Matar, robar, nos hace inmorales. Kant propone la natural predisposición a la moralidad, como un incentivo insuperable. Pero hay fragilidad, impureza y malignidad. Esto filosóficamente. Biológica y químicamente, las teorías de la genética conductual proponen que la predisposición al mal es genética, pero dependiendo del entorno, de modelos y de qué tan fuerte es la sujeción a la ley moral. Es decir el individuo incurrirá en actos calificados de malvados o en actos generalmente morales dependiendo de la fortaleza de su vínculo a la ley moral, de qué tan fuerte sea el “superego”, diría Freud, quien lo definió como la sede la conciencia moral, de la censura, el lugar en donde operan el aprendizaje social y los valores aprendidos.
¿Qué hace que personajes que parecían diferentes se conviertan en transgresores de la ley moral y de la ley positiva? ¿Qué se convierten en modelo de cinismo, desparpajo y arrogancia inmoral?
No hay perfección en el ser humano. Transitamos trasgrediendo, algunos unas veces, algunos muchas veces… Pero, existe la vergüenza, la conciencia sobre la bondad o maldad de lo que hacemos y la intención de reparación. Algunos condicionados por sus referentes religiosos. Otros por lo que cósmicamente, intrínsecamente, asumen como lo correcto.
Difícil concluir que hay sociedades más morales que otras. Alguna referencia se puede tomar de las mediciones de percepción del nivel de corrupción que existe y la predisposición a tolerarla. Quizá este último es el elemento más importante. Si aceptamos la tesis de la tendencia natural a la moralidad, la existencia de la fragilidad, de la impureza y la malignidad habrá en todas las sociedades. Pero, habrá sociedades que las toleren y por eso promueven o las que no lo toleran y que han instrumentado recursos legales para proscribir la corrupción del que mata, del que roba, del que agrede a la dignidad humana.
En política, los electores aprenden. Convierten en comportamiento lo que ven. Lo convierten en cultura. Los inmorales son los modelos. Los cínicos y transgresores de la ley moral se tomaron el escenario. Y veo modorra de los que tratamos de vivir decentemente para desalojar a estas lacras. Esa es la peor derrota política.