Chiara, Gabriela, María Eugenia, Laura, Daiana, Abril, Lola, Noelia, Prisilla, Melina, Rosa del Valle, Agustina, Elizabeth, Tamara, Paola, Suhene, Nicole, Serena, Cynthia, ¿Katherine? Aún no sabemos. ¿El tuyo, el mío? Hoy no es nuestro turno y seguramente nunca lo sea, pero hay miles. A simple lectura son nombres que se convirtieron en públicos mientras duró la noticia y que quedaron en espacios íntimos donde los más cercanos las siguen llorando.
Nombres que se traducen en una lista, para algunos son casos, para otros son cifras: 277 en el año 2014, para mí son mujeres, como vos, como yo, como tu hija, tu madre, tu nieta, tu hermana, tu sobrina, tu amiga, tu tía, tu vecina, tu conocida, o para los más indiferentes una más
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¿Qué es el femicidio? ¿El sistema patriarcal es solo cosa de hombres?
No fue hasta hace poco que cuando un hombre mataba a una mujer se aludía a crimen pasional con preguntas tales como ¿algo habrá hecho?, ¿la mujer lo hizo enojar?, reduciendo la cuestión a una relación de sujeto/hombre y objeto/mujer. El concepto Femicidio fue desarrollado en Estados Unidos por Carol Orlock, en 1974, y utilizado, en 1976, por Diana Russell ante el Tribunal Internacional de los Crímenes contra las Mujeres en Bruselas, nombrando de esta manera a la forma más extrema de violencia hacia las mujeres y niñas. La antropóloga Marcela Lagarde reformula el término proveniente del inglés femicide e introduce el vocablo feminicido, haciendo referencia también al asesinato misógino de mujeres cometido por hombres. Es llamativo que la Real Academia Española recién incorpora el término a fines de 2014.
Morir en manos de un hombre que considera a una mujer de su propiedad se ha tornado en la noticia de cada día y lo considero una catástrofe nacional, pues cada casi 30 horas se firma un acta de defunción, generando una serie de traumas colectivos: niños huérfanos afectados de por vida emocional, afectiva e intelectualmente padres que lloran a sus hijas, la mayoría de las mujeres en edad productiva, y dependiendo el tratamiento que se haga del tema se legitima un estilo de vínculo en el que se profesa amor desde el control, el maltrato y se asesina en nombre del amor.
En todas las historias con finales horrorosos, el factor común es un hombre que no acepta que no se cumpla su voluntad, pues la mujer es una cosa, es parte de un sistema jerárquico con valores arbitrarios que la disminuye, arrasa su autoestima situándola en una condición de objeto que actúa y cumple con los caprichos y deseos ajenos. El patriarcado arraigado, y aún vigente, se sostiene por hombres y también por mujeres que abonan ese sistema de creencias.
Baja autoestima, culpa, miedo, cosificación, dependencia emocional, roles asumidos y reforzados en los que el hombre es fuerte y la mujer es débil, chistes descalificantes o machistas, son conductas y estados aceptados desgraciadamente con naturalidad.
Los Femicidas son la resultante de un sistema patriarcal que debemos cuestionar y modificar con urgencia. Wanda Taddei murió silenciada por el fuego tras situaciones que desencadenaron el trágico final gritos, golpes, desprecio, descalificación, maltrato, control, son las acciones previas y comunes en todas las historias. Conozco ciento de mujeres que viven este calvario, donde cada día redactan un acta de defunción simbólica y concreta el femicidio es una epidemia, una catástrofe nacional, un nombre de mujer que abre las venas y desangra a toda la sociedad.
Femicidios: ni una menos
Este es un artículo escrito por Guillermina Rizzo para La Nueva, en dónde nos muestra cómo surge y se desarrolla el Femicidio como epidemia. Una catástrofe nacional, en donde siempre hay un nombre de mujer que abre las venas y desangra a toda la sociedad.