Es justo también reconocer, que tienen mucho por corregir y que Joaquín V. González necesita contar con muchas obras de importancia relacionadas con el medio ambiente, viviendas, cloacas, entre otras. Pero lo que se hizo en el Complejo Deportivo, desde la cancha de fútbol hasta este Micro Estadio, es verdaderamente elogiable.
En esta parte de la obra hicieron remodelación y refuncionalización de baños y vestuarios, revoques de paredes externas y colocación de mosaicos en el piso, a medida del campo de juego del Micro Estadio, en una superficie de 604 metros cuadrados.
Además, se realizaron trabajos de pintura en la zona de tribunas, como también, construcción de piso en vestuarios y la colocación de luminarias LED. Esta primera etapa de la obra fue financiada por el gobierno de la Provincia con un monto de casi 8 millones de pesos, y tuvo un plazo de ejecución de 120 días.
Vivir para verloEn el año 1982 yo todavía era alumno de la escuela Pedro B. Palacios, y recuerdo que vivía en una de las casas del hospital Dr. Oscar H. Cosas, más exactamente en la vivienda que hoy ocupa el médico Jorge López. Mi padre por entonces, era el director del nosocomio local.
Yo tenía por costumbre pasar algunas horas en el Complejo Deportivo Municipal, practicando sin demasiada destreza, algún que otro deporte. Recuerdo que mi padre me había comprado un par de pantaloncitos cortos de tenista, 2 o 3 tubos de pelotas, y una raqueta Dunlop. Pasaba horas jugando en lo que hoy es la cancha de básquet.
Cierto mediodía llamó mi atención una multitud de hombres que se disponían a almorzar un exuberante costillar. Habían preparado algunos mesones como para 200 o 300 personas, debajo de la estructura metálica (techo del micro estadio), que no tenía tribunas, y el piso era de tierra. Lo más notorio era el movimiento que había alrededor de un hombre. De pronto me llamaron. Yo me acerqué y me preguntaron: “¿Conoces a este hombre?”, le respondí que no. A lo que inmediatamente me dijo: “es el futuro presidente de los argentinos”. Era Raúl Ricardo Alfonsín, quien me regaló un abrazo y en una servilleta de papel, me escribió un bonito mensaje.
La persona que me había acercado al líder radical fue ‘el negro’ Cury. 
De esta anécdota ya pasaron casi 39 años, y es lo primero que recordé cuando a través de la página de Facebook que tiene nuestro municipio, mostraban las imágenes de cómo va quedando el lugar. Por eso creo que nadie que haya nacido o se haya criado desde chico en esta ciudad, puede mostrarse indiferente ante esta obra. Lo que hasta hace algún tiempo se veía como un predio en total abandono, se transformó en un sitio agradable, donde los niños concurren a diario a realizar con entusiasmo sus prácticas deportivas.
Hay mucho por criticar, pero también es bueno tener memoria, y es noble reconocer cuando las cosas se hacen adecuadamente.