Tía Beba

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Tía Beba
Tía Beba

Un 4 de Abril, sábado de gloria de 1942. Palermo de Anta. Una amiga de su madre Doña Petrona, tal vez la esposa del jefe de correos del lugar dijo al verla nacer: ¡Nació en manto! Y parece una muñequita de carey.

Elena Exter Londero le puso como nombre su padre, Don Ángel Santos Londero, un tano bueniiiito y de mirada  dulce, dirían años más tarde Ruly y Nena, los sobrinos preferidos de la Beba, los hijos de su hermana Gladi, la que nacería después,  la más pequeña, la del año 44 y que al final fue su última compañera.-

Su padre, Don Ángel, fue un azote para cada cuatrero o ilegal que merodeaba en Anta por aquellos años un policía rudo y correcto al que no lo convencían ni las coimas ni las amenazas. Ese mismo tano buenito o rudo fue el que la tomó en sus brazos con la dulzura que ninguno de los ilegales pudo jamás siquiera imaginar.

La Beba fue una malcriada de su tata, dirían tías, primas y madrina, Doña Margarita, la que solía decir: “Mas malcriada del tata es la Gladi, ésa y el Guricho no tienen arreglo, la Bebita en cambio es toda una señorita, toda una princesa”.

Criada en la ciudad con la mejor educación, rodeada de los lujos que su madrina no escatimaba en brindarle. La preferida de la Petro, la preferida de su hermana Chochi, que también en las épocas de estudio vivía con Margarita, la madrina de Beba y de Gladi.

Los mejores colegios de Salta, estudió inglés desde los 3 años, se recibió de docente a los 17, ejerciendo en la escuela Pedro B. Palacios, pero su escuela amada en Las Margaritas fue la última que escuchó su voz potente y clara impartiendo educación en los menores. Por aquel entonces las maestras se jubilaban en provincia y luego en Nación, la escuela de Las Margaritas era además “zona desfavorable” y tuvo muy joven una feliz jubilación de la primaria. Pero continuó trabajando en su otro cargo: la cátedra de inglés en la única escuela secundaria que por entonces había en Joaquín V. González.

Inquieta, emprendedora, siempre buscándole el lado alegre de la vida, discutidora política, mitad artista, mitad religiosa, a veces renegona hasta de lo que ella misma creía y tal vez por eso, en su cuestionar constante de teorías o de esquemas sociales, sabía encontrarle el sabor a la buena vida y brindarse solidariamente a los que la necesitaban y sabían valorarla.

Poroto, el amor de su vida, la amó con esos amores que todos queremos que nos toque alguna vez, casi veneración tenía por ella. Por eso después de casarse, siguió siendo la malcriada de alguien, esta vez de su gran amor.

Con él se hicieron padres de Mariela y Ricardo y como madre solo hizo lo que le enseñaron: malcriar a sus hijos. Dar la vida por ellos. Y como no, si después de quedar sola por la partida tan temprana de su amado Poroto, esos hijos adorados le darían la felicidad completa del amor de sus nietos, con los que conoció el amor incondicional. Ellos, todos sus nietos, no sabrán jamás de otro amor más entero que el de Bebita, su abuela mama, su reina, su luz, su guía en el camino de la vida. Luján, Facundo, Ricardito, Lautaro, Aníbal y Valentina, los nenes de su hija Mariela, y el pequeñín Ricardo Jesús, el nene de su hijo Ricardo, que vino a llenarla de felicidad en sus últimos años…

Sí que deja una historia con muchas historias para contar. Las vidas de seres tan plenos como Beba, son imposibles de resumirlas en una página, en una columna.

Solo decir que fue admirada, respetada, valorada, amada y obviamente nunca podrá ser olvidada

La Beba… Mi tía Beba… Pido perdón a Alejandra (hija de Chochi), a Manolo y Patricia (Hijos de Guricho) que son los otros sobrinos de la Tía Beba, pero es verdad, o al menos así lo viví yo: Ruly (mi chango, le decía) y yo (M´hija) fuimos sus sobrinos preferidos.

“No te pondré nunca un 10 aunque tu examen esté perfecto, porque sos M´hija, mi sobrina, y porque si sabés inglés para 10, yo quiero que sepas para 20” eso me dijo un día cuando yo, cuestionadora como ella, le reclamé que en mi prueba de inglés no había ningún error y ella me puso un 9. Lo que ella veía como estímulo al mérito, para mí era una injusticia total. A ella le importaba el mérito, a mí la justicia. Y esas diferencias marcaron muchas otras que nos diferenciaban ideológicamente, pero aunque renegaba conmigo por no pensar como ella, se sentía tremendamente orgullosa de su sobrina, de “M´hija”, como siempre me decía.

Te vi triste por el pesar de tu enfermedad. El día de la madre fui a darte en la frente el último beso. Y volví a Salta imaginando que eras tan fuerte que saldrías de esta también, pero no fue así, decidiste partir. Volví a despedirte. Y tal y como te recibieron al nacer, me vino a los labios una expresión curiosa sin saber yo aquella historia de tu nacimiento y cuando te vi dormida para siempre le dije a mi madre cuya mirada triste me era insoportable: “Qué bonita está. Parece una muñequita de porcelana”.

Y mamá me contó que la Petro les contaba aquella historia.

Tía Beba…Te vamos a extrañar… 

ESCRITO POR LA ESCRIBANA GLADIS "NENA" CÓRDOBA para Zona Sur Salta

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