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La corrupción nos limita la vida (opinión)

2016-04-08 07:36:06 - FIESTAS PATRONALES

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Las casas, los autos, los viajes, el lujo, las mujeres bonitas y la buena vida, son el común denominador de quienes se enriquecen en la función pública a costa de los ciudadanos que trabajan honradamente. Pasa en las grandes ciudades y en la humilde Santiago del Estero. Siempre fue así, en mayor o menor medida, pero ahora surgen tres ingredientes que superan el poder de asombro. (Fuente: El Liberal)


El primero es el creciente porcentaje de la corrupción que se eleva a niveles insostenibles para el normal funcionamiento del Estado; el segundo, la tan descarada ostentación de los bienes y el lujo adquirido irregularmente; y el tercero, el hecho de que todo ello se haga cuando el país alcanza los más altos niveles de pobreza.

 
Hay que tener en claro que la corrupción es como un impuesto, imposible de evadir, que paga toda la sociedad. Claro que la recaudación va directamente a los bolsillos de los funcionarios y sus amigos. Entonces cuanto más alto es el impuesto, menos posibilidades tiene el Estado de funcionar adecuadamente y la sociedad que los paga, menos dinero dispone para invertir en actividades productivas.
Así entramos en un círculo vicioso de mayor impuesto corrupto, menor actividad económica productiva y mayor pobreza que hoy alcanza al 40% de la población según la Iglesia. De ello deberán rendir cuentas el ex intendente Julio Alegre, funcionarios cómplices, testaferros y amigos beneficiados, que hoy la justicia los acusa de lo que la sociedad sospechaba hace mucho tiempo.
Obviamente se excedieron en la fiesta lujuriosa y obscena que disfrutaron y pretendían disfrutar hasta el hartazgo, con una desconsideración tal que contrasta abiertamente con las miles de caritas pobres que deambulan por las calles de la rebautizada ciudad: “Gestión Alegre”.
Mercedes Benz, cuatriciclos, viajes carísimos, propiedades por doquier, empresas fantasmas, mujeres de plata fácil y valijas que serían la envidia de Antonini Wilson, no pueden ser justificados solamente por una pequeña defraudación con cheques de bajo importe en una dirección de Obras Públicas.
Es evidente que estamos ante una fiesta mucho más grande y onerosa que sólo puede ser financiada por un presupuesto tan importante como lo es el de obras y servicios públicos en la Municipalidad de Santiago del Estero. Un sentirse impune avaló a Alegre para actuar creyendo que nunca nada le pasaría. Así es el poder cuando la plata viene fácil, nadie piensa en que se corre el riesgo de quedarse sin él y terminar con las manos esposadas.
Sin embargo, un día la justicia actuó y como no se recuerda en Santiago del Estero, un funcionario de alto rango debe renunciar a su cargo y ser detenido por corrupción. Alegre se confió en la fiesta Kirchnerista que todos los días estalla en un nuevo escándalo. Empezando por la pareja presidencial que no puede justificar el crecimiento de su acaudalado patrimonio.
En efecto, la noticia del inexplicable incremento de la fortuna de los Kirchner, que pasaron de declarar 17.824.941 pesos a 46.036.711 en el transcurso de un año, y que desde el 2002 hasta hoy multiplicaron su riqueza en un 2000 por ciento, dio la vuelta al mundo. Pero a ningún juez, ni fiscal, le llamó la suficiente atención como para ponerse a investigar.
El secretario general de la CGT, Hugo Moyano, por un lado y los “gordos” por el otro, se pelean en los medios de comunicación por los fondos de las obras sociales, unos 3.000 millones anuales que aportan los trabajadores y les proporcionan fortunas incalculables a sus dirigentes. Acumulan más de treinta años en el poder y ostentan el dinero mal habido, pero la justicia todavía no se enteró.
Otro tanto pasa con los intendentes del conurbano bonaerense con reelección indefinida y descarado manejo de los fondos públicos, más visible durante las elecciones, a los que la justicia parece no registrarlos.
El vergonzoso debate televisivo entre el presidente de la Asociación de Magistrados, Ricardo Recondo y la diputada nacional Diana Conti, integrantes del Consejo de la Magistratura, discutiendo sobre si los funcionarios políticos o los jueces se llevan los laureles de la corrupción, marcan a las claras sobre cómo estamos.
Se esperaba un debate sobre el decoro, la austeridad, la independencia de criterio, la buena fe, la prudencia, la responsabilidad institucional, la lealtad, la dignidad y transparencia, entre otras cosas. Se escuchó sólo el enrostramiento barato de un debate callejero, que desnuda las cualidades de quienes representan a la justicia y a los poderes del Estado.
La plata va y viene de los bolsillos privados, es algo normal y a lo que estamos acostumbrados. Se enriquece y se empobrecen muchas personas todos los días, pero son ellos y sus familias las que sufren o disfrutan.
Muy distinto es cuando la plata va y viene del Estado. Allí se enriquecen los funcionarios y sus amigos a costa de toda la sociedad y fundamentalmente de los más pobres.
Así mientras los intendentes del conurbano se llenan los bolsillos “el 28 por ciento de los niños bonaerenses de menos de dos años está mal nutrido. De ese total, el 15% presentó una talla menor de la considerada normal para su edad, mientras que el 13% restante padece exceso de peso”, según indica un estudio realizado por el Programa Materno Infantil del Ministerio de Salud de Buenos Aires.
Ser más pequeño o más gordo en ese tramo de la vida indica que la nutrición falla, ya sea porque faltan elementos nutritivos esenciales o porque comen mal. El porcentaje de mal nutridos “aceptable” es del 2,3%.
Cuando se despilfarran los fondos públicos brota la corrupción, de eso se trata. La fiesta de los funcionarios corruptos la terminan pagando los pobres que no pueden acceder a la salud y la educación necesarias para tener igualdad de oportunidades para alcanzar una vida digna.

 


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