Contagios

- EDITORIAL

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Contagios

Esta Editorial es un adelanto de nuestra edición impresa que aparecerá en la primera semana de mayo.

Hace algunos meses, no sin gran preocupación, el mundo era testigo del sufrimiento de gente infectada por el virus del ébola. Enfermedad esta de altísima mortalidad que toma su nombre del río homónimo del Zaire, actual República Democrática del Congo, donde se registró el primer caso hace casi 40 años.  

A raíz del contagio muchos perdieron la vida. Los menos se salvaron.  

La noticia ocupó las primeras planas de todos los diarios, noticiarios en radio y televisión y, como se acostumbra decir actualmente, “se viralizó” en internet. Pero como toda noticia fue perdiendo actualidad y se fue diluyendo.  

En estos días somos testigos de otro tipo de contagio. Pero que ya no requiere la asistencia de médicos, sino de sociólogos, cuando no de psicólogos, porque es llamativa la atracción que ejerce sobre el ciudadano de a pie la incursión en política del personaje adinerado. El incauto elige creer que “éste ya tiene, no necesita robar”.

Es así que brotan como hierba a su alrededor los amigos que parecieran alimentar la absurda esperanza de que adherir (se) les proveerá su misma prosperidad por contagio. Como si el dinero se pudiera conseguir por  ósmosis.
El pretexto es que si fue exitoso en su actividad particular, también lo será como administrador de la cosa pública.

Ya nada importa, ni si su fortuna es bien habida, ni que sea –vaya oxímoron- un prestigioso evasor que enriqueció a costa del Estado. El personaje que hasta su incursión en política no movió como empresario privado, ni un solo dedo para aliviar las penurias de quienes ahora dice defender, promete dedicarles su precioso tiempo.

Los que siempre apostamos por la democracia creemos más en la política, aunque hoy no tenga buena prensa en las entidades intermedias que intentan mejorar la calidad de vida de la gente, en las instituciones de la República, pero no en proyectos personales.

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