¡Por fin se te dio gitano!

2016-04-08 10:39:19 - SOCIEDAD

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Cansado de tirar el gancho sin mayores recompensas que un sábalo triste que no servía ni para carnada, o un pequeño bagrecito que no daba ni para freírlo para cenar con la "vieja", nuestro amigo José “el gitano” Ortíz tuvo su tarde gloriosa en El Quebrachal.


Un tanto desanimado por sus pobres actuaciones como pescador de fuste, aceptó a las "cansadas", ir a pescar con los amigos del San Antonio, populosa barriada de Joaquín V. González, y  lugar donde reside nuestro pintoresco personaje.

Es importante destacar, que además de sus pocas dotes de pescador, los changos ya lo venían “gastando” desde hace tiempo de manera disimulada, pero con una infaltable dosis de malicia irritante, que le ponían las crinas de punta al mentado gitano.

Mientras preparaban los "bártulos" para rumbear para el río, no faltó un "taimadito" que le tiró con picardía: “he gitano, ¿vas a sacar un dorado hoy?"

Ni un segundo demoró la primera carcajada ¿de quién?, de su amigo Sebastián Soruco. Y bastó otro segundo más para que los otros en coro (y haciendo fuerzas con el estómago y las gargantas para que resuene más la burla), desplegaran estruendosamente risotadas. El gitano, que por su aspecto físico parece más un alemán que un lugareño, empezó a sentir que su rostro pasaba de rosado a rojo intenso y disparó: “changos, ustedes jodan nomás pero yo hoy voy a sacar un dorado”. Bueno, esto fue motivo de una repetición de carcajadas más estruendosas que las anteriores.

Ya instalados en el lugar indicado, el gitano tiraba la línea a la par que tiraba también, una linda plegaria a la Virgen de Huachana para que le cumpla el deseo. Nada pasaba. Algunos bagres que no eran para tirar cohetes, representaban un consuelo insuficiente para los anhelos del malogrado pescador en cuestión.

Después de todo ¿qué le hacía suponer a él que podía sacar un dorado, si apenas sabía armar la caña y con la ayuda de otro?

Ya se hacía de noche y las esperanzas iniciales se iban lentamente con el paso de las horas. Pero… y aunque usted no lo crea... la caña se arqueó de una manera notable y fue tan fuerte el sacundón del pez, que mandó al agua al desprevenido pescador.

Con la ayuda de los changos y del inseparable Soruco, el gitano se dio el gusto de sacar su tan preciada pieza, fruto del Juramento.

Terminó magullado pero feliz, y agradeciendo a la Virgen que... ¡El milagro sucedió!

¡Por fin se te dio gitano!