Memoria

2016-04-08 11:48:51 - FIESTAS PATRONALES

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Fue un otoño noche, tenso, cuando la obra macabra encontró su escena en un país violento, con pintadas de estrellas cinco puntas, una junta sedienta de poder ilícito, el sabor militante de un socialismo traicionado, la demencia López de un “brujo” Rega, y el ardid oculto de una Iglesia cómplice y derecha, Rural.
Hoy es Memoria amarillenta pero no caduca, para destacar el hecho de reconocer, muchas son las deudas internas que la República carga en su pesada cruz. Y durante siete años de terror, muchos también los argentinos que se vieron en la obligación y el deber patrio de sostenerla, a veces sin pensarlo y sin poder creerlo. Personas involucradas en un poderoso sentimiento de justicia verdadera, ponderada por la defensa intransigente de sus ideales, sólo comparada con el amor a un hijo.
Redes humanas que formaron sinergia invisible, romántica, pura, admirable por las agallas libertadoras de quienes tienen el poder íntegro de expresar su opinión, que en muchos casos les costó la vida misma, o su desaparición fantasma, hijos de madres, nietos de abuelas, caminantes de plazas del quinto mes, y también todo el año.
Treinta y cuatro marzos más tarde, aún está latente en el corazón de una nación, el homenaje a los luchadores de la libertad, que sacrificaron su respiración, por un fin tan noble como justo, frente a un monstruoso aparato represor, de autos falcon, de masacres mudas, de ojos vendados, y de torturas castrenses. Sangre que no regresa, que no vuelve sino en vida, en justicia, y en ideal.
El recuerdo de esa barbarie fachista, es por nuestra patria celeste y blanca, por la Verdad, y un eterno Nunca Más.


Por Federico Maigua.



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