Atravesamos una crisis que paraliza el cuerpo y aletarga el alma. Es la angustia atragantada de quien, trabajando con honestidad, no logra proporcionar a sus hijos ni siquiera lo básico. Hoy, la Argentina es una pesadilla de ingresos paupérrimos y dignidad herida. En los ojos de nuestros seres queridos solo habita la tristeza, mientras el salvaje ajuste económico desgarra el tejido social y alimenta una inseguridad que nos acecha en cada esquina. Somos una sociedad desesperanzada donde el esfuerzo ya no garantiza el futuro, sino que apenas financia una supervivencia indigna.