2026-05-11 10:38:46 - MUNDO
Desde el zaguán de su casa, Jairo Geovanni acomoda una pequeña parrilla. Ahí prepara hamburguesas y alitas. El negocio que antes operaba en la banqueta, ahora debe atenderlo desde el interior de su vivienda, como parte de las nuevas medidas que autoridades de la Ciudad de México implementan para “limpiar” los accesos hacia el Estadio Banorte.
“Ni bancos, ni mesas. Entonces la gente comiendo parada es un nuevo reto. No es lo mismo disfrutar que comer rápido e irse al estadio”, dice.
El negocio lo heredó de su abuela, quien durante años vendió comida dentro del Estadio Azteca.
“De ahí viene el amor por el negocio. Mi abuela ha sido comerciante desde hace 45 años vendiendo dentro del Estadio Azteca”, cuenta.
Su historia se desarrolla en la colonia Santa Úrsula Coapa, en la zona perimetral del estadio, donde la transformación urbana es visible desde hace meses. De acuerdo con el secretario de Obras de la capital, autoridades han entregado varias de las 40 obras de infraestructura previstas, con una inversión cercana a los US$ 10 millones.
En la Ciudad de México, los alrededores del Estadio Azteca, rebautizado como Estadio Banorte para el torneo, han cambiado rápidamente. Uno de los puntos clave es el puente peatonal de Huipulco, acceso principal para los asistentes, que forma parte de este paquete de obras de movilidad.
Las cifras reflejan la magnitud de la intervención: más de 300 escalones construidos, más de 3.000 metros cuadrados rehabilitados, además de nuevas banquetas, áreas verdes y espacios públicos.
Para las autoridades, el Mundial ha sido un catalizador.
“Recibir el Mundial para nosotros fue un acelerador de obras”, dijo la jefa de Gobierno, Clara Brugada.
Además, el CETRAM Huipulco, un importante nodo de transporte en el sur de la ciudad, fue completamente remodelado, incorporando torniquetes modernos y sistemas de accesibilidad para personas con discapacidad visual. Cada día, alrededor de 50.000 usuarios transitan por este punto.
También se estrenó la ciclovía más larga de la ciudad, con 34 kilómetros, que cruza cinco alcaldías.
A un mes del Mundial, las ciudades sede en México avanzan a contrarreloj en una transformación urbana que busca recibir a millones de aficionados. Pero, mientras autoridades destacan mejoras en movilidad e infraestructura, no todos celebran la transformación.
La jefa de Gobierno de la CDMX, Clara Brugada, anunció que el 2026 será el año del reordenamiento del comercio informal y planteó como meta retirar a 4.500 comerciantes de la vía pública.
“Esa es la gran tarea que le toca a la Secretaría de Gobierno, porque todos sabemos que no es nada sencillo”, dijo el 27 de enero. También resaltó que el Mundial es un “acelerador” de obras.
Con las nuevas regulaciones, la venta de comida en la vía pública ha sido restringida. Ahora, muchos comerciantes solo pueden operar desde sus domicilios.
“No sé qué vamos a hacer los comerciantes… no va a haber nada de puestos”, lamenta Patricia Carrillo, vecina de Santa Úrsula Coapa.
Como alternativa, autoridades han propuesto reubicar a parte de los vendedores en un nuevo mercado público en la zona. Sin embargo, este espacio aún se encuentra en construcción, lo que deja a muchos comerciantes en un limbo, sin claridad sobre cuándo podrán instalarse ni bajo qué condiciones operarán.
Para algunos vendedores, el objetivo es claro: mejorar la infraestructura y la imagen urbana de cara al evento. Pero también implica cambiar una dinámica económica y social profundamente arraigada.
“Todo se lo quiere llevar la FIFA con los precios excesivamente caros”, dice Jairo, aludiendo al contraste entre la oferta informal y los costos dentro de los recintos.
Para muchos trabajadores, la modernización implica una pérdida directa de ingresos y visibilidad, en una ciudad que se transforma rápidamente, pero donde no todos encuentran espacio en el nuevo orden urbano.
Las obras rumbo al Mundial 2026 están redefiniendo el panorama urbano en México. Para algunos, representan una oportunidad única de inversión y modernización que difícilmente habría llegado en otras circunstancias.
“Son obras que, si no fuera por el Mundial, a lo mejor ni siquiera las hubieran hecho”, reconoce un usuario de transporte público. Pero mientras México renueva su cara para recibir al mundo, para algunos, el costo se mide día a día en sus ingresos.
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