“La verdadera felicidad consiste en hacer el bien"

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“La verdadera felicidad consiste en hacer el bien"
“La verdadera felicidad consiste en hacer el bien"

Aristóteles, filósofo peripatético dijo que “La verdadera felicidad consiste en hacer el bien, necesitamos a los otros para disfrutar de una existencia plena”. El filósofo griego habló en vida de la felicidad y dio las claves de cómo entiende este sentimiento o estado del ser y estar.

Estamos en un momento muy particular de la historia, con la filosofía ciertamente proscrita de los debates públicos, de las aulas, pero los datos demuestran que la gente busca cómo pensaron nuestros antecesores sobre cuestiones que han marcado a la humanidad y nos remueven por dentro. La felicidad es una de ellas, o qué entendemos por felicidad, que se entiende, un concepto difuso.

Aristóteles reflexionó sobre el tema, el secreto de alcanzarla. Está considerado uno de los padres de la filosofía occidental y como tal, el griego marcó la pauta y sentó las bases para la fundamentación teórica de la tan buscada felicidad qué bonito nombre tienes. Esto es lo que dijo y creyó. 

Vivió hace siglos, pero está más vigente que nunca. Quizá nunca es decir demasiado, pero lo cierto es que Aristóteles está de plena actualidad. Fue filósofo, científico y discípulo del maestro Platón. Está considerado junto a este uno de los máximos exponentes de lo que después sería la filosofía occidental que rige nuestros días y su influencia en la historia intelectual a este lado del mundo es incuestionable y se ha mantenido durante milenios.

Entre sus grandes logros, Aristóteles fue fundador de la Escuela peripatética (muy presente, la escuela y el concepto, en la serie Merlí, por cierto, los peripatéticos). Fue un hombre de ciencia que no dejó de lado las grandes cuestiones que afligen a la humanidad, como de qué se trata la tan buscada felicidad, cómo se alcanza, cómo se obtiene. Para él, la fuente primigenia del conocimiento es la experiencia y el ser humano es una combinación de cuerpo y alma en su naturaleza racional. A partir de esa alianza es que las personas somos capaces de, por un lado, ejercer la razón y desarrollar la virtud, esta última propia del alma.

Alcanzar el bienestar depende de ambas cuestiones. Aristóteles defendió que las virtudes éticas se materializan gracias a ponerlas en práctica. Es decir, a partir del hábito de acudir a ellas y desplegarlas. El filósofo defendió que los seres humanos somos seres colectivos, sociales y vivimos por naturaleza en comunidad, los Estados, que se erige como un sistema cuyo objetivo final no es otro que el de preservar la felicidad de sus ciudadanos.

Los planteamientos de Aristóteles, fundador de la Escuela peripatética de filosofía y discípulo de Platón
Vivió hace siglos, pero está más vigente que nunca. Quizá nunca es decir demasiado, pero lo cierto es que Aristóteles está de plena actualidad. Fue filósofo, científico y discípulo del maestro Platón. Está considerado junto a este uno de los máximos exponentes de lo que después sería la filosofía occidental que rige nuestros días y su influencia en la historia intelectual a este lado del mundo es incuestionable y se ha mantenido durante milenios.

La felicidad como fin último, según Aristóteles: necesitamos a los otros como seres sociales

Adentrándonos de forma más profunda en la concepción de felicidad de Aristóteles, el filósofo griego defendió que la verdadera felicidad consiste en hacer el bien. Pero, claro, ahí viene la duda: ¿qué es hacer el bien para él? qué era... Se trata de ser virtuoso. De acuerdo con el discípulo de Platón que poco tuvo que ver con él en sus argumentaciones y planteamientos, el fin último que buscan a lo largo de su vida las personas es la felicidad y esa felicidad consiste en apostar por una vida intelectual y contemplativa profunda. El fin es el bien, esto es, la sabiduría del hombre, lo más divino que existe en nosotros.

"El bien supremo es la felicidad (eudaimonía) y la felicidad humana es la sabiduría", defendió a ultranza el filósofo de la Escuela de Atenas. Y, claro está, como seres que por naturaleza nos configuramos en comunidad, no hay duda que necesitamos a los otros para gozar de una existencia plena. "Siendo este mismo (el intelecto) divino o la parte más divina que hay en nosotros, su actividad de acuerdo con la propia será la felicidad perfecta. Y esta actividad es contemplativa, como ya hemos dicho", se recoge en la obra 'Ética nicomaquea' atribuida a Aristóteles.


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