2026-05-06 17:48:46 - MUNDO
Rolando Diaz (La Habana, 1947) sigue siendo un muchacho de Luyanó, un “barrio popular, rumbero y sonero” de la capital cubana, cuenta a DW. De padres campesinos de Pinar del Río, creció “frente con frente a la orquesta Melodías del 40” y viendo todo tipo de cine: melodramas, westerns de Hollywood, los Angry Young Men ingleses, neorrealismo italiano, nueva ola francesa, cine de Europa del Este.
La historia de su vida y su cine son también la del deslumbramiento y la desilusión con la Revolución Cubana de 1959. Empezó a hacer cine “por abajo”, como asistente de sonido y proyeccionista, desde los 20 años. Debutó como director a los 27. Rodó 82 ediciones del entonces “crítico” Noticiero ICAIC Latinoamericano, mostrando en el cine, antes de las películas, “todo el deterioro que a estas horas ya es brutal, pero empezó desde mucho antes”.
Fue corresponsal de guerra en Angola, el primer país que visitó fuera de Cuba, cuando aún era “un devoto de la Revolución”. Su primera gran desilusión “vino cuando rodé en Siberia. Ahí sufrí una gran desilusión de lo que era la Unión Soviética y de lo que era el comunismo, del sufrimiento que pasaba la gente y todas las angustias que había”.
Su primer largometraje de ficción fue una comedia con la que los cubanos lo identifican hasta hoy, Los pájaros tirándole a la escopeta (1984), con música de la popular orquesta de salsa Los Van Van. Pero, tras la muerte de su esposa por un cáncer de mama a los 57 años, empezó a hacer “películas bastante tristes, tocado por ese dolor”. Su más reciente película,Adiós Cuba (2025), es también un drama. Sin embargo, nunca le ha faltado y le “fascina” el humor.
A sus casi 79 años, dice que ha hecho, “para un cineasta latinoamericano, bastantes películas, porque a nosotros nos cuesta hacer cine”. Cuenta ya 12 largometrajes, ocho de ellos rodados en el exilio ―en España, Republica Dominicana y Estados Unidos―, y 18 cortos.
Lleva 35 años en España, tiene la nacionalidad española, ha representado a ese país en grandes eventos internacionales, “pero soy cubano, no español... Me fui de Cuba porque no me quedó más remedio. Me prohibían películas, porque creí en la Revolución, pero me fui desencantando”. La última vez que estuvo en el Festival de Cine de La Habana, tras las protestas del 11 de julio de 2021, criticó en su presentación en el cine la “nefasta” represión estatal y supo que se discutió su posible expulsión del país.
Entre lo que más extraña aún está el deporte nacional, el béisbol, al que dedicó su segunda película, el drama En tres y dos (1985). Y está escribiendo una comedia para el teatro, una segunda parte de Los pájaros tirándole a la escopeta, que se desarrolla y estrenará en Miami.
DW: Además de Adiós Cuba (2025), ya disponible en la plataforma Vimeo, ¿cuáles de tus películas no deberían faltarnos para conocer tu cine?
Creo que hay que ver Redonda y viene en caja cuadrada (1979), un corto de diez minutos, una broma dedicada a la locura del público fanático del béisbol, que en realidad no cuenta nada que tenga que ver con el béisbol, aunque todas las imágenes son de béisbol. Un divertimento que estuvo siempre entre los documentales cubanos mejor vistos, y que no tenía nada que ver con la política, aunque en el año 1979 todo tenía que ser política.
También mis películas prohibidas, las que no tuvieron oportunidad de verse en Cuba o se vieron en un festival un día, pero en realidad nunca existieron. Ahí hay dos grandes dolores para mí: Si me comprendieras (1999), que trata el tema del racismo en Cuba, y Melodrama (1996), una comedia enloquecida que apenas se ha podido ver en Cuba (ambas se vieron en la Berlinale).
Y ahora se suma Adiós Cuba. Yo sueño con que algún día, en un cine, la gente en Cuba vea esas películas, a toda pantalla (porque yo soy un amante del cine, aunque sé que no queda más remedio que verla en el ordenador, en el televisor de tu casa o hasta en el teléfono).
¿Por qué filmas Adiós Cuba y, sobre todo, lo cómo logras?
Hago esta película porque siento que Cuba, que ya es una isla de viejos, está corriendo el riesgo de desaparecer como nación. Todo el mundo se ha ido. Y eso me lo dice mucha gente. Ya tengo muy pocos amigos dentro de Cuba. La nación se vacía. Y todo este éxodo de juventud con la que trabajé en la película, todo ese talento emigra. Y 'esta gente' llenando de mentiras y de consignas de que construyen un futuro, un 'cuento chino' que no hay quien se lo pueda a tragar, cuando no hay ni siquiera juventud para poder prolongar la vida de la nación.
La película se hizo con poquísimo dinero, con mucha imaginación, muchos deseos y mucho amor de todo el equipo. Puse de mis ahorros y el entusiasmo de dos amigos que me siguieron y apoyaron. Casi nadie cobró y algunos cobraron lo mínimo para poder sobrevivir.
Yo diría: cine paupérrimo. Pero siempre me regaña el músico que me apoyó porque me dice no hay que decir eso, porque la película tú la ves y tiene una dignidad visual tremenda. En la fotografía, en todo. Pero yo tengo que decir la verdad.
Lo que se rodó en Cuba se rodó sin pedir permiso. No se puede decir que clandestino, ahora que se rueda con móvil, con cámaras muy pequeñas. Yo le di esa tarea a Fernando Pérez (un reconocido director de cine cubano y gran amigo). Él armó la producción y entrevistó a esta muchacha que decidió regresar a Cuba porque no soportó el desarraigo. En Estados Unidos creamos un equipo pequeño. El grueso de la película se rodó en Valencia, incluida la casa de Caridad, la protagonista, que es donde vivió José Martí ― héroe nacional de la isla y su exilio ― entre los 2 y los 4 años.
Todavía no, porque la película está colgada para alquilar en Vimeo y eso no está disponible en Cuba. Pero a mí me encantaría verla en un cine cubano. En Miami tuvo 150 funciones y cinco semanas consecutivas de éxito en un cine comercial. Se ha visto en varios festivales, como el de Trieste, en Italia, donde ganó el Premio del Público. En Miami ganó el segundo Premio del Público. Se exhibió en Nueva York, ciudades de Alemania y en España.
¿Cuánto hay de Rolando en la directora de teatro que protagoniza Adiós Cuba y que hace una obra de teatro sobre la emigración, porque ese es también su tema y su trauma?
Es un alter ego, por el esfuerzo de hacer la película y por la lucha de poder llevar adelante una película en las condiciones en que nosotros tuvimos que rodar. Lo que sufrían en la obra de teatro es lo que sufríamos nosotros. Y no es la única vez que yo he tenido que hacer cine así fuera de Cuba, aunque nunca en estas condiciones tan tremendas, sin nada.
Era urgente. Primero, porque soy mayor. Y los viejos somos discriminados. Las ayudas, los festivales, los productores... Es como que ya pasaste de moda. Eso también me hizo ir adelante con todo, porque no sé si voy a poder seguir filmando. Y, por otra parte, la urgencia de que de verdad tengo un sincero temor de que la isla puede desaparecer como yo la conocí, como yo la quise.
Al final de la película suena un tema que estremece al público. Los actores cantan un “adiós para siempre” en clave de rumba. ¿Es Adiós Cuba un adiós para siempre para ti? ¿O tienes otra película en la manga?
Yo tengo una historia que quiero contar, en tono de comedia dramática, de una madre que tuvo que emigrar sin papeles y dejar al hijo, y busca traerlo de Cuba, volverse a reunir con él, porque ella se fue desesperada, sin solución para mantener todo aquello. Pero yo no tendría cara para volver a convocar a la gente sin dinero.
El público te ha preguntado por la solución a los dramas cubanos. El presidente estadounidense, Donald Trump, lanza amenazas a la isla casi todos los días. Y una reciente encuesta de medios independientes a 42.000 cubanos (al menos 58 % dentro de Cuba) indica que hay no pocos cubanos tan desesperados que incluso piden una "intervención militar directa" en Cuba…
Yo soy martiano. Y José Martí, un héroe tan citado por todo el mundo, tanto en Miami como en La Habana, nunca hubiera deseado que nadie invadiera Cuba. Ahora, hay algo dramático ahí: ¿por qué el Gobierno cubano no habla con el pueblo cubano? ¿Por qué insiste en la mentira y no se quiere dar cuenta que el pueblo está ahogado? Quieren tener la razón y quieren vender al mundo la idea de que ellos tienen la verdad, de que ellos son el socialismo y el futuro. Entonces, ¿qué nos queda? La desesperación es lo único que nos queda. Es casi un sofisma lo que estoy diciendo, porque qué más quisiera yo que un cambio en Cuba. Es lo que más deseo en mi vida.
(cp)
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