de unos 85 años que tiene sus chivos en la montaña. Me puse a charlar y me invitó a la casa a tomar mates. Estuve con él y con Yolanda, su esposa, que me contaban que viven ahí, que los inviernos son muy duros y que para llegar al pueblo tienen una hora y media de cabalgata. Viven muy aislados y trabajan criando y vendiendo chivos”, contó.

En Colombia, algunos meses después, atravesó la “zona roja”, una región vinculada a la guerrilla en el departamento del Huila, al sudoeste del país y cerca de la frontera con Ecuador. “Es una zona muy complicada, yo me había metido por un camino de tierra, uno de esos caminos internos poco transitados, y quedé atrapado en un barrial. Había muchísimo barro. Cerca había una casa y escucharon la moto. Entonces salieron dos niños en bicicleta a ayudarme. Entre los dos me ayudaron a levantar la moto y a salir de ahí. Ese día terminé acampando en ese lugar”, recordó.

En Costa Rica tuvo que atravesar ríos durante algunos tramos off-road, en zonas donde había cocodrilos. “Había una persona que te guiaba para cruzar el río y no salirte del camino, porque no se veía el piso. Si te equivocabas, te podías caer al río, y era un río lleno de cocodrilos”, explicó el porteño.

En Honduras terminó durmiendo en una casa abandonada. “Llegué a un poblado y no tenía dónde dormir, entonces unas personas me dejaron quedarme ahí. Dentro de la habitación había un murciélago dando vueltas en el techo, pero dormí igual”, relató.

En otra ocasión, en Bombay Beach, frente al Salton Sea en Estados Unidos, conoció a una comunidad hippie que vive en el lugar. Allí se cruzó con “Manifest”, un hombre que vivía en una casa rodante junto a su perro y siete gallinas. “Era uno de esos personajes espectaculares, muy conspiranoico, pero al mismo tiempo muy amable. Terminé acampando ahí con él”, recordó.

Durante el invierno polar canadiense vivió numerosos episodios y conoció sus pueblos originarios, sus culturas y tradiciones milenarias. “Pude compartir muchos momentos con ellos y fue buenísimo, desde la pesca, la caza, ellos después utilizan las pieles para abrigarse. Hice los trineos tirados por huskies. Eso siempre fue fundamental para ellos, para comunicarse y trasladarse antes del ferrocarril”, contó Villanueva.

Y añadió: “Cada grupo tiene habilidades y costumbres distintas. Es impresionante cómo sobreviven en esas condiciones extremas. Viven varios meses con muy poco sol y después tienen la noche polar que dura 20 días, no hay ni una pizca de luz, son noches eternas en las que las temperaturas llegan a 45 o 50 grados bajo cero". Actualmente, el gobierno de Canadá reconoce oficialmente a tres grandes grupos indígenas: las Primeras Naciones, los inuit y los métis.

El argentino también recordó las noches en las que acampó en Alaska rodeado de animales salvajes. “Dormí al lado de osos y lobos. Escuchaba el ruido de los lobos y tenía a los osos a apenas unas decenas de metros”, contó. Y sumó: “No te queda otra que agarrar todas las estampitas y rosarios que tengas por las dudas. Lo importante es no tener comida dentro de la carpa. Tampoco cosas con olor fuerte, como cosméticos o cítricos, porque eso atrae a los osos. Y siempre hay que estar atento. Tener gas pimienta para osos es muy importante y, bueno, rezar unos tres padres nuestros”.

Sobre los países más hospitalarios que visitó, destacó especialmente a Venezuela y Colombia. “La gente anda mucho en moto y te abre las puertas de una manera increíble. Te dan una mano en cualquier lado. Igual la pasé increíble en todos los países y hoy tengo muy buenos amigos en varios de ellos”, sostuvo.

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A nivel paisajístico, Sebastián ubica a nuestro país dentro de su top tres de los mejores lugares del viaje. “Con todo lo que hay en la Argentina, la verdad es que no tenemos nada que envidiarle a ningún país. Tenemos todo: montañas, glaciares, selva, desierto, cordillera”, sostuvo.

Y añadió: “Después pienso en el desierto de Perú, que es una locura. Pienso también en los lugares donde acampé, yo acampé en el Gran Cañón del Colorado y fue una de las mejores experiencias de mi vida. Dormí al borde del precipicio. Lo busqué, lo soñé y lo hice. Fue una experiencia increíble”.

Sebastián empezó desde cero con su canal de YouTube y hoy suma más de un millón de seguidores entre todas sus plataformas: alrededor de 440.000 en Instagram (seba.adventure), 360.000 suscriptores en YouTube y cerca de 300.000 en Facebook.

“La gente empezó a seguir mi contenido, de a poco. Viajar en una moto grande y hacer este tipo de aventuras no es algo tan fácil de transmitir. Socialmente me costó llegar a las personas, pero de a poco la gente se fue enganchando con el canal, con el programa y con el viaje”, contó.

Y sumó: “Muchas veces grababa un país y empezaba a subir los capítulos cuando ya me estaba yendo. Entonces todavía no me reconocían tanto en la calle. Pero cuando volví a entrar a la Argentina o a Venezuela fue una locura. Ahí tomé dimensión de la cantidad de gente que me seguía. Empezás a entender el impacto real de todo lo que hiciste”.

Sebastián perdió a su padre cuando era joven y asegura que hoy le emociona ver a familias enteras siguiendo su viaje. “Hay familias que miran los capítulos juntas y se emocionan. Para mí eso es muy fuerte. Yo perdí a mi papá temprano y a él nunca le gustaron las motos. Entonces saber que este viaje une a familias y genera eso en la gente me llena de orgullo”, explicó.

Gracias al viaje también conoció a distintas personalidades y figuras reconocidas. “De repente me escribía el cantante Chano porque le gustaba mi contenido y me seguía. Hay mucha gente que llega a los videos y uno ni se da cuenta. O el humorista y actor Miguel Granados, por ejemplo, que me seguía y yo ni me había enterado. Un día aparecí en OLGA en una nota, sin que me preguntaran nada, como ejemplo de un viaje en moto”, contó.

Para el joven argentino lo más importante es proponerse un objetivo y empezar a trabajar por él. “La plata ayuda, obviamente, pero no es un limitante. La moto tampoco lo es, ni la cilindrada. Como digo en una de las frases del viaje: los límites están en la cabeza y los sueños en el corazón. Muchas veces nos frenamos solos diciendo ‘no puedo’ o ‘eso no se puede’, y esa termina siendo una barrera invisible. Lo lindo es que mucha gente se siente identificada, sueña y se motiva a hacer lo que tiene ganas en su vida”, reflexionó.

Y agregó: “Tuve mil trabas en la vida, pero siempre seguí para adelante intentando lograr lo que me proponía. Lo importante es intentar una y otra vez. No importa si sale o no, lo importante es no dejar de intentarlo. Tengo un poco la filosofía de que no hay problema sin una nueva experiencia. Es una frase que siempre me acompaña y que está buena, porque todo problema termina convirtiéndose en una experiencia nueva”.

Para Sebastián también fue muy importante llevar la bandera nacional y representar bien a la Argentina: “Siempre tuve muchísimo orgullo por la Argentina, por mi país, y lo llevo con todo mi corazón. La bandera siempre en alto, en cualquier rincón y en cualquier parte del mundo. Y lo voy a seguir haciendo con muchísimo orgullo”, aseguró.

Hoy, vive completamente de los ingresos de su contenido en las distintas plataformas, pero ese camino también llevó tiempo. Recién después de dos años comenzó a percibir ingresos gracias a las redes sociales. “Fui avanzando de a poco y más o menos a los dos años empecé a recuperar algo de lo que había invertido. Ahí empezó también el crecimiento en redes”, contó.

El viaje originalmente no estaba planeado para durar tanto tiempo, pero terminó extendiéndose a cinco años y dos meses, en parte por el trabajo detrás de las redes sociales y YouTube. “Tardé cuatro años y medio en subir hasta Alaska y apenas seis meses en volver. Lo que pasa es que yo iba trabajando durante el viaje: grabando, editando y subiendo contenido. Hay cientos de recuerdos de este viaje”, explicó Sebastián.

Para 2026, el motociclista argentino no piensa quedarse quieto y ya planea seguir recorriendo la Argentina. Además, quiere conocer Uruguay y Chile, dos países vecinos que no llegó a recorrer durante la travesía, y terminar un libro sobre sus aventuras.

Fuente: google.com