2026-05-21 06:02:42 - ARGENTINA
El acceso a la educación inicial sigue estando fuertemente condicionado por los ingresos del hogar. En los sectores más vulnerables, solo el 41% de niños de 3 años asiste al nivel inicial. Es el porcentaje más bajo entre los países analizados. Así lo mostró un informe elaborado por Argentinos por la Educación que analiza la cobertura del nivel inicial en Argentina, Chile, México, Perú y Uruguay.
A pesar de haber mostrado avances significativos en los últimos diez años, Argentina alcanzó un 83% de asistencia entre niños de 3 a 5 años en 2024. Este porcentaje posiciona detrás de Chile (82%) y Perú (83%), y todavía se encuentra 10 puntos por debajo de Uruguay, que lidera la región con un 93% de cobertura.
El informe “Cobertura del nivel inicial: una comparación entre países de la región” destaca que el mayor crecimiento en la región se dio en la sala de 3 años. Argentina pasó de un 40% de asistencia en 2014 a un 55% en 2024, aunque presenta el porcentaje más bajo de asistencia entre los niños más pobres de esa edad, el 41%, frente al 71% en los sectores medios y el 63% en los sectores más ricos.
La situación se replica en la sala de 2 años, donde solo el 10% del sector más pobre asiste a espacios educativos, frente al 44% del sector más rico.
“La primera infancia es un periodo clave para la formación de capital humano, y aún persisten graves desafíos en cobertura y calidad en América Latina y el Caribe que la región no puede darse el lujo de ignorar, dados sus preocupantes niveles de productividad, crecimiento, crimen y pobreza, todas variables altamente dependientes de intervenciones de calidad en los primeros años”, remarcó Florencia López Boo, profesora de la Universidad de Nueva York.
Y agregó: “Es importante destacar que, según estudios previos, la asistencia al jardín a los tres años de edad en la región es alrededor de 10 puntos porcentuales superior para los niños de zonas urbanas en comparación con los de zonas rurales, lo que muestra la prioridad que debería darse a la focalización de intervenciones costo-efectivas dirigidas a la primera infancia en zonas rurales”.
En esa misma línea, Carolina Semmoloni, investigadora del Centro de Investigación Aplicada en Educación (Ciaesa), indicó: “El acceso fragmentado al nivel inicial se inscribe en un contexto en el que casi la mitad de las familias con niños pequeños vive en situación de pobreza, y donde la oferta de gestión estatal destinada al primer ciclo (de 45 días a 3 años) continúa siendo escasa frente a la del sector privado. Como resultado, la responsabilidad de asegurar el acceso para este grupo de edad suele transferirse a las familias y al mercado, lo que refuerza las desigualdades socioeconómicas desde las etapas más tempranas de la vida”.
Los especialistas insisten en que el descenso en la tasa de natalidad es una oportunidad histórica para planificar una revisión estratégica del sistema. “Debe acompañarse de una fuerte decisión política de inversión y fortalecimiento institucional”, planteó Gabriela Fairstein, profesora de la Universidad de Buenos Aires y Flacso.
Semmoioni precisó que la expansión de la educación inicial debe estar planificada estratégicamente “por principios de equidad, para asegurar el acceso de los niños y niñas más pequeños, de territorios más alejados y de sectores de menores ingresos”.
El panorama cambia a medida que aumenta la edad de los niños. A los 5 años, la cobertura es prácticamente universal en todos los sectores sociales de Argentina, con tasas que oscilan entre el 97% y el 100%. En sala de 4, el país registró el mayor avance de la región en la última década, pasando del 75% al 91% de asistencia. Aun así, persiste una brecha de 14 puntos porcentuales entre el sector más pobre (83%) y el más rico (97%) para esta edad.
A nivel regional, el estudio subraya que si bien las normativas han avanzado —como en Perú, donde la sala de 3 es obligatoria—, la infraestructura y la oferta educativa no siempre acompañan la ley. “Ampliar la cobertura no puede pensarse únicamente como una meta de infraestructura o vacantes disponibles: requiere políticas integrales que acompañen especialmente en los territorios donde las desigualdades son más persistentes”, dijo Alejandra Perinetti, directora Nacional de Aldeas Infantiles SOS Argentina.
“Garantizar el acceso a espacios educativos y de cuidado de calidad desde edades tempranas no solo mejora las trayectorias educativas, sino que también es una herramienta central para interrumpir ciclos de exclusión”, agregó.
Ianina Tuñón, investigadora del Observatorio de la Deuda Social Argentina (ODSA) de la Universidad Católica Argentina, coincidió y precisó que cerrar las brechas de asistencia “no solo igualaría oportunidades educativas, sino que también potenciaría el capital cultural y emocional dentro de los hogares más vulnerables”.
“Nuestra evidencia empírica indica que la asistencia a la educación inicial en contextos de pobreza actúa como un catalizador del entorno familiar: los niños y las niñas que asisten reciben significativamente más estímulos en el hogar –cuentos, canciones, juegos y rituales afectivos como festejar el cumpleaños– en comparación con sus pares del mismo nivel socioeconómico que no asisten”, señaló.
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