El sábado 25 de agosto 2018 aproximadamente a las 19.30 horas, Adolfo Aramayo (pastor del Templo Filadelfia), se trasladaba por avenida Rivadavia en su motocicleta Gilera 200 cc, cuando un automóvil que venía por calle 1º de Mayo, de repente aceleró para acceder rápidamente a la avenida.
Según nos relató el religioso, él observó que el auto se iba acercando despacio a la avenida, pero no frenó por el contrario, de repente aceleró. Al observar que el choque era inevitable, el pastor cedió al golpe doblando su hombro derecho. Ahí fue que sintió el impacto y un fuerte ruido como que algo se le rompía. Da como tres vueltas hasta caer pero su cabeza no tocó el auto ni el pavimento  porque cayó con el hombro y la cabeza levantada y firme. En ese instante oró a Dios para que guardara su vida. Cuando golpeó el pavimento, se dio cuenta que no podía mover la pierna derecha. Después las placas radiográficas mostraron la rotura de tibia y peroné de su pierna derecha, aunque nos comentó que en ningún momento perdió el conocimiento. Gracias a Dios llevaba el casco puesto, y tenía los papeles de la moto y el seguro correspondiente.
Antes del accidente el pastor estaba guiando al auto del presbítero Wilson Cabrera que los visitaba por el aniversario Nº 16 del Templo Filadelfia, que tenían previsto celebrar el domingo 26 de agosto. Pero para ese sábado Cabrera había asumido el compromiso de visitar la iglesia ‘Ríos de Aguas Vivas’, donde lo esperaba el pastor Oscar Álvarez y su congregación, a las 20 horas en el barrio Juan Pablo II.
Adolfo Aramayo es un ser humano noble y agradecido, que siempre tiene una sonrisa generosa para ofrecerle a cualquiera que le dé la chance de hacerlo su amigo. O una palabra de aliento y hasta alguna ocurrencia graciosa para hacerlos reír. Yo siempre le digo que es el gran optimista de la vida. Tanto es así que fracturado tras del accidente, con todo ese dolor físico y tirado en el suelo, en lo único que reparaba con absoluta sorpresa, que todos los que pasaban por el lugar se detenían para ofrecerle su ayuda.
Eso denota su enorme calidad humana, que es de un valor incalculable para mí, y es lo que me hace ser un amigo orgulloso. Y aunque estos dos años de recuperación fueron agobiantes, logró vencer las adversidades y ya se encuentra completamente repuesto.
Pastor, la vida pone muchas veces a prueba el valor y la integridad de las personas dignas. Y cuando estos seres humanos confrontan al dolor, terminan demostrándonos que en realidad son mucho más fuertes de lo que ellos mismos piensan, y nos ayudan a entender que potencialmente todos llevamos dentro, a un valiente que crece ante las adversidades. Ahí es cuando nos aparece una fuerza interior que nos protege, nos ayuda y nos hace crecer como personas.
Por eso, estimado amigo Adolfo, es fundamental su ejemplo de perseverancia. Gracias por su integridad, traducida como honradez, honestidad, respeto por los demás y respeto por sí mismo. Que el Señor lo bendiga y le conceda siempre esa humildad.