2016-04-08 11:48:51 - FIESTAS PATRONALES
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trabajadores
Artículo 14. Todos los habitantes de la Nación gozan de los siguientes derechos conforme a las leyes que reglamenten su ejercicio; a saber: de trabajar y ejercer toda industria lícita; de navegar y comerciar; de peticionar a las autoridades; de entrar, permanecer, transitar y salir del territorio argentino; de publicar sus ideas por la prensa sin censura previa
Artículo 14 bis. El trabajo en sus diversas formas gozará de la protección de las leyes, las que asegurarán al trabajador: condiciones dignas y equitativas de labor; jornada limitada; descanso y vacaciones pagados; retribución justa; salario mínimo vital móvil; igual remuneración por igual tarea
Así es como reza nuestra Constitución Nacional, es éste el modo que los convencionales constituyentes de 1853 eligieron para que el derecho natural más preciado por la humanidad pueda ser accesible a los hombres y mujeres de la República.
Qué lejos quedaron en el tiempo los deseos de héroes que soñaron con una sociedad justa, por convicción tanto como por acción, y qué lejos estamos hoy los argentinos de comprometernos y luchar por nuestros ideales, o al menos como excusa, por las generaciones que vendrán, nuestras propias familias.
En la actualidad, y sobre todo en el año electoral más importante de los últimos siete años, salen a flote las bajezas más despreciables de individuos sin escrúpulos establecidos en la mayoría de los gobiernos. Golpean tan bajo como su moral en las poblaciones más humildes, y lo hacen a través de un mecanismo que a la postre intentarán explicar como el fin que justifica los medios. Estos personajes aprovechan la enorme necesidad social, y así corrupta como su conciencia, corrompen el corazón de quienes menos recursos tienen, empujándolos a una contaminación ética que después dirige sus decisiones en la vida.
El accionar delictivo de estos gobernantes consiste en ofrecer pensiones para discapacitados a cambio de votos el día de las elecciones. Es indignante escuchar constantemente casos de personas sin limitaciones físicas que recurren a profesionales de la salud a solicitarles falsear certificados de enfermedades o discapacidades para obtener ilegalmente una pensión que bien podría beneficiar a quienes realmente lo necesiten.
Todos sabemos que esto sucede, y miramos hacia otro lado. Todos sabemos que los envían desde oficinas estatales para conseguir tan valioso papel.
Es decir, ya no les basta con utilizar las denominadas tarjetas sociales, el bolsón, los planes sociales, y los empleados ñoquis, ahora van por más, existe una degeneración de la clase política que manipula comunidades enteras en pos de su perpetuidad en el poder. A las amenazas de la quita de planes, bolsones y tarjetas, ahora se suman las promesas de las pensiones.
Existe mucha gente que necesita de la protección y asistencia del Estado, eso es indudable, y no sólo del Estado, también de la solidaridad del resto de la sociedad. Pero hay mucha gente que no la necesita, y sin embargo por comodidad y corrupción, la prefiere.
Estamos frente a un delito también moral, porque asistimos como espectadores, a una tétrica escena donde los gobernantes están destruyendo la cultura del trabajo. La están aniquilando a través de la creación de vagos, que actualmente es lo rentable y está de moda ya que cuando un ser humano no tiene trabajo, no tiene libertad porque no es libre de elegir, de decidir, y se presenta vulnerable a las imposiciones.
Esto demuestra que hay quienes hablan de democracia o de justicia social y no respetan en absoluto la Constitución Nacional, reclaman equidad, y no tienen autoridad moral para hacerlo porque están matando gran parte de la clase trabajadora.
Para peor, lamentablemente tenemos una Presidenta afirmando en los medios que la pobreza es estructural, y eso es tan ridículo y conveniente para ella, al no reconocer que el único problema estructural en la Argentina es la Corrupción, instalada en su gobierno y en casi toda la República. La pobreza y la riqueza son casi una resultante de gobiernos corruptos, empresarios corruptos y de un pueblo sin vocación de cambio profundo, arriado la mayoría de las veces por punteros que operan para el poder político de turno.
Sin corrupción y con verdadera vocación de servicio de los gobernantes habría más trabajo genuino, los nuevos asalariados tendrían libertad de elección, y de esa manera la nación se encaminaría a ser verdaderamente democrática.
Quizás, la clave se encuentre en nosotros mismos, y en nuestra propia honestidad humana.
FEDERICO MAIGUA
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