2026-06-05 15:01:41 - MUNDO
“Es importante pensar en los peores escenarios y prepararse para ellos. El mundo será más caótico de lo que imaginas”. Nassim Taleb
Hace algunos meses, había un relativo consenso en los mercados financieros globales sobre el ciclo de relajamiento monetario en Estados Unidos, con una trayectoria de reducción de la tasa de referencia del Banco de la Reserva Federal. Ello anticipaba, a su vez, una menor presión sobre las economías emergentes, al abaratar el costo del capital y alentar flujos hacia activos de mayor riesgo (como los instrumentos de deuda de economías emergentes y los activos financieros del mercado accionario).
Actualmente, ese escenario no es ya el base; hoy se prevé una Reserva Federal en modo de espera indefinida, con la tasa de fondos federales entre 3.25% y 3.75%, y sin señales claras y creíbles de recortes próximos. Incluso, para algunos analistas ya existe la posibilidad de un ajuste al alza de la tasa de interés en EUA si la inflación no cede.
Este cambio de perspectiva ya está descontado por los grandes grupos financieros globales. J.P. Morgan anticipa que la Fed mantendrá las tasas sin cambios durante 2026 y que el siguiente movimiento podría ser un incremento de 25 puntos base en 2027. El presidente ejecutivo de JPMorgan Chase ha sido explícito al señalar que los factores inflacionarios estructurales (entre ellos la guerra en Irán, la remilitarización global, las necesidades de infraestructura y los déficits fiscales de Estados Unidos) siguen vigentes y no deben subestimarse.
Goldman Sachs ha revisado su pronóstico de recortes y ahora prevé que el primero sea en diciembre de 2026 y el siguiente, en marzo de 2027. El soporte de esta visión radica en que la inflación permanecerá cerca del 3% este año, muy por encima del objetivo del 2% de la Fed.
En términos conductuales, la teoría del anclaje explica por qué los mercados tardaron tanto en deshacerse de la expectativa de recortes: cuando esa narrativa de recortes quedó internalizada, generalmente todos los datos adversos se interpretaron como ruido transitorio y no como una señal estructural de cambio. Ahora que el ajuste de expectativas se ha producido, la nueva visión de tasas altas por más tiempo genera su propio conjunto de distorsiones en las decisiones de inversión, consumo y endeudamiento.
El conflicto en Medio Oriente añade una dimensión que la política monetaria convencional no logra captar plenamente. Goldman Sachs ha caracterizado el impacto del conflicto como un choque inflacionario de oferta impulsado por los precios de la energía, que no responde a los mecanismos de demanda que el banco central puede comprimir directamente al ser exógenos. La Fed enfrenta, para algunos, el dilema que algunos llaman stagflation-lite: datos de actividad que no se deterioran lo suficientemente rápido como para justificar un recorte, pero las presiones de precios tampoco envían señales de urgencia para provocar un incremento.
La vinculación entre la política monetaria de Banxico y la de la Reserva Federal (en algunos periodos más sincronizada que en otros) no es formal, pero sí estructural. Bajo criterios convencionales, cuando la Fed pausa, Banxico no tiene plena libertad para recortar, porque hacerlo por debajo de cierto umbral del spread entre las tasas de ambos países puede generar presiones sobre el tipo de cambio y alimentar la inflación importada. Sí bien por ahora la debilidad del dólar ha permitido mantener un peso apreciado.
En su primera reunión de 2026, después de doce recortes consecutivos Banco de México decidió por unanimidad mantener su tasa en 7%, siguiendo la señal de la Fed. El diferencial de tasas de 325 puntos base entre la tasa objetivo de Banxico y de la Fed representa el margen que la Junta de Gobierno parecía considerar necesario para sostener la credibilidad antiinflacionaria y preservar la estabilidad cambiaria.
En mayo, Banxico completó su ciclo de recortes al reducir la tasa a 6.50%, tras acumular 450 puntos base de recortes desde marzo de 2024. La Junta de Gobierno señaló que este nivel es congruente con el panorama inflacionario actual y que, hacia adelante, mantendrá la tasa en ese nivel. Dos de los subgobernadores votaron en contra, prefiriendo una postura más cautelosa. Eso refleja exactamente la tensión entre el mandato de llevar la inflación al 3% y la presión de una economía que apenas crece.
Las implicaciones financieras para México son múltiples. En el mercado de deuda, un entorno de tasas altas en Estados Unidos durante un período más prolongado eleva el costo de oportunidad de invertir en bonos mexicanos denominados en pesos, lo que puede presionar al alza las tasas de largo plazo en México, independientemente de lo que haga Banxico en el corto plazo. Para las empresas con deuda en dólares o con costos indexados a tasas internacionales, el escenario de tasas altas por más tiempo implica una presión sobre los estados financieros que ya no puede atribuirse a un fenómeno transitorio.
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