Cada mañana, Maikol Morales vuelve al mismo lugar: el edificio donde hasta hace un mes vivía con su familia y que hoy es una montaña de concreto y polvo. Ya recuperó el cuerpo de su madre. Ahora busca a su padre, a su hermana y a sus sobrinos.
"Ya saqué a mi mamá. Ahora estoy sacando a mi papá, a mi hermana y a mis sobrinos. Esta es mi casa. Aquí los tengo que buscar. Estoy seguro de que todos están aquí", cuenta Morales desde La Guaira, el estado costero más golpeado por el doble terremoto que sacudió Venezuela hace un mes, uno de los más devastadores y el más fuerte registrado en más de un siglo en el país.
Como Morales, decenas de familiares siguen regresando cada día a los edificios derrumbados. Mientras las labores de rescate disminuyen y buena parte de los equipos internacionales ya abandonó el país, muchos de los trabajos para recuperar cuerpos dependen ahora de voluntarios y de los propios familiares, que remueven toneladas de concreto con herramientas básicas y, en ocasiones, con sus propias manos.
Maikol Morales en el lugar donde se encontraba su vivienda en La Guaira, un mes después del doble terremoto que afectó la zona. - Reuters
Maikol Morales busca entre los escombros de lo que fue su casa en La Guaira, donde continúa intentando recuperar los cuerpos de sus familiares. - Reuters
Para ellos, la prioridad ya no es tanto encontrar sobrevivientes, sino recuperar los cuerpos de sus familiares. Esa es también la razón por la que Arlinda Prada no ha dejado de volver.
"El hecho de saber que están es suficiente. Es el hecho de poder recuperar su cuerpo y darles santa sepultura y poder mentalmente y emocionalmente cerrar ese ciclo", dice Prada.
"Esto no va a parar. No es un tema de momento. No es un tema de tendencia. Es una necesidad humana, una necesidad emocional poder conseguir a nuestros familiares", añade.
Arlinda Prada espera poder recuperar los cuerpos de sus familiares, un mes después del terremoto que golpeó Venezuela. - Reuters
Las primeras semanas tras los terremotos estuvieron marcadas por la llegada de brigadas de rescate y hospitales de campaña de distintos países. Un mes después, su presencia comienza a reducirse.
Los Topos de Tlatelolco, uno de los grupos mexicanos especializados en rescates, anunciaron hace unas tres semanas que se retiraban al considerar terminada la llamada "ventana biológica" para encontrar sobrevivientes y para facilitar el ingreso de maquinaria pesada.
España también puso fin esta semana a la misión de su hospital de campaña, instalado el 4 de julio en el Parque Francisco de Miranda, en Caracas, para atender a los afectados por los terremotos. Durante cuatro semanas, el hospital provisional atendió a unas 3.500 personas, según Marta Catalinas, jefa de la misión y responsable del área de emergencia humanitaria de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID).
Rescatistas y familiares de las víctimas recuperan un cuerpo entre los restos de un edificio derrumbado en Caraballeda, La Guaira, donde las labores de búsqueda continuaron semanas después del terremoto. - JUAN BARRETO/AFP/AFP via Getty Images
Aunque hasta este miércoles permanecían en Venezuela poco más de 2.000 rescatistas internacionales, según el presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez, varios de los equipos que llegaron durante las primeras semanas de la emergencia ya dieron por terminadas sus misiones.
Carlos Pirela, un venezolano que vive en Chile y viajó cuatro días después del terremoto para colaborar como voluntario, también prepara su regreso.
"Ha sido duro porque las familias van encontrando a sus seres queridos y uno siente que se va quedando solo. Pero también queda la satisfacción de haber ayudado a muchas personas a encontrar ese cierre. En este momento solo quiero descansar con mi familia", contó a Reuters.
Mientras la fase más intensa de búsqueda y rescate llega a su fin, las organizaciones humanitarias advierten que Venezuela entra ahora en una etapa igual de compleja.
El Comité Internacional de Rescate (IRC) alertó esta semana que, sin una inversión urgente para reactivar la economía y reforzar los servicios básicos, los terremotos podrían desencadenar una crisis humanitaria aún más profunda. Antes del desastre, según la organización, cerca de 8 millones de personas ya necesitaban asistencia humanitaria. En apenas un mes, esa cifra aumentó 1,4 millones.
"Más allá de los edificios destruidos y de las personas que fueron rescatadas entre los escombros, hay una devastación económica más silenciosa que cada día se hace más evidente", señaló Rafael Velásquez García, responsable de la respuesta del IRC a los terremotos en Venezuela. "Para que la reconstrucción tenga alguna posibilidad de éxito, debemos reactivar las economías locales, apoyar a los pequeños negocios y conseguir que las escuelas vuelvan a funcionar".
Vista general de un campamento de atención médica en La Guaira, Venezuela, donde la población recibe ayuda tras los terremotos ocurridos en junio de 2026, que dejaron miles de muertos, heridos y desaparecidos. - Edilzon Gamez/Getty Images South America/Getty Images
La Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja (FICR) coincide en que la emergencia está lejos de terminar. La organización advirtió en un comunicado que muchas familias aún enfrentan problemas para acceder a agua potable y saneamiento, lo que aumenta el riesgo de enfermedades.
"El desastre está lejos de terminar. Continuar con las distribuciones de artículos esenciales y cuidar del bienestar de la población y de la salud pública es y seguirá siendo una prioridad en el mediano plazo; pero más adelante también lo será garantizar que las personas recuperen sus medios de vida y sus actividades de generación de ingresos", afirmó Loyce Pace, directora regional de la FICR para América.
La federación considera que entre las necesidades más urgentes también está ofrecer apoyo psicológico a miles de personas que siguen afrontando la pérdida de familiares, viviendas y medios de vida.
Un mes después de los terremotos, la vida de miles de venezolanos sigue marcada por las pérdidas. Las cifras oficiales presentadas por el presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela, Jorge Rodríguez, reportan que hasta este miércoles había más de 5.000 muertos y cerca de 18.000 personas que perdieron sus viviendas. Más de 23.000 continúan alojadas en 107 campamentos temporales.
La destrucción también dejó una huella profunda en la infraestructura del país. Las autoridades reportan que 190 edificios colapsaron, mientras que un análisis de la NASA con información satelital estimó que cerca de 60.000 sufrieron daños o se derrumbaron. Además, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) calculaba que unos 8,6 millones de personas estuvieron expuestas al impacto de los terremotos y que las pérdidas económicas podrían alcanzar los US$ 6.700 millones, equivalentes al 6% % del Producto Interno Bruto (PIB) de Venezuela.
Entre esas cifras todavía queda una pregunta sin respuesta: cuántas personas siguen desaparecidas. Un mes después de los terremotos, el Gobierno venezolano aún no ha dado un balance oficial sobre los desaparecidos.
En el cementerio La Esperanza, ubicado en una zona montañosa de La Guaira, autoridades locales y líderes comunitarios habían habilitado un área especial para los cuerpos recuperados de los escombros que todavía esperaban ser identificados por sus familiares.
Trabajadores trasladan uno de los ataúdes de las víctimas de los terremotos del 24 de junio en el cementerio La Esperanza, en La Guaira, donde continúan los entierros tras la tragedia. - Adriano Machado/REUTERS/REUTERS
Esa incertidumbre también llevó a Milagris Rodríguez a viajar desde Chile, donde vive desde hace nueve años, para buscar a su madre.
"Desde el día del terremoto no he sabido nada de ella. La he buscado en hospitales de Caracas y en todos los lugares donde me dijeron que podía estar. Fui al sitio donde están llevando a los fallecidos y tampoco apareció", contó a Reuters.
Mientras gran parte de los equipos internacionales han regresado a sus países, para familias como la de Morales el tiempo parece detenido. Cada mañana vuelven al mismo edificio, ahora convertido en escombros, convencidas de que, bajo los escombros, todavía pueden encontrar a quienes buscan desde hace un mes.
Con información de Mauricio Torres y la agencia Reuters
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