Honra y dignidad por la misión cumplida

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Honra y dignidad por la misión cumplida
Honra y dignidad por la misión cumplida

Decimos que todos los caminos conducen a Roma, cuando queremos demostrar que hay muchas maneras de llegar a un mismo objetivo. Y esto tiene mucho que ver con la historia de Emiliano Páez, un joven de 34 años que en 2008 ingresó a la Escuela Naval (Buenos Aires).

Actualmente es Cabo Principal especializado en informática. Estuvo en el Hospital Naval Militar hasta partir en comisión a la Antártida.En estos momentos Emiliano se encuentra en la Base Antártica Conjunta Orcadas del Sur.

La Base Antártica Conjunta Orcadas, ubicada en la isla Laurie en el archipiélago homónimo, recibió la primera operación en el lugar del Rompehielos ARA ‘Almirante Irizar’ (RHAI).

El traslado de la carga y pasajeros entre el rompehielos y la base se efectuó con medios navales (botes semirrígidos PUMAR).

En relación con el personal, desembarcaron en Orcadas personal militar que integrará la dotación 2022 y personal científico perteneciente a la Dirección Nacional del Antártico que integrará la Campaña Antártica de Verano.

Finalizadas las primeras tareas en Orcadas, el RHAI tomó rápidamente rumbo sur hacia la Base Belgrano II, la más austral que posee la Argentina en el sector.

La Campaña Antártica de Verano se encuentra bajo control operacional del Comando Conjunto Antártico, dependiente del Estado Mayor Conjunto de las Fuerza Armadas, y su objetivo es realizar todas las acciones de abastecimiento de las 13 bases argentinas, entre permanentes y transitorias, y el apoyo logístico a las actividades científicas que desarrolla el país en la Antártida.

En diálogo con ZONA SUR SALTA, Emiliano manifestó que su preferencia por la marina es indestructible: “la verdad estoy aquí por vocación, y estoy fascinado con la especialidad que me tocó que es la rama de la informática. Siempre quise realizar una de estas campañas, más que nada para conocer. Y por suerte pude venir ejerciendo y aplicando los conocimientos adquiridos”.

Sobre las particularidades del lugar nos dijo: “hace poco que estoy pero ya noté que se le da mucha importancia al cuidado del agua, ya que por más que tengamos un pozo de donde extraerla, sabemos que es para llenar los tanques de las dos casas que se encuentran en la base. El clima no permite dejar mangueras ni cañerías afuera porque se congelan. Es por eso que se realiza una guardia para controlar que los tanques estén con agua. Lo mismo pasa con el tema del reciclaje. Es decir, de los diferentes desechos que se generan. Separamos el plástico del papel, lo metálico y el vidrio, y cada uno tiene un tratamiento especial”.

Sobre la convivencia del grupo Emiliano relató: “por suerte tenemos momentos de recreación y eso hace que el compañerismo se incremente en el grupo que está por quedarse todo un año en la base. Se comparten las vivencias de otras fuerzas (áreas, ejército y marina) como de los civiles (biólogos, guarda parques, y personal técnico de la DNA: Dirección Nacional de la Antártida)”, concluyó.

Al principio de esta nota yo hice alusión a la Honra y Dignidad por la Misión Cumplida. En parte el título se desprende del valioso logro alcanzado por Emiliano, pero también por la génesis maravillosa de una auténtica vivencia familiar. Y esto inicia en un propósito que partió del amor y la osadía de una pareja, que anhelaba edificar una familia. Y cuando un altruista deseo como este se materializa, realmente es más fácil que lo bueno suceda.
Los padres de Emiliano son auténticos, honestos y prodigiosos también. Y su unión o coincidencia en la vida los llevaron a emprender el desafío de conformar una familia, y entregar lo mejor de cada uno para hacer hijos probos. Naturalmente, ellos poseen diferentes matices entre sí, pero todos son buenos hijos unidos, íntegros e inteligentes.

La familia está compuesta por: “Emilio Ernesto Páez (69) y Marina Elizabeth Vargas (61) comparten en sus 41 años de casados, este preciado recorrido por la vida, que ya le regaló 4 hijos: Gisela (40), Ivana (39), Emiliano (34) Ricardo (32) y también 6 hermosos nietos, que le dan esa renovación imprescindible que los impulsa a seguir más impetuosos y convencidos de desandar los pasos que aún corresponden transitar.

Con 8 años de novios y 41 de casados, son actores protagónicos de una película mágica, que los regocija, pero que también (como todo en algún momento de la vida), tuvo algún que otro sinsabor.

Y nosotros quisimos ahondar un poco más sobre esta historia, y hablamos con Gisela, que es la mayor de los hermanos. Sobre su familia indicó: “mis padres son el pilar fundamental de este hermoso hogar. Aunque la vida no fue en principio fácil para ellos, ya que 2 veces tuvieron que empezar de cero. Ya habiendo nacido nosotros, de tener todo pasamos a no tener nada. Pero ellos siempre nos demostraron que con estudio y trabajo todo se puede, y que si la familia está unida, desde luego que será invencible”.

Gisela también se refirió a sus hermanos: “cuando Emiliano y Ricardo ingresaron a la Armada Argentina, comprendimos que ellos estaban consiguiendo un gran logro. Porque en verdad, esta es una oportunidad única que les garantiza estudio y bienestar seguro”.

LA HISTORIA DE EMILIANO CON LA ARMADA ARGENTINA

Todo inicia en el 2007 cuando se entera que Ricardo (su hermano menor), había decidido entrar a la Armada dado a que la familia no podía sostener a otro miembro en la universidad. Eran tiempos difíciles, y mientras cursaba su carrera en Ingeniería Química, las barreras económicas de la época le hicieron repensar sobre su continuidad universitaria. Cierto día junto a su padre, acompañó a Ricardo a la inscripción para ingresar a la Armada, y en plena fila algo le decía que se tenían que ir juntos. Que esa era la mejor opción. Sorprendido el papá de tan repentina decisión, fue a la Base y los inscribió a los dos.

Logró pasar las pruebas iniciales entrando a la Armada en el 2008, consiguiendo el escalafón Informática, especialidad que lo encaminó y forjó durante toda la carrera militar.  En el 2009 egresó con el grado de Cabo Segundo Informático, siendo su primer destino el Servicio de Hidrografía Naval donde trabajó, no solo para la Armada, sino también para el Ministerio de Defensa. Es ahí donde Emiliano conoció el otro mundo de la informática y como esta iba a ser la carrera del futuro. Apasionado por el mundo de la tecnología y con su vocación por la Armada, logró formar con ambas cosas una carrera excepcional. Aprendiendo de los mejores programadores del Ministerio de Defensa, comenzó a adentrarse en el mundo de las redes de comunicación finalizando con éxito el curso CISCO donde lo catapultaron a ingresar a la Universidad de Palermo, único lugar donde se dicta la carrera de Licenciatura en Redes y Comunicación.

Ya con su formación en auge, la Armada aprovechó sus conocimientos para mandarlo a su nuevo destino: el Hospital Naval Pedro Mayo, nosocomio de alta complejidad ubicado en el corazón de Capital Federal. Durante años Emiliano (ya con la jerarquía de Cabo Primero), junto con sus subordinados, lograron actualizar y reestructurar las comunicaciones tanto telefónicas como informáticas. Instalaron nuevos programas para la atención de pacientes, reemplazaron aparatos tecnológicos por más modernos, entre otras cosas. Toda su formación como militar informático le permitió no solo escalar más en  jerarquías, sino también lograr una buena puntuación en sus fojas. Así fue como la Armada lo seleccionó para ser miembro del contingente rumbo a la Antártida con la jerarquía de CABO PRINCIPAL sumado a sus dos años de preparación en la universidad.

Hoy Emiliano no solo cumplió con uno de sus objetivos, sino que sigue empapándose de conocimientos. Sintiéndose un privilegiado, ya que los seleccionados compartirán una experiencia única en el mundo, dado que pocos tienen la oportunidad de ir al continente blanco a seguir instruyéndose en lo que más le gusta. Siempre la meta de él fue estar a la par de la tecnología y de las comunicaciones, pero sobre todo, de mejorar los lugares donde les toca desempeñarse.

Creemos que la vida de Emiliano, como así también la de su familia, representa una gran motivación y orgullo para Joaquín V. González, el departamento de Anta y toda la provincia de Salta.

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