Los mariachis callaron: el silencio de la Plaza Garibaldi tras la eliminación de México del Mundial

2026-07-07 11:12:30 - MUNDO

Blanca Esthela Sánchez recorrió una y otra vez la Plaza Garibaldi este domingo en busca de algún cliente que quisiera escuchar música mexicana. “¿Te gustaría una canción?”, preguntaba. Pero la poca gente que llegaba corría para resguardarse de la lluvia y buscar dónde ver el partido de México contra Inglaterra.

Garibaldi, uno de los lugares más emblemáticos de la Ciudad de México por su música de mariachi, se perfilaba para ser uno de los lugares con más fiesta durante el Mundial 2026. Sin embargo, la escasa promoción turística y el retiro de una megapantalla para ver los juegos provocaron que disminuyera la presencia de visitantes, lo que en consecuencia, impactó los ingresos que los trabajadores de la zona esperaban recibir.

“Ahora que no está la pantalla ya no hay afluencia de gente como lo había en un principio. Los primeros dos partidos estaba abarrotado todo este lugar. Ahora está vacío, llega a haber uno que otro turista, pero ya no está como anteriormente”, comentó la violista.  

Solo en el juego inaugural contra Sudáfrica y luego en el partido contra Corea del Sur, Blanca pudo mejorar sus ingresos. En esos dos primeros encuentros, miles de personas acudieron a la plaza, ubicada sobre el Eje Central Lázaro Cárdenas, entre las calles Allende, República de Perú y República de Ecuador, para ver a la Selección Nacional en una megapantalla. La gente estaba animada y pedía escuchar sus canciones. Sin embargo, para el tercer partido esto cambió, pues el gobierno capitalino decidió retirar de ahí la pantalla y la afición prefirió irse al Zócalo o al Ángel de la Independencia.

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Una lluvia que no cesó bien a bien en todo el día provocó que la música de mariachi no se escuchara en Garibaldi la tarde del domingo. Luego, la derrota de la Selección Mexicana terminó por apagar la fiesta mundialista.

Si Blanca y sus compañeros tenían dificultades para encontrar clientes por la lluvia previo al partido, después del silbatazo final fue casi imposible, pues la gente comenzó a abandonar Garibaldi. “¿Alguna canción?”, se acercaban a preguntar los músicos por si alguna persona quería cantar su desilusión por la derrota mexicana.

El Mundial en la Ciudad de México, donde se jugaron cinco partidos, no trajo derrama económica ni a los músicos ni a los negocios de Garibaldi. “Todo el tiempo hay altas y bajas, a veces hay ambiente y a veces no”, explicó Ignacio Marcial, otro mariachi.

La instalación de una megapantalla sí benefició a algunos mariachis en un inicio, pero otros músicos como Marcial, opinan que la presencia de gente en la plaza tampoco era necesariamente sinónimo de aumento en sus ganancias, pues muchos aficionados veían el partido y después se iban a algún bar o se retiraban.

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Esta realidad contrasta con la expectativa que tanto músicos como comerciantes tenían previo al Mundial. En la inauguración del torneo algunos medios de comunicación incluso relataron que Garibaldi se volvió el “epicentro” de las fiestas mundialistas

El ánimo fue en picada y para la mitad del torneo el turismo disminuyó y los aficionados mexicanos prefirieron seguir a la selección desde otros puntos de la capital.

Las terrazas de los bares de Garibaldi se empezaron a llenar de gente, previo al inicio del partido de México contra Inglaterra. Por fuera lucían llenos de clientes, pero por dentro se encontraban vacíos. Los miles de aficionados que apoyaban a la Selección Mexicana estaban a unos 15 minutos de distancia, en el FIFA Fan Fest del Zócalo.

“Los días de los partidos vendimos el doble de lo que hubiésemos vendido un buen día. Ahora (el domingo 5 de julio) que no estuvo la pantalla fue un día normal, llegó algo de gente, se vendió normal”, comentó Raciel González, representante de la Asociación de Comerciantes Establecidos de la Plaza de Garibaldi.

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La Asociación agrupa a diez restaurantes de la plaza, entre los que se encuentra el Salón Tenampa, fundado en 1925 y el más tradicional de Garibaldi. Otros restaurantes que forman parte de la organización son el Salón Tropicana, el Museo del Tequila, Guadalajara de Noche y La Simpatía.

El día del partido de México contra Inglaterra, el Salón Tropicana, dirigido por Raziel, se encontraba vacío. Música de banda a todo volumen, luces de colores y pantallas prendidas en el canal del partido fueron parte de la estrategia para atraer gente, pero no funcionó.

“En la inauguración todo estaba lleno”, explicó Raciel en el interior del Salón Tropicana. Solo la terraza contaba con algunas personas emocionadas por ver el último partido de la selección.

Mientras la explanada de Garibaldi lucía vacía, dentro del mercado el local Beto y Lety vibraba con música, aplausos y gritos de apoyo durante lo que fue el último juego de México en el Mundial 2026. Algunos mariachis que no pudieron encontrar clientes se quedaron parados frente a este local para ver el partido.

“¡Sí se puede! ¡Sí se puede!”, fue el grito de los comensales cuando México metió el primer gol de la noche. “¡Quiñones! ¡Quiñones! ¡Quiñones!”, gritaban algunos aficionados al delantero naturalizado que hizo una anotación para acortar distancias con Inglaterra.

Al medio tiempo del partido, los dueños de Beto y Lety organizaron una rifa de balones, gorras y otros regalos para sus clientes. “¡La mesa más prendida se los lleva!”, dijo el organizador y en cuestión de minutos la gente se subió a bailar a las mesas para después armar una víbora de la mar. Los aplausos y las risas aumentaron cuando una mesera tomó un Chucky, el muñeco de la película de terror, y lo lanzó por lo alto. “¡Quiere volar!”, gritaron los asistentes. 

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El segundo tiempo del partido se reanudó. Inglaterra metió el tercer gol. México metió su segundo tanto y acortó distancias. El “¡Sí se puede! ¡Sí se puede!” no se dejó de escuchar, hasta el último centro que la Selección Mexicana mandó al área en busca de un gol que nunca cayó.

El árbitro pitó el final. Los dueños del local Beto y Lety pusieron a todo volumen “El Rey”, canción compuesta por José Alfredo Jiménez, e interpretada por Vicente Fernández. Los mariachis que veían el partido regresaron a la plaza semivacía para buscar clientes a quienes tocar una canción. La explanada seguía vacía por la lluvia y porque no hubo pantalla. La fiesta del Mundial, ahora sí definitivamente, ya había terminado para México.