Está claro que es más fácil no hacerse cargo de la realidad, ocultar lo que sucede o mirar para otro lado. Pero hacer esto es algo insustancial que a la larga nos hace menos pleno.
Corremos el peligro de ver como normal lo que es inmoral, y a la mediocridad como objetivo obligado. Pareciera que ser honesto no garpa. Necesitamos una recomposición de los valores, y esta es una tarea educativa y pedagógica tan insustituible como urgente.
En nuestra  sociedad lamentablemente a veces se alaba a quienes obtienen algún beneficio haciendo trampas, coimeando o mintiendo sin vergüenza.
Como organización social debemos plantearnos terminar con el dominio de los corruptos, los violentos, los que se levantan pensando a quien van a joder ese día o eligen el camino de ser “transa”.
Sinceramente no podemos permitir que el árbol nos tape el bosque y pensar que somos el centro del universo. Detrás de esa mirada parcial del contexto, hay personas que merecen ser tenidas en cuenta de verdad.
Estamos necesitando abonar ideales nobles que nos permitan aspirar a la vida en plenitud para cada familia, cada sociedad, cada pueblo.
No nos conformemos, y exijamos  a nuestros representantes, que de una vez por todas gobiernen para su pueblo.