La erosión del principio de representación

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La erosión del principio de representación
La erosión del principio de representación

Lamentablemente muchos de aquellos que han sido elegidos por voto popular, y que se suben el sueldo o manejan los dineros de los Agrupamientos Políticos (AP) que se otorgan principalmente a través de financiamiento público y privado, no han logrado empatizar con aquellas personas que le otorgaron su confianza a través del voto, para ser debidamente representados, y que no llegan ni a cubrir sus necesidades básicas.


Cuando uno habla de empatizar, se refiere a ponerse en el lugar del otro, comprender sus emociones y compartir sus sentimientos, facilitando conexiones auténticas y relaciones más profundas. No implica necesariamente estar de acuerdo, sino mostrar sensibilidad y respeto hacia las experiencias ajenas. Esta es una de las mayores crisis de legitimidad que atraviesa la política contemporánea: la brecha entre la realidad vivida por la clase dirigente y la realidad sufrida por la ciudadanía.

Lo que describo no es solo una diferencia económica es una ruptura del contrato social. Cuando quienes tienen el poder de decidir sobre los recursos públicos priorizan sus propios beneficios mientras imponen sacrificios a los sectores más vulnerables, se produce una disonancia que destruye la confianza.

Para analizar este fenómeno desde una perspectiva crítica y periodística, podemos desglosarlo en estos puntos clave:

El voto es un acto de delegación de confianza. Cuando un representante utiliza su poder para beneficiarse a sí mismo en un contexto de crisis, el vínculo de representación se quiebra. Esto genera lo que en ciencia política se llama "distanciamiento de las élites", donde el funcionario deja de verse a sí mismo como un servidor público y pasa a actuar como un miembro de una casta privilegiada protegida por la estructura estatal.

La asimetría del ajuste

El punto que señalas sobre los "ajustes" es el más doloroso. Existe una diferencia ética fundamental en cómo se gestiona el gasto público:

•El ajuste "desde arriba": Suele ser opaco, autogestionado y, en muchos casos, implica incrementos salariales automáticos o "gastos de representación" que el ciudadano no puede auditar con facilidad.

•El ajuste "desde abajo": Es directo, se siente en el bolsillo, afecta la alimentación, la salud y la educación. Cuando el esfuerzo no es equitativo, la percepción de injusticia se vuelve un motor de desafección democrática.

¿Cómo reconstruir la confianza?

La desconfianza no es solo un sentimiento es una respuesta lógica ante la falta de integridad. Para que la confianza vuelva a ser posible, no bastan las promesas de campaña se requieren mecanismos de control vinculante:

1.Transparencia Radical: El acceso a los recibos de sueldo, dietas y gastos de los funcionarios debe ser inmediato, abierto y comprensible para cualquier ciudadano.

2.Sincronización de sueldos: Implementar políticas donde los aumentos de la clase política estén atados a indicadores de bienestar social o al salario mínimo vital y móvil, evitando que la brecha se ensanche de manera exponencial.

3.Auditoría Ciudadana: Crear observatorios o consejos ciudadanos con poder real para revisar el gasto público y vetar partidas presupuestarias que se consideren injustas o inmorales.

La crisis de la representación política

El hecho de que los ciudadanos perciban que el sistema funciona para beneficio propio de los funcionarios, y no para el bien común, es el caldo de cultivo para el desinterés político y el surgimiento de discursos antisistema. La democracia no sobrevive solo con urnas sobrevive si el ciudadano siente que su sacrificio es compartido y que su representante entiende su realidad.

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