Esta democracia en la que vivimos, es hoy en día, más democracia teórica que práctica. La misma propone igualdad de oportunidades, educación gratuita y libre acceso social a las profesiones, pero la libertad que de verdad poseemos es mucho más libertad para los que disponen de más medios que para otros. Los otros, los pobres, los que nacieron humildes y condenados al fracaso, no tuvieron acceso a un sinnúmero de oportunidades.
Muchos individuos hablan de justicia social e injusticia social e incluso algunos utilizan esto para hacer política. Es así como se observa que cada persona tiene un concepto propio de justicia social, además que se valen de este término en el caso de la política, para hacer creer al pueblo que se lucha en favor de los más vulnerables (los pobres).
La injusticia social es cuando no todas las personas dentro de una sociedad tienen acceso equivalente a las instalaciones, servicios o sistemas dentro de esa sociedad.
¿Por qué sucede esto?
Esta situación puede ocurrir debido a dos razones principales:
1. La pobreza puede significar que las personas son marginadas y por lo tanto tienen menos oportunidad para influir sobre las decisiones que forman o dan forma a sus vidas.
2. Los sistemas políticos dentro de una sociedad pueden significar que algunas personas son menos dignamente tratadas que otras, por ejemplo debido a su identidad étnica, género o religión.
Al analizar más a fondo la situación, descubrimos que esta pobreza no es una etapa casual, sino el producto de situaciones y estructuras económicas, sociales y políticas, aunque haya también otras causas de la miseria. Estado interno de nuestros países que encuentra en muchos casos su origen y apoyo en mecanismos, que por encontrarse impregnados, no de un auténtico humanismo sino de materialismo, producen a nivel internacional, ricos cada vez más ricos a costa de pobres cada vez más pobres.
La economía de mercado libre, en su expresión más rígida, aún vigente como sistema en nuestro continente y legitimada por ciertas ideologías liberales, ha acreditado la distancia entre ricos y pobres por anteponer el capital al trabajo, lo económico a lo social. Grupos minoritarios nacionales, asociados a veces con intereses foráneos, se han aprovechado de las oportunidades que le abren estas viejas formas de libre mercado, para medrar en su provecho y a expensas de los intereses de los sectores populares mayoritarios.
Ser y tener
Otro párrafo aparte merece la sociedad consumista en la que estamos inmersos. Los valores de la sociedad de consumo, cotidianamente atentan contra la seguridad pública. El escritor  uruguayo Eduardo Galeano decía en una de sus notables participaciones mediáticas: &ldquoEstamos en plena cultura del envase en donde el contrato de matrimonio importa más que el amor, el funeral más que el muerto, la ropa más que el cuerpo y la misa más que Dios&rdquo.
Pareciera que ser es tener, o por lo menos eso es lo que nos venden desde los spot publicitarios que invaden nuestra cotidianeidad. Esto también alimenta de algún modo la discriminación y la injusticia.